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viernes, 22 de noviembre de 2019

Belén nació con un matriarcado



San Antonio de Aburrá, cuna del desarrollo del Occidente de Medellín

Belén nació con un matriarcado
20 de Agosto de 2006


La llegada de don Fernando de Toro y Zapata, su posterior matrimonio con doña María García Ordaz de Figueroa y el nacimiento de su hija, Ana María Toro y Zapata, marcaron el inicio del desarrollo de Otrabanda, concretamente en el sector que hoy se conoce como Belén, donde tuvieron lugares importantes hechos de la historia de la Villa de Medellín.

Hugo Bustillo Naranjo
Especial para EL MUNDO
Tomado de: https://www.elmundo.com/portal/resultados/detalles/?idx=28558

Don Fernando de Toro y Zapata, encomendero, y quien ejerció en la Provincia de Antioquia como Alcalde Ordinario, Contador Real, Tesorero de la Real Hacienda, Alguacil Mayor, Sargento Mayor, Teniente de Gobernador y Capitán de Infantería; se hace cargo de las encomiendas de Alonso de Rodas, cuando éste hace dejación de ellas en manos del gobernador don Manuel Velásquez de Atienza. Los títulos de confirmación sobre las mismas, le son reconocidos en la Ciudad Madre, en abril 3 de 1636.

Don Fernando, quien nació en Nuestra Señora de los Remedios en 1595, ocupa entonces la estancia, su hacienda de campo y ganadería, del Valle de Aburrá, perteneciente a la mencionada encomienda, y que pasaría a llamarse el Sitio del Guayabal por la cantidad de arbustos que con guayabas de todos los tamaños, colores, olores y sabores, existían en esta sabana y ancón de los indios aburráes y yamecíes.

De su unión con la noble dama, descendiente de españoles, doña María García de Ordaz y Figueroa, nace su única y legítima hija Ana María, que heredaría no una sino tres encomiendas (además las de Melchor Márquez y Bartolomé de la Rúa), cuando fallece el ilustre Capitán Toro y Zapata, a mediados de 1653, quien también tuvo como hijo natural y reconocido al clérigo don Jacinto de Toro.

Doña Ana María Toro-Zapata y Ordaz-Figueroa asume el control de las posesiones de la mano de su hijo-dalgo esposo, el español natural de Albacete, don Antonio Zapata Gómez de Múnera.

Ellos, en la ciudad de Antioquia, habían recibido la bendición nupcial en los primeros años de la década de 1640. Don Antonio, probando su linaje, nobleza y su carrera militar en la Armada Española, ocuparía los cargos de Capitán de Infantería, Capitán de Caballos Corazas, Alcalde Ordinario, Alguacil Mayor, Regidor y Maese de Campo General de la Gobernación de Antioquia.

El desarrollo del sector que se conoció también como Otrabanda (por tratarse del otro territorio que dividía el río Aburrá) se le adeuda a estos emprendedores esposos. El ibérico, un enamorado de la minería, pues como buen español seguiría a pié de letra el consejo del Almirante Cristóbal Colón, quien afirmaba que el oro era un metal tan precioso que “hasta almas llevaba al cielo”; descubrió en compañía de su suegro, en los valles de San Nicolás, los Osos, Ovejas y en los distritos de Piedras Blancas, Tierradentro y Guarne, sendas minas que explotó hasta su muerte y que dejó de herencia a sus quince descendientes.

Días de terror

En junio 1647, en honor a San Antonio de Padua, inauguran la primera capilla del hoy Belén, la cual es llamada, igual que al territorio de la encomienda, San Antonio de Aburrá. Allí, a partir del siguiente año, bautizan su numerosa descendencia los esposos Zapata-Toro, empezando con su primogénita, a quien su tío-abuelo, el cura doctrinero y propietario de la iglesia de Ciudad de Antioquia, vicario y juez eclesiástico y de diezmos, Comisario y Calificador de la Suprema y General Inquisición, doctor Lorenzo Cortés de Ordaz y Figueroa, la nombra como Marina Gertrudis. En sus dos hijas siguientes, la Matrona, dividiría su nombre y las hace llamar Ana y María. El décimo integrante de la familia recibe el bautizo como Antonio, perpetuando el nombre del padre. Otros (as) fueron llamados como sus abuelos (as) paternos y maternos. En la misma iglesia es llorado, cantado y rezado, don Antonio, cuando fallece, en noviembre 29 de 1672.

Doña Ana María, al empezar su viudez, se transforma en el poder y el terror de aquella extensión, que nacía en el límite con la quebrada doña María en Itagüí, abrazando los cerros, lomas y montañas, que se vislumbran hacia el occidente y que besaba los matorrales y helechales de Hatoviejo, en los terrenos cuarteados de la quebrada la Madera, terminando en la caricia compartida por sus dos afluentes, a norte y sur, con el río de los Aburrás.

Su tenebroso matriarcado lo ejerció a punta de látigo, torturas, sentencias de muerte y ejecuciones, dando con ellas principio a la pena capital, en su latifundio, que impartía su esclavo, el mulato Luis Romero, verdugo oficial.

Esta práctica se extendería hasta 1905 en Belén, cuando Eleuterio Ospina fue ejecutado en el cadalso del parque de Patuca. Al final de esta década se pondría fin a la pena de muerte en Colombia. Desde mediados del siglo XVII y hasta el principio del siglo XVIII, doña Ana María fue la máxima autoridad, dueña, ama y señora, de aquel latifundio y cuya su influencia se extendía al más alto nivel económico, político, religioso, educativo y judicial, respaldada por los cargos que regentaban y detentaban sus hijos y yernos.

Doña Ana María llegó a poseer la más grande cantidad de esclavos, indígenas, mulatos, mestizos y hasta blancos empobrecidos, bajo sus dominios, en virtud de su encomienda la más vasta y poderosa en la historia del Valle de Aburrá. Esta, unida a las dos anteriores, tenía a su cargo los indios llamados Peques, Béjicos, Guaracúes, Aburrás o Aburráes, Yamecíes, Nutabaes o Nutabes, Ciritabaes, Omagaes, Niquíes, Brutos de la Loma de la Fragua y agregados al pueblo de San Antonio de Buriticá y los de la Sabanalarga.

Los negros bozales, o sea los nacidos y capturados en Africa, (Sudán, Congo y Angola) eran sus más preciados trofeos traídos desde Cartagena de Indias. Se consideraban piezas exclusivas de minería llevadas de un lado para otro según las necesidades. Ana María, era la principal abanderada en ese proceso de transculturación, donde se les obligaba a aprender la lengua castellana, a perder la maternal y a adoptar el cristianismo. Por esto también sintió en carne propia las revueltas y fugas cimarronas que darían origen a sus palenques, o fortalezas militares, en el Valle de Aburrá.

El primero de ellos se levantó en el bosque y humedal del Ñeque, en la colina que cobija al Rincón de Belén, donde fieramente opusieron resistencia a la aniquilación física y social los ex-esclavizados, además de retomar sus elementos culturales. Otro se localizó en La Floresta a la altura del sector del Coco. En Robledo despuntó otro ejemplar. Todavía los buses de éste barrio exhiben el distintivo de Palenque-Robledal, ojalá, en su recuerdo. Cerca de la quebrada Santa Helena, en la ahora Media Luna, florecería uno más…

El primer cementerio

Debido a las enfermedades que siempre rondaron entre sus subordinados, como la fiebre tifoidea, la disentería, la enteritis, la diarrea, el beriberi, el tétanos infantil o varillas, el paludismo y (para la época) la incurable viruela, doña Ana María se sintió en la obligación de hacer construir un panteón especial para enterrar a sus esclavos menguados por éstas y contrarrestar en parte las epidemias; sepultándolos en un sitio apartado de su capilla principal.

En el tiempo de la Colonia, los muertos eran enterrados en las iglesias o en recintos contiguos a ellas. Era una costumbre tomada del cristianismo medieval, donde se creía que la proximidad al sitio sagrado, garantizaba al difunto la salvación de su alma. Las familias más adineradas pagaban a perpetuidad su cercanía al altar, donde tendrían el derecho de asiento y sepultura y con toda seguridad su camino al cielo.

Sólo a finales del siglo XVIII, las reformas borbónicas trajeron al Nuevo Reino de Granada nuevas ideas que propugnaban por la salud pública. En los templos, la proximidad entre los vivos y los muertos era contagiosa y contaminante. Los olores fétidos que exhalaban los cadáveres a causa de su inhumación, eran fuente de numerosas enfermedades. El rey Carlos IV, en la Cédula Real de 1804, insistió en la erección de camposantos fuera de los poblados y adjuntó los planos para sus construcciones.

Ana María Toro y Zapata-Ordaz y Figueroa, se adelantó al futuro y levantó sobre el costado derecho, en el ángulo que hoy forman la quebrada Altavista con la carrera 76, hasta la calle 26 y por ésta hasta la carrera 77 hasta empalmar nuevamente con el riachuelo, el cementerio que después se le conocería como de San Luis Gonzaga. Hablamos del primer camposanto que tiene vida propia y separada de los comunes en las iglesias, en el Valle de Aburrá. Este tiene duración hasta el final del siglo XVIII. La Patrona fallece en su hacienda el 12 de noviembre de 1702. Pasado algún tiempo sus descendientes emprenden las reformas que cambiarían la vida cotidiana que se respiraba en San Antonio de Aburrá como después veremos…

miércoles, 19 de diciembre de 2018

El rastro de Nuestra Señora de Belén

El rastro de Nuestra Señora de Belén 
27 de Agosto de 2006 Periódico EL MUNDO

HUGO BUSTILLO NARANJO hachebustillo@hotmail.com
Tomado de: https://www.elmundo.com/portal/pagina.general.impresion.php?idx=29219

El rasgo de lo religioso y lo místico confluyen en este sector de la ciudad 

 El barrio Belén es de los más tradicionales de Medellín, el hilo de su historia nos guía hasta cientos de años atrás, cuando la ciudad era apenas una pequeña provincia.  Desde la provincia española de Burgos, a mediados del siglo XVIII, arriban a Santa Fé de Antioquia, después de una larga travesía por el Mar de los Sargazos, doña Tomasa García de la Sierra y sus familiares. Entre sus pertenencias reportan una, que es milagrosa, única e invaluable. Es un lienzo perteneciente a la Escuela Sevillana del siglo XVI, donde aparece la pintura de la Santísima Virgen María, acompañada del Niño Jesús y San José, en el Portal de Belén.

 En la Ciudad Madre, buscan el permiso eclesiástico, por todos los medios, para construirle una capilla al celestial cuadro llamado en su terruño Retablo de Nuestra Señora de Belén. Después de un largo tiempo y de agotar todos los recursos religiosos existentes, su petición es denegada. Doña Tomasa y su familia, conocen por referencias que algunas familias españolas viven en la parte más occidental del Valle de Aburrá; en el Cantón de Otrabanda. Deciden entonces ubicar su nueva casa habitación en aquel lejano poblado que empezaba a germinar. Su prioridad era localizar el lugar adecuado y seguro donde depositar el sagrado óleo. 

Con el fallecimiento de doña Ana María Toro-Zapata y Ordaz-Figueroa, en noviembre 12 de 1702, a la edad de 90 años, la vida cotidiana en el Sitio de Otrabanda paulatinamente cambió en todos sus aspectos. Sus descendientes impulsaron la llegada de nuevos colonos, vendieron terrenos y compartieron la creación de un nuevo y mejor planeado asentamiento urbano… Los García de la Sierra encuentran a la familia Pérez quienes, de su propio pecunio, habían levantado una segunda capilla, en las márgenes de la quebrada la Picacha, pero ésta en honor a San Juan de Dios. (El templo estaría situado muy cerca donde hoy se encuentra la iglesia del Santo Cura de Ars, en los Alpes). A partir de 1757, y cuando se le nombra como viceparroquia, Nuestra Señora de Belén encuentra su nuevo refugio. Con el fehaciente respaldo de los fieles católicos asentados en el lugar; se le rinde culto entre el fervor de sus nuevos devotos que demandan con ruegos sus divinos favores. 

Cuenta la tradición oral, que la quebrada en una de sus impetuosas crecientes, arrasó con la gran mayoría de enseres, imágenes y objetos religiosos de la visitada capilla y esparció sus restos hasta el mismo punto donde se encuentra la iglesia actual. Del cuadro bendito nada se volvió a saber. Pasado algún tiempo, una humilde señora, a quien conocían como Merceditas y que se dedicaba al lavado de ropa, a orillas de la Picacha, encontró sobre la parte más alta de su enmalezada ribera, enrollado, el sacro lienzo reintegrándolo a la capilla Por este suceso también se le conoció como Nuestra Señora de las Aguas, pero esta advocación nace en el año de 1600 en Sevilla, España y en Colombia con la construcción de la Ermita del mismo nombre a partir de 1657, en Bogotá. A partir de entonces se suscitan las grandes romerías en torno a la imagen milagrosa de la Virgen de Belén. Romero era el nombre que antiguamente se daba a los peregrinos que se dirigían a Roma. 

Flujos humanos 

Desde 1762 el caserío respiraba otra cotidianidad debido a su rápida mutación. Los flujos humanos buscaban modificar sus nuevas formas de sociabilidad. Aparecen con éstos la gran ola migratoria externa al igual que desde los otros costados colindantes del valle. El territorio colonizado requería de una nueva identidad que refrendara su independencia religiosa, económica y jurídica. 

En 1808 cuando ejercía don Miguel Velásquez como alcalde de Otrabanda, se inician los trámites para buscar la erección parroquial. Después de innumerables comunicaciones entre las autoridades civiles y eclesiásticas que involucraron hasta el Obispado de Popayán de donde dependía la Parroquia de la Candelaria, y de ésta, la viceparroquia, el vicario superintendente, Lucio de Villa, en marzo 7 de 1814 erige la nueva parroquia. Erigió provisionalmente la capilla de San Juan de Dios, con la condición que los feligreses edificaran una nueva iglesia “con la decencia y capacidad necesaria” nombrando como Patrona Titular del nuevo curato a Nuestra Señora de Belén. La ratificación eclesiástica la efectúo el Obispo Jiménez de Enciso, en diciembre 22 de 1818, donde en su aparte final anotaba: “damos por elegido el nuevo curato de Otrabanda, desmembrado de la Parroquia de Medellín”. 

Por intercesión del Arzobispo de Medellín, Tulio Botero Salazar, Su Santidad Paulo VI, en documento pontificio fechado el 19 de diciembre de 1963, le otorga los derechos de coronación a Nuestra Señora de Belén. Dicha imagen es coronada, con diadema de oro, el 15 de agosto de 1964 y declarada Patrona de los Arquitectos y las Facultades. Esta fecha se toma como la del cumpleaños de Aburrá de los Yamecíes, otro de los olvidados nombres de Belén, que en su lengua maternal significa “La Casa del Pan”. 

¡Salve Regina! 

Con toda seguridad el tiempo mejor esperado por la feligresía eran las fiestas patronales. 

Cada sector de Belén tenía la responsabilidad y bajo su cargo la novena diaria. El último día el turno le tocaba al barrio Tenche donde quedaba el matadero municipal. Este en unión de la Concordia y el Lucero preparaba la mejor parranda-religiosa, en la historia, de la banda occidental del Valle de Aburrá. Todas las ofrendas, las viandas, el licor y la pólvora, corrían por cuenta de los ganaderos, carniceros, comisionistas, matarifes, transportadores de ganado y de helecho, arrieros y peones. Al principio las fiestas se celebraban en enero.

 Cuando se coronó la imagen pasaron la festividad al mes de agosto, como aún se celebra, empezando el día siete. 
Desde la víspera algunas reses, cerdos y gallinas, habían pasado a mejor vida. Estas viandas se entregaban a las expertas cocineras del sector, que empezaban aliñando las carnes, que pasarían luego a pailas y ollas de gran calibre, para rematar en el esperado convite callejero. Morcillas, chorizos, empanadas, chunchurrías, orejas sudadas, hígados fritos, chicharrones y tamales. Los sancochos, mondogos, consomés con menudencias y los fríjoles eran los invitados de honor. De las patas chamuscadas de las reses salían, como por arte de magia, los manjares convertidos en jalea negra y blanca. 

Por las manos de Amalia Pérez y de las hermanas Angel, Lucila y Josefina, pasaba toda la supervisión culinaria de esta carnestolenda. La última a quien cariñosamente llamaban Cefa, la eligieron por siempre como la más hembra de Tenche. 

Media legua 

Joaquín Villegas, quien era el dueño de las más famosa casita de placer, llamada Media Legua, ubicada pasando el Puente de la Concordia y llamada así porque esa era la distancia exacta que existía de allí al centro de Medellín. En ella daba vía libre a sus patojas, esos dos felices días para ellas. Joaco, cerraba su negocio, encargaba y llevaba flores de todos los colores para adornar el altar y el nicho de su Patrona. 

Sobre las cinco de la tarde salía la procesión, con el Santo Rosario de por medio, por la calle del tranvía, la calle Céspedes, que al paso con la hoy carrera 65, se le unían los devotos de los barrios Fundadores y Antioquia, por el costado izquierdo. Por el derecho el embrión del barrio Nutibara, unido a Manjurio y Quebraditas. (Estos, con la llegada de la Patrona de Portugal, pasarían a llamarse barrio Fátima). De los voladores de luces y tres tacos, se encargaba Nelson Parra, ayudado por sus yernos, que explotaban cuando venía el canto de gloria al Padre… Cuando terminaba el rezo, la banda de música que dirigía Samuelito Perdomo, entonaba los aires musicales del momento. En la plaza, después llamado parque, se encontraban los demás barrios, para recibir unidos en la iglesia las bendiciones que entregaba el Arzobispo en la misa concelebrada y cantada que ofrecía. Sobre las ocho de la noche, cuando terminaba el oficio religioso, una gran mayoría bajaba rauda las doce cuadras que los separaban desde el templo, para compartir el final de su añorada y festiva solemnidad. 

Cuando se traslada el matadero municipal al Coliseo de Ferias, Aurelio Mejía, la Salve de los Matarifes continúa en la memoria del cerro de doña Marcela de la Parra, en el recuerdo cotidiano de Belén, en las fisuras de sus calles y en la cúpula de su templo. Por ello Monseñor Javier Tobón Lopera, párroco de Belén, confirma su obra apostólica, como cabeza visible de su grey, venerando a la Soberana de Belén.

miércoles, 30 de julio de 2014

HISTORIA DE BELÉN

HISTORIA

RESEÑA HISTÓRICA DE BELÉN

Hablar de la historia de Belén, implica necesariamente hablar de la historia de Medellín desde la llegada de los españoles al  Valle de Aburrá, pasando por el proceso de poblamiento, crecimiento y desarrollo de su territorio que fue conduciendo hacia la división territorial hasta llegar a la que actualmente existe, dentro de la que Belén adquiere la categoría de Comuna 16 del municipio de Medellín.

“El Vallé de Aburrá estaba habitado por grupos indígenas que hacían parte de una misma familia lingüística, aunque se distribuían a lo largo y ancho del valle en pequeños grupos… el valle era denominado por los nativos como Aburrá, al que se accedía desde el Alto de Barcino al sur del valle, utilizando un camino empedrado que comunicaba el Aburrá de los Yamesíes, con los poblados indígenas de la cuenca del Sinifaná, hoy del suroccidente de Antioquia, conocidos como los municipios de Heliconia, Armenia Mantequilla, Ebéjico y la región del Cauca”.

El Plan de Desarrollo Local de la Comuna 16, Belén, Fase II2 presenta una reseña histórica de dicho territorio, la cual se retoma para contextualizar momentos claves en el desarrollo de la Comuna 16. El citado documento expresa que:
“En la historia de la ciudad de Medellín por esa época de 1.541, Belén se denominó Aburrá de los Yamesíes, nombre de la tribu que lo poblaba. A la vez que fue el sector por donde entró al valle del Aburrá don Jerónimo Luís Tejelo.

En los archivos históricos siempre se refieren a “la Otra Banda”, (Otrabanda) u orilla del río, respecto de la banda donde está el observador, esto se debe a que desde la fundación del Poblado de San Lorenzo en su auto de resguardo, el Oidor de la Real Audiencia y Visitador de Antioquia don Francisco Herrera Campuzano, dijo que se hiciera “en la otra banda” es decir en la margen oriental del río. Ya en el año de 1616 lo que hoy es Belén, se convirtió en una encomienda indígena llamada Otrabanda de Aburrá”.
Al respecto, el historiador Roberto Luís Jaramillo Velásquez menciona que en un primer período, esta encomienda…
“funcionaba como una especie de centro económico, en donde los diferentes grupos indígenas llegaban para pagar su tributo a la corona española. Llegada la mitad del Siglo XVII empieza un segundo período caracterizado por la decadencia, debido a las luchas por las tierras que empiezan a ser vistas como fuente de gran importancia y valor para el desarrollo de la agricultura y la ganadería; por lo cual se tiene que trasladar la encomienda. Estas actividades (agricultura y ganadería) se mantuvieron de forma exclusiva y continua hasta las primeras décadas del siglo XX, cuando La Otrabanda se integra físicamente a la ciudad con la construcción de obras civiles que permitieron el fácil cruce del río”.
Hacia finales del siglo XVII, se incrementa el proceso de poblamiento en el sector de Otrabanda, sobre todo a orillas de las quebradas, en mejores condiciones para la agricultura y ganadería, por su cercanía a recursos naturales necesarios para la vida. Al respecto, el historiador Roberto Luís Jaramillo Velásquez, en su obra La Sede de Otra Banda5 afirma que:
“por los finales del Siglo XVII y después de erigido el sitio de Aná como nueva villa de Medellín, tenían necesidad los vecinos de unos ejidos o terrenos comunales que, por estar cercanos al rio, eran pantanosos; al frente, en la parte occidental – y rio de por medio-, había una llanura con pocos desniveles, bien regada, verde y apetecida por los labradores y dueños de hatillos: era La Otra Banda, en la que se habían formado muchas pequeñas propiedades, casi todas cercanas a las quebradas del Mal Paso, La Corcovada, La Puerta, La Iguanacita (hoy, La Gómez), La Iguaná, El Salado, El Gueso (hoy, La Hueso), La Ana Díaz, La Matea, La Picacha o Aguas Frías, La AltaVista, La Guayabala, La Doña María, y otras menores. Algunos se atrevieron a levantar casa y estancia en las vegas y orillas del rio, por ser terrenos bajos, inundables y húmedos”.

Con el transcurrir del tiempo, el crecimiento demográfico del sector de Otrabanda crea para la Iglesia Católica –en su labor pastoral– la necesidad de precisar la jurisdicción de las parroquias que iban surgiendo. Se trataba sobre todo de definir los límites y jurisdicción de las parroquias de La Candelaria y Otrabanda. En 1814 en el gobierno de la primera República de Antioquia y después de 16 años de insistencia se erige el nuevo curato de “Belén de Otrabanda” con enorme jurisdicción en casi toda la antigua Otrabanda y en 1.830 se le dio el nombre actual: Belén. En la delimitación histórica de la Otrabanda se dice que en 1817 el cura de la Candelaria, José Salvador Tirado, solicitó que el otro lado del río quedase de Belén, modificando los límites así: “Del desemboque de la quebrada La Madera al río, este arriba hasta el desemboque de Doña María (quebrada) y de aquí hasta los antiguos límites del curato de Medellín” .Luego, añade que los límites de Otrabanda “Se situaba entre los de Envigado (por el lado de Itagüí) y el del Hato Viejo, por El Pedregal; y subía desde el rio Medellín hasta el visto desde la cordillera, salvo lo que correspondía a los curas de San Cristóbal y de San Pedro.

Estos eran los límites del naciente curato de Belén, mientras que desde la parroquia de La Candelaria, se precisaban también sus propios límites. Al respecto, en la reseña histórica de Belén publicada en el Plan de Desarrollo Local Fase II se precisa que en 1828 el límite de la parroquia de La Candelaria presentada por el padre Benítez, da una exacta claridad de los límites de la parroquia de Belén así: “Sus límites con el curato de Belén están bien demarcados por el río Medellín en su curso entre uno y otro curato, de suerte que la banda occidental corresponde a la de Belén y la opuesta, al este de Medellín”
“En este sector occidental se desarrollaron cuatro áreas que tienen identidad histórica propia y son: San Sebastián (Palmitas), San Antonio de Prado, San Cristóbal y Belén, este último comparte y entreteje una misma historia con los barrios La América, Robledo y Guayabal es por ello que exceptuando los tres que hoy denominamos corregimientos, al recopilar la historia de los barrios urbanos de Medellín ubicados en la zona occidental, debemos remitirla a la historia de Belén.

La Integración de Otrabanda al resto de la ciudad se da a finales del siglo XIX y a principios del XX. Las fracciones de Aguacatala, El Poblado, Robledo, Belén, Guayabal, La Granja, La América, Bello, Piedras Blancas, San Cristóbal y San Sebastián, eran considerados como asentamientos periféricos o área rural o “resto del municipio de Medellín”. Solamente a partir de 1.858, cuando se continuó el Camellón de Carabobo hasta el río y se inició la construcción del Puente de Guayaquil (terminada en 1.864), se da el proceso de integración de Belén a la ciudad, proceso que se realiza inicialmente a través de la producción de insumos para la construcción y de alcoholes y aguardiente. En 1875 era el segundo sector más poblado del valle del Aburrá por número de habitantes, y el más productivo, especialmente de caña de azúcar y frutales. Además de ser una despensa era un sector que generaba envidias y odios hasta el punto de darse la lucha por la tierra y por la libertad.   Hacia 1920 aparece Belén como "fracción" de Medellín con 5.922 habitantes, siendo considerada como un corregimiento del área urbana.

Durante las décadas de 1920 y 1930 el crecimiento acelerado de la población y la naciente industria antioqueña, permitieron que se propagaran los asentamientos ilegales, localizados casi todos en las llamadas fracciones de El Poblado, Belén, AltaVista, La América, El Rincón, Las Mercedes, Tenche, San Germán y otros; estos pequeños poblados conformaban una extensa zona rural que luego se correspondería con el occidente de Medellín, cuando por un proceso de urbanización lentamente se convirtieron en barrios legalizados.

Por estos años el sector de Otrabanda comienza a tener importancia en el proceso de expansión de Medellín con la construcción del aeropuerto en 1931, el asfalto de la carretera a Belén, el continuo surgimiento de nuevos sectores o barrios y la rectificación del río que rompió la barrera de expansión de la ciudad hacia la zona occidental entre Guayabal, Belén y La Iguaná. Por un proceso territorial en 1938, fueron suprimidos como corregimientos Belén, Guayabal, La América, y Robledo y luego, anexados como barrios urbanos a Medellín.

Barrio Belén (1940-1960): En 1938 cuando la fracción de Belén recibe la categoría de barrio, la ciudad contaba con 168.266 habitantes, por lo tanto necesitaba expandir su perímetro y así como los españoles habían mirado con interés la Otrabanda del río, los constructores fijaron su atención en esta zona que ya empezaba a evidenciarse con carácter de zona industrial. La consolidación de espacios residenciales para los pobladores vinculados a las industrias nacientes, y la construcción de una infraestructura vial y de servicios que respondiera a los requerimientos de este desarrollo, muestran el notorio auge de esta zona sur occidental de Medellín desde finales de la década de 1930.

Belén de los años 1960 a 1980: En 1963 la Administración Municipal aprobó la división territorial de la ciudad, con la cual se pretendía adjuntar al concepto de zonificación, pues seguía rigiendo la idea de ordenamiento urbano, criterios geográficos y socioeconómicos para la agrupación de la ciudad alrededor de unidades barriales y comunales; se definieron seis comunas: comuna 1 Oriente; comuna 2 Robledo; comuna 3 La Candelaria; comuna 4 La América; comuna 5 El Poblado; y comuna 6 Belén. Cada comuna con barrios de características homogéneas y proximidad territorial.

En Belén se abrió, a finales de la década de 1950 y principios de 1960, la carrera 76 hasta la Gloria y el anillo medio occidental (Carrera 80 hasta la 30).

En su política de fomento, el Estado colombiano contó con el apoyo tanto de constructores como de la iglesia católica, la cual, para esa época, construyó urbanizaciones como el denominado barrios de Jesús en un sector entre el barrio San Bernardo y la fracción de Las Margaritas, ambos divididos por un afluente denominado Caño Panorama, el cual fue entamborado y se realizó su relleno en la década de 1990, con el material retirado para la construcción de la Terminal del Sur, en un extremo de esta ladera se construyeron la torre Bosques de San Bernardo.

El hoy denominado barrio Las Playas contiguo a los anteriormente mencionados y la parte baja del barrio Altavista fue construido por el Instituto de Crédito Territorial (ICT), como parte de la política de fomento, con las especificaciones que el mercado estaba imponiendo; los lotes para construcción eran de 72 metros cuadrados, reducidos en algunos casos a 60 metros cuadrados, y las vías de acceso a la vivienda pasaron a 9 mts. de sección, de allí la particularidad vial del barrio Las Playas, para esa época esta misma entidad (ICT) había construido los primeros edificios multifamiliares, la urbanización Rafael Uribe Uribe.

También por iniciativa de constructoras privadas se habían construido barrios como La Nubia, Rosales, Fátima y La Castellana. A finales de este período y principio de los 80, Cadenalco había construido en un proceso de reloteo de la denominada finca de la Familia Medina el LEY de Belén, luego el otro lote de esta finca dio origen al denominado Mall de la 76 urbanización Quintas de Veracruz.

Belén y su incorporación a la ciudad Moderna: Hasta mediados de la década de 1980 la parte periférica de Belén estuvo libre de proyectos de construcción, era común para los habitantes de la centralidad realizar paseos de olla a la parte alta de Belén Rincón, a sectores como el Manzanillo y la parte central de Altavista (hoy corregimiento), a la casa de La Piedra y la cascada de aguas cristalinas cerca de las areneras del sector llamado La Perla, detrás de donde hoy existe la Perrera Municipal. También era frecuente asistir a las fiestas de la arepa en Belén Rincón, fiestas que incluían reinado.

Varios factores realizan en este periodo la integración de estas tierras al mercado inmobiliario de la gran ciudad, como en el primer proceso, la expansión de la malla vial de la comuna, se destacan en esa época la continuación de la carrera 80-81, la circunvalar 84 y la calle 1 sur que une a la parte de Belén Rincón con la carrera 80-81, además se construye la carrera 70, paralela al hoy Aeroparque Juan Pablo II. Igualmente se dan pequeñas construcciones en sectores que hasta ese entonces eran rurales como los lotes de doña Enriqueta en el sector de Belén Rincón en donde se construyeron las urbanizaciones Tejares del Valle y Balcones de la Serranía y en la parte de Las Violetas se construyeron apartamentos y casas como Altos del Castillo.
Sobre la carrera 80-81 se empiezan a desarrollar programas de vivienda para sectores medio-alto con la construcción de unidades residenciales como La Mota, El Enclave, Kalamari, Quintas del Plantío; Campanas de la Mota, y Vegas del Rodeo; ya antes sobre este corredor se había construido la urbanización Nueva Villa de Aburrá y la Urbanización Tierralta junto al hoy mercado Consumo.
Un segundo factor es el cambio que se dio en la división territorial de la ciudad en el año 1987 según el Acuerdo 054 de ese año, que incorpora dos nuevos conceptos el de Zona y el de Comuna. Las primeras fueron delimitadas de acuerdo con perímetro urbano, las segundas, es decir las comunas, son tomadas como la mayor división de las zonas urbanas, identificadas por la relativa homogeneidad socioeconómica y cultural; entonces la ciudad quedó dividida en seis zonas y 16 comunas, la zona 6 incluyó a la comuna 15 Guayabal y a la 16 Belén, separándose la parte rural de Belén y convirtiéndolo en el corregimiento de AltaVista.
Un tercer factor es el cambio que se da en la administración política de la ciudad con la irrupción de las Juntas Administradoras Locales (JAL) a finales de la década de 1980, las cuales aplicando el acuerdo 054/87, debían tener muy claro su radio de acción y determinarlo en su zona y comuna, para empezar a obtener de cada barrio un banco de datos, su memoria y significación.

El Acuerdo Metropolitano Nº 09 de 1992 con el cual se amplió el perímetro urbano de la ciudad, permitió en esta comuna 16 algunos asentamientos humanos con características urbanas similares como eran: el entorno físico, el desarrollo histórico, las facilidades de acceso, la identificación de la comunidad con el territorio, la homogeneidad en las características de la población, la identidad de las necesidades y los elementos sociológicos aglutinadores de la población. Es así como se conformaron en Belén los barrios Villa de Aburra y El Nogal-Los Almendros.

La división territorial se estructuró con el Decreto 997 de 1993, el cual recogía el acuerdo 037 de 1992 que autorizó al Alcalde para realizar el ajuste de inventario de barrios de la ciudad de Medellín, y es así como se realizan modificaciones en el límite de las comunas 11 Laureles, 12 La América, 15 Guayabal y 16 Belén, quedando así:

Las Mercedes pasa de la comuna 12 La América, a la comuna 16 Belén.
El Rodeo y La Colina pasan de la comuna 16 a la comuna 15 Guayabal.
El cerro Nutibara pasa de la comuna 15 Guayabal a la comuna 16 Belén.
Miravalle pasa de la comuna 11 Laureles a la comuna 16 Belén.
A la fecha nuestra Comuna 16 Belén, tiene definidos 21 Barrios.

Belén y la planeación de su territorio: La planeación del territorio de Belén está integrada a los procesos de planeación que desde el orden central se han planteado el desarrollo de la Metrópoli que se inician con la creación de entidades como El Área Metropolitana del Valle de Aburrá (ordenanza 034 de 1980), la integración reglamentada de la Junta Metropolitana (Decreto 038 de 1981), y la reestructuración de la Oficina de Planeación Municipal con funciones Metropolitanas (Decreto 040 de 1982), con estos elementos se realizaría en 1982 el primer plan de desarrollo, denominado: Plan de Desarrollo de Antioquia 1983-1986, donde se planteó el proceso de descentralización municipal y se afirmó la necesidad de incluir a la ciudadanía en la formulación y ejecución de los planes de desarrollo, complementado con la elección popular de alcaldes y las consultas populares como los primeros mecanismos para la participación ciudadana en la planeación de sus territorios.

La primera aproximación a un proceso de planeación participativa en Belén se da cuando, con la coordinación de la Consejería Presidencial para Medellín, se realiza el Plan Estratégico que programa varios foros para abordar los problemas y los retos de las zonas de la ciudad y se consulta a la comunidad en general, generando las mesas permanentes de trabajo de discusión y proposición, éstas son: Educación, Empleo, Cultura, Medio Ambiente, Espacio Público y Territorio, Vida y Derechos Humanos, Juventud y Comunicaciones, dentro de este proceso se asiste al primer Foro los días 5 y 6 de julio de 1991 en las instalaciones de Comfama en Cristo Rey, allí las comunas 15 y 16 y el corregimiento de AltaVista, plantearon las propuestas para el desarrollo de la zona 6, las que quedaron consignadas en el documento de 1994, dentro del Plan Estratégico presentado por la Consejería, muchas de las cuales, al ser releías hoy, después de 16 años, son iguales a muchas de las propuestas presentadas en el desarrollo del actual Plan de Desarrollo Local Fase II.

En el año 2005 por iniciativa de la Mesa Político Institucional de la JAL y de la Asociación de Juntas de Acción Comunal, ASOBELÉN se plantea la urgente necesidad de la continuación de la elaboración de un Plan de Desarrollo para Belén y se le asigna, dentro del Presupuesto Participativo de ese año, recursos para su Primera Fase, ejecutados en el 2006. Nuevamente, en el Presupuesto Participativo del 2006, se asigna unos dineros para su Segunda Fase, que concluye hoy con la publicación de este documento

Referencias: