miércoles, 26 de noviembre de 2014

Muchachos de Rosales Oscar Domínguez Giraldo

Muchachos de Rosales   Oscar Domínguez Giraldo
Perfil escrito por el destacado periodista, amablemente cedido para el blog:
(Adelante, Emilio. De ese barrio junté dos notas en una. Siguen otras notas sobre esos muchachos.o)

Esos muchachos de Rosales, modelo sesenta, aprendieron a leer y a echarse la bendición en el kínder de la señorita Amelia. Con este bagaje se le enfrentaron después al fútbol, al amor, a  la música, a Dios y a la vida, en ese desorden.

Algunas divas vendían besitos en las ventanas a cinco centavos la unidad. Ellos se iban creyendo en la existencia del amor y de  todos los dioses.

Pa pretendidas, las Londoño. En las vacaciones de julio no daban abasto recibiendo declaraciones de amor. La competencia estaba por el lado de la cocacola Beatriz Díaz, gran bailarina, y de Gloria, Marta Elena y la Negra, anfitriona de todas las rumbas.

Los noviazgos eran tan veniales que no había besitos al saludarse ni al despedirse. Las parejas llegaban intactas al altar. Si a  los novios se les iba la mano en caricias, el padre Valencia los casaba antes de que el amor empezara a notarse en el silencio mudo de la cintura.

Las serenatas se daban con los hermanos Acosta, vecinos del lugar, que se extrovertían ante las ventanas por puro amor al  amor. Cuando las tusas eran muy grandes empeñaban hasta libros para contratar a Los Romanceros que casaron más gente que los monseñores García Benítez y Botero Salazar en sus mejores momentos.

La banda musical de la época la pusieron los Beatles, Leo Dan, Palito Ortega, el “afiebrado” del César Costa, Enrique Guzmán, Oscar Golden.

En las recochas, fiestas de quince o bailes de bachilleres, se escuchaban en las radiolas Teen Agers, Graduados, Clave, Éxitos y Golden Boys. El que no esté endeudado musicalmente con el Loco Gustavo Quintero miente como Telma.

Fútbol y ciclismo iban de la mano. Una ruidosa minoría de estoicos eternos eran hinchas del poderoso DIM que de chiripa la ganaba al Nacional. Entonces hacían fiesta. (Claro que Sigifredo Arenas Jiménez tiene estadísticas distintas: En los años sesenta jugaron 45 clásicos de los cuales el DIM ganó 23 y anotó 76 goles. Nacional ganó 14 y metió 51 goles. El resto, empates).

La muchachada era hincha de Cochise Rodríguez. Por llevar la contraria, otras estaban con el Ñato Suárez, señor de la bicicleta.

Cuando los muchachos iban creciendo los dejaban ir una cuadra más lejos a jugar fútbol. Los jugadores más tesos eran los de la 30 C.

Las mamás les robaban tiempo a sus oficios domésticos para prohibirles a sus vástagos que se juntaran con malas compañías, entre ellos los integrantes de la llamada “Barra de los grandes” que fumaban cigarrillo, se volaban a Tenche a comprar maracachafa, decían la grande, escupían en el suelo y llegaban a la casa a las diez de la noche. Ni un segundo más tarde.

Decir que fulano era marihuanero era peor que rotular de ateo, feo y pobre a cualquiera.

Otros que clasificaban como malandros eran los hermanos Vanegas, Mario Chucha, Calavera y Físico, quien pegaba ensordecedores gritos vagabundos.

La mitad más uno estudiaban en Bolivariana. Para pertenecer a la barra de los grandes había que poner la mano sobre un hormiguero  o arrojarse contra la palma, un arbusto lleno de púas. Así adquirían un tempranero máster en hombría. Esta prueba espartana tiene la paternidad responsable del poeta Edgar Poe. Otra orden del poeta: dañar todos los bailes donde azotaran baldosa los riquitos de Laureles.

Otros de parecida calaña eran Carecrimen, Basura y Kolcana, reencarnación en vivo del crac argentino Orestes Omar Corbata, jugador del poderoso DIM, ideólogo de la zurda.

El rito del fútbol se oficiaba en las canchas de Chéforae, el Maracaná y en el parquecito. Estos lugares eran adicionalmente, ágora y parlamento de la piernipeludocracia.

Esta barra se enfrentaba con la de Los Almendros a la salida de misa de ocho de la mañana los domingos en la capilla de Jesús de la Buena Esperanza. La movida era a puño limpio. De pronto se les iba la mano y sacaban… correa.

La barra de los menores que venía empujando,  merece plato aparte. La integraban Memo Villegas, regañón y goleador,  Hugo, alias Charles Atlas, el Mocho Díaz, Pimienta, el gordo Gonzalo y Pareja el de Belén.

En los bazares que no faltaran las dedicatorias. En los reinados, la familia Gutiérrez imponía candidata disidente, importada del barrio Alameda. Esto ocasionaba peleas tan duras que la gente terminaba “brava para toda la vida”. A los dos días estaban partiendo un confite. Perdonaban y encimaban olvido.

Era pecaíto  ir a la heladería Los Almendros a escondidas de mamá. Una Coca-Cola vestida de ron se encargaba de ratificar hombrías y feminidades prematuras. También se echaba carreta en la tienda La Dulcinea, donde la Costeña o en la casa de las Villegas.

Los de Rosales se creían de mejor familiar que los de Belén aunque no dejaban de frecuentar Los Alcázares y Morival. Los domingos iban al teatro Mariscal a ver sus cintas preferidas.

Desde el púlpito el padre Humberto Bronx lanzaba anatemas contra los dueños del Mariscal por presentar películas prohibidas para todo católico los viernes. El teatro estaba parcelado en palco, luneta y galería, según el poder del bolsillo.

Don Octavio, el administrador de ese cinema paradiso, con mano tendida y linterna firme, tiene estatua propia en el corazón de los rosaleños del antier. Sacaba tallados a quienes lanzaban colillas de cigarrillos contra la nuca de la aristocracia de gallinero.

Los  lunes había doblete de películas mexicanas. Ana Luisa Pelufo y Ana Berta Lepe era las novias imposibles de muchachos como el mencionado Sergio y Lorenzo de la Torre, hermanos de María Cristina, de belleza felina.

Brigitte Bardot y Claudia Cardinale eran la cuota europea en el corazón y en la libido de los jugadores de yo-yo de la época.

En una autobiografía, Libardo Betancur Pérez, alias Kolcana, cuenta que era activista teso en las veladas de lucha libre que se celebraban en el parquecito. Dice que tenía personalidad secreta y en las noches de luna llena se les aparecía enmascarado a las Vélez.

Mención aparte merece la heladería Los Alcázares; por entonces no existía La Alameda. Vicky y Harold y otras figuras del Club del Clan hicieron tiritar de amor a más de una pareja que se daba piquitos en un descuido del candelabro o chaperona que les habían impuesto.

Pagaban escondederos a peso cuando llegaban los chinches del barrio Granada. Le corrían leguas a Goche y a Carriquí.

No se perdían procesiones de Semana Santa ni novenas de navidad. No para rezar, que quede claro: iban a tropezarse con unos ojos repetidos y pispos.

El Rosales de los años sesenta produjo gente como el sacrificado Pablo Peláez, el senador Daniel Villegas Díaz, cronista mayor del barrio y Sergio de la Torre, quien cuando estaba chiquito soñaba con remplazar al camarada Gilberto Vieira en el Partido Comunista.

Un responso apretado por Ana Cecilia Ortiz. Se exige no declararle el olvido a Olguita Vélez, “heroínas apetecidas por los tesos de las barras”, según otro biógrafo de Rosales.

Muchachos y muchachas así no le podían tener bronca a la vida.


miércoles, 8 de octubre de 2014

NUESTRO BLOG EN "GENTE DE BELÉN"


A propósito de la Fiesta del Libro de 2014 y la buena aceptación del blog de Belén, la periodista Natalia Hoyos publicó el siguiente reportaje en GENTE DE BELEN, del 3 de Octubre de 2014











viernes, 5 de septiembre de 2014

CARLOS GARDEL MURIÓ EN BELÉN: Entre la fantasía y la verdad

Artículo de Gustavo Escobar Vélez, tomado con su permiso de:

http://primerfestivalinternacionaldeltangoci.blogspot.com/2007/04/entre-la-fantasa-y-la-verdad.html



Entre la fantasía y la verdad

Parque de Berrío, Medellín 1935, Fotografía de Obando 



Entre la fantasía y la verdad

Charla tanguera imaginaría en un recordado café de Belén con José María Aguilar, GrantFlynn y Tartarín Moreira. Invitado especial: Carlos Gardel.
Gustavo Escobar Vélez.

Siempre he sostenido, a pesar de los argumentos del arquitecto e investigador uruguayo Nelson Bayardo, que Gardel nació en Francia y murió en Belén. Así de sencillo. Sigo siendo francesista con ganas de trasladar la cuna de “El Zorzal” para Tacuarembó Uruguay, pero, eso sí, aseguro que "El Morocho" murió en mi barrio Belén o, al menos, en los límites de éste con el barrio Antioquia.
Resulta que el aeropuerto Ola­ya Herrera está ubicado a un lado de la carrera setenta, en el tramo que corresponde a esta tradicional fracción de Medellín. Es más, no hay persona nacida en este importante sector de la capital antioqueña, y que marque con el cinco, que no se hubiera dado el placer de meterse por esas mangas aledañas a la pista principal, o en las cabeceras de la misma, a ver aterrizar o decolar aviones.
Y es que, hasta comienzos de los sesentas, antes de que el progreso comenzara a llenar de urbanizaciones mucha parte del barrio Belén, estos sitios eran inmensos terrenos llenos de árboles y plantas silvestres. Y con mayor razón hace sesenta años, cuando el absurdo accidente aéreo donde murió Carlos Gardel. 

En 1935 tenía la ciudad unos doscientos mil habitantes aproximadamente. Era una aldea. Casi se conocían de memoria los vecinos y Belén ya tenia cierta importancia: contaba con "chivas" y tranvía, alguito de comercio, así fuera dominical y muchas casas-fincas. Era también parroquia importante y muchas familias comenzaban a radicarse en el sector del centro. Y, no faltaba más, ya había cafés famosos como El Excelso y otros de menor Importancia. Por cierto que en dicho café había pianola y ortofónica. La pianola la manejó unos años David Dávila Álvarez, fallecido hace poco a los 82 años de edad. Bailaban los pipiolos y pipiolas de la época los antiguos Fox-Trots como Nerón, los pasodobles como La Buenaventura y La Danza de las Libélulas, en las voces de Pilar Arcos, Tito Schipa, José Moriche y Margarita Cueto.
La Orquesta internacional y toda ''aquella pléyade de figuras de la canción popular eran la moda. Ya había tangos en las voces de Fortunio Bonanova, Juan Puli­do Pilar Arcos y José Moriche, principalmente.
Presentaban cine mudo en la capilla del Divino Rostro mucho antes del reinado del teatro Mariscal. Aun viven personas que presenciaron TANGO, en 1933, película en la cual aparece Al­berto Gómez. Años después el mismo Gómez cantaría en El Mariscal. En este mismo recinto se proyectaron películas argenti­nas con Hugo del Carril. Libertad Lamarque, Armando Bo (Pelota de Trapo) y Los Cinco Grandes del Buen Humor, verdaderos ge­nios del género, entre los cuales estaba Guillermo Rico quien fue voca­lista de la orquesta de Francisco Canaro con el nombre de Gui­llermo Coral. Tam­bién se recuerda la figura de ese genio que fue Luis Sandrini. 

Existían por los alrededores de la pla­za principal sitios tan recordados como El Murín, yendo para el cementerio, donde jugaban al billar y tocaba su tiple Tartarín Moreira. Precisamente un año an­tes del accidente, La Voz Sentimental de Buenos Aires había grabado de Tartarín y Carlos Vieco los tangos En la Calle y Son de campanas.

VAMOS AL CAFE CHIPRE

Pero vamos al Café Chipre, en plena plaza, unos quince años después de la tragedia y participemos de la charla que sostuvieron dos de los so­brevivientes: Mr. Flynn, el guita­rrista José María Aguilar y el ex-Panida Tartarín Moreira con El brujo Carlos Gardel. Grant Flynn era el Jefe de tráfico de la SACO (Sociedad Aérea Colombiana) y se salvó de pura chiripa. Salió con el traje en llamas y, pienso yo, puso una fábrica de arepas en Belén-Rincón. Aguilar, excelente guitarrista, aunque un poco herido pero optimista, vivió en Medellín y no podía faltar a la tertulia. La suerte del gringo la ignoro. Debió entregar sus arepas y morir. De Aguilar sé que murió en Buenos Aires, Argenti­na, el 21 de diciembre de 1951 y en accidente de tránsito. El poe­ta Tartarín falleció en Medellín el 1 de noviembre de 1954. Y Carlitos no ha muerto. Me dicen que todos los días canta mejor, lo cual ampara mi creencia, y lo volvimos antioqueño de cuerpo y alma. ¿Por qué vive? Pues, "por­que se murió muy a tiempo", como aseguró un borracho en Manrique.
El Chipre ya no existe como café. Hay una agencia de abarro­tes en la ritualidad y queda si­tuada en la calle 30A con la ca­rrera 76, como quien dice en el corazón de Belén donde funcionó el café. Hasta hace unos diez o quince años perteneció a la familia Dávila Correa
El Chipre fue el típico esquinero, un poco mo­derno en su construcción si se compara con otros que existie­ron en el barrio. En el segundo piso -la edificación es de dos y se conserva igual- funcionó un res­taurante que pertenecía a Ro­berto "Cachano", todo un perso­naje del lugar. El bar sí fue de un solo dueño: el señor Antonio Es­trada quien con sus hermanos Rubén y Tulio cons­tituyeron toda una dinastía de cantine­ros. Tulio y Rubén fueron dueños del Café Plisen (que aún existe casi igual) y de El Central, frente al Chipre, respecti­vamente. En el Chi­pre había billares y "piano" que es como denominamos los paisas al traganíquel o rokola. ¡Va la ma­dre si no era un Seebur! Mesas loseadas, redondas y con bo­tella de Plisen pinta­da y vasos grandes con oreja. El ambiente era propicio para los patos, chóferes del Tax Belén y bo­hemios elegantes. Leyendas y, en serio, "muñeco" a bordo. Fue el negro "Chimbarria" a quien mató “Jugando mamá Jugando" Alberto Vélez, excén­trico escultor a quien apodaban "el secretario de la muerte". Épocas de Roberto Araque, del albañil "Pastrana", negro como la noche; Toño Montoya y Pedrito Loco con "El Mister" Cadavid, piperitos redomados pero buenas gentes. Rodrigo y Héctor Restrepo, Guiller­mo "Piojo" García y Mario Escobar (llave de oro), Arturo Salinas Pérez y Jairito Escobar (sastre y bombero respectivamente) y, en fin, como en cualquier café del barrio La Boca, un mosaico disquero fuera de serle. ¡Algunos viven, otros ya no!

COMIENZA LA CHARLA BACANES DE CAFETÍN
Nuestros personajes escogieron un lunes y fijaron como hora de encuentro las 3 y 5 de la tarde. Se ubicaron en una mesa situada en un rincón. Querían estar aparte. Libardo Parra Toro, Tartarín Moreira, fue el anfitrión como buen habitante del barrio y conocedor de sus gentes. Su atuendo era bien característico: sombrero "a la pedrada" esto es ladeado; ca­misa de seda a rayas verdes y blancas; corbata ancha roja y blanca, de rayas transversales; pantalón con pretina casi a la altura del pecho y de bolas estre­chas; saco senil estrecho con pa­ñuelo "floreado" de color rojo o verde claro; en la solapa “la orquídea de un dolor”. Zapatos combinados blanco y café y medio tacón. Todo un dandy. "Una culebra en traje de civil", al decir de León Zafir. Pálido, de andar parsimonioso y de hablar pausado y a bajo volu­men. Sostenía las bolas de cau­cho bajo sus carrillos con autentica maestría. Comparaba al ne­gro Celedonio Flores y a Discepolín guardando la lógica distancia.
Flynn y Aguilar estaban absortos contemplando al poeta. Al poco rato hizo su entrada Don Carlos Gardel. Su estampa, ampliamen­te conocida, causó impacto entre los clientes que Jugaban billar. Esa sonrisa única era la atrac­ción. Saludó de mano, comenzó a indagar por los tangos de Tartarín, comenzó a recordar al dueto dé Alejandro Wílls y Alberto Escobar con quienes sostuvo amistad en 1923 en Buenos Ai­res. Contó cómo había aprendido canciones colombianas de los antiguos discos de Pelón y Marín y de los cubanos Floro y Cruz; se emocionó relatando que uno de los preferidos por él era Rumores o Tras de verdes colinas y el cuál llamaban también Las aguas del Magdalena; manifestó así mismo su predilección por Mis flores negras y añoró el tiple que le entregó el compositor Emilio Murillo en Bogotá. Lamentó no poder grabar Canto fatal o Hambre la madre tenía. Habló de Mis perros, el bambuco que cantó emocionado y no olvidó tampoco "El Vagabundo" y "Asómate a la ventana".

TARTARIN SECRETARIO
Tartarín tomaba notas y rete­nía en su memoria las palabras del Zorzal y posteriormente in­terrogó a José María Aguilar, quien contó brevemente su bio­grafía así: "Nací en la República Oriental del Uruguay en 1891. Gardel pidió mi vinculación a su grupo de guitarristas y alterné esa labor con "El Negro" José Ricardo y con Guillermo Deside­rio Barbieri. Acompañé esporá­dicamente a Ignacio Corsini en los discos Nacional y estuve secundando a los dúos Vega-Díaz y Feria-Italo para las grabaciones Víctor. Como solista recuerdo las páginas Recuerdos de la Alhambra, Manuscrito Árabe e "II Trovattore". De mi autoría, en la parte musical son: Al mundo le falta un tornillo, Lloró como una mujer, Aromas del Cairo y unas sesenta obras más. Carlitos, aquí presente, debe recordar que él me grabó trece de mis canciones. De él me alejé entre 1931 y l934. Después del accidente acompa­ñé a varios cantores, muy a pe­sar de las dificultades físicas que me causaron las quemaduras. Ese es este servidor de ustedes.
Gardel recordó alguna desavenencia con el guitarrista; esto, aunque sembró una enemistad, terminó en reconciliación. Correspondió el turno a Grant Flynn, Jefe de tráfico de la SACO y además muy joven, quién recordó detalles de la tragedia y las observaciones que les hizo a los ocupantes del avión -Gardel comitiva- y no olvidó la "confianza" del cantor, quien no quiso abrocharse el cinturón de seguridad asegurando que eso eran "pavadas", es decir niñerías. Comentó que declaró ante el juez lo que recordaba -y estuvo de acuerdo con las noticias aparecidas en el periódico La Defensa cuyos reporteros hicieron un seguimiento a los heridos.
A las seis en punto se despidieron los cuatro amigos y Gardel siempre sonriente, comenzó a cantar aquello de "yo sé que en la hoguera de algún tango se quemará mi sangre el mejor día…”, Ese Viejo Rincón, el tango premonitorio que grabó “El Morocho” y repetiría después 0scar La Roca.
Desaparecieron el viejo Chipre y el Tartarín de colorines, pero queda en Belén, como en tantas, partes del mundo, la figura inconfundible de. "El Mudo.




Nota. El autor dirige unos programas de música popular en la radio, con una amplia audiencia.


Estos programas radiales son: en Radio Bolivariana los domingos de 8 a 10 A.M "Pentagrama del recuerdo" En la frecuencia 1110 A.M o bien en www.radiobolivariana virtual.com opción A.M.
El otro los domingos a las 12 meridiano a través de la emisora de la U de A (1410 A.M) Se llama "Al compás de los recuerdos".  La música es de su colección personal.

lunes, 18 de agosto de 2014

MEMORIA DE LOS CAFÉS DE BELÉN Por GUSTAVO ESCOBAR VÉLEZ

        
El primer café famoso del que tuve noticia por testimonio de 
mis mayores se llamóCafé Excelso”. Estaba ubicado 
en la carrera 76 con la calle 30A,  tenía acceso por calle 
y carrera.  Inicialmente fue salón de baile con pianola de 
rollo activada por David Dávila, la cuál fue reemplazada
por un moderno fonógrafo de corneta y más tarde por la 
ortofónica dela marca  “Víctor”, modelo Credence, que era 
el último grito de la moda en cuanto al sonido se refiere. 
Todas estas máquinas parlantes fueron manejadas siempre por 
el señor Dávila.

La música de moda en aquellas calendas era la bailable 
instrumental,  particularmente el vals, el charleston, el 
pasodoble el fox trot,  siendo los más escuchados: Nerón, 
Titina,  La danza de las libélulas, Ondas del Danubio,  
el pasodoble La buenaventura los tangos El Choclo, 
El entrerriano, Derecho viejo y otros.


Otro de los cafés más antiguos era “El Murín”, situado en la 
carrera 78, cerca al cementerio, contaba con un billar y varias 
mesas de juego: cartas,  dominó, dados y póker.  No contaba con 
equipos sonoros, pero regularmente acudían allí músicos populares, 
siendo famosas las veladas del poeta Tartarín Moreira interpretando 
sus canciones y  acompañándose de su tiple.  Eventualmente el tenor 
Jairo Escobar Vélez le hacía la primera voz.  Algunas de sus obras 
que aún se recuerdan:  Rosario de besos,  En la calle,  Son de 
campanas, Por ella,  Dolor sin nombre, entre otras.  Actualmente 
funciona allí una tienda mixta llamada “Sol y sombra”.


Los tres cafés más importantes por su ubicación  (por estar cerca al 
parque) fueron: “El Central”,  “El Chipre” y “El Pilsen”.  Sus 
propietarios eran los hermanos Rubén, Antonio y Tulio Estrada.   
Estos establecimientos contaban con modernos traganíqueles o
pianos de las marcas Wurlitzer  y Seeburg . 
Contaban además con dos mesas de billar y mesas para juegos.  
Mario Escobar Vélez era el encargado de surtir estos
pianos con la música de moda en ese momento,  preferencialmente
temas populares argentinos: tangos,  valses y milongas y también 
con boleros y música mexicana.  Estos sitios eran muy concurridos 
por los belemitas.  Los artistas que se presentaban en el teatro 
Mariscal, vecino de estos bares, luego de su actuación visitaban, así 
fuera fugazmente,estos tradicionales sitios de encuentro, algunos de 
ellos fueron Alberto Gómez , Armando Moreno y Andrés Falgás.
 
 Tomado de: www.tangocity.com
Otro de los bares de aquella época era  “El  Pielroja”,  frente 
al Pilsen, antes de la entrada a galería del teatro Mariscal en la carrera 76.  
La música se escuchaba en un traganíquel marca Wurlitzer el 
cuál se accionaba con monedas de 20,  10  y 5 centavos.

Después de los anteriores abrieron sus puertas al público  
“El Ambrosía” propiedad de Ernesto Ortiz, apodado  “Cepillo”, 
funcionó en un edificio de dos plantas, siendo la segunda el famoso 
restaurante del mismo nombre, reconocido por su excelente comida 
criolla.   Desapareció a raíz de la construcción del metroplús.

Otro café reconocido fue  “El Jinete” cuyo administrador  era 
conocido por el remoquete de “Picarito”. Quedaba en la 76  frente 
al Pilsen.  Enseguida de éste funcionó  el café  “El Baratón”, que en 
sus comienzos fue una tienda de abarrotes,  propiedad de don 
Francisco Naranjo.  Actualmente el primero de los nombrados 
es un moderno casino. 

Aparecieron luego  “El Club de los tranquilos”  de Leo Villa y su 
hermano,   fue fundado hace cincuenta años y aún  sigue vigente.   
“Rincón de antaño”  llamado posteriormente  “Melodías de antaño” 
como se llama actualmente,  que fue propiedad de Mario Escobar 
durante más de 25 años  y  “La Milonga” ya desaparecido.  
Los tres ubicados en la calle 30 entre las carreras 76 y 77.  
En estos bares la música se difundía  con modernos equipos de sonido.


En la carrera 76 con calle 29,  esquina, funcionó por muchos años el  
“Bar Coba” propiedad de Gilberto Escobar. La música se escuchaba en 
un piano Seeburg que brindaba a su clientela especialmente boleros y 
también un variado género musical.  Este bar pasó luego a manos de su 
hijo John Jairo, quien lo reformó un poco e instaló un moderno equipo 
de sonido suprimiendo el traganíquel y desplazando este café unos 
metros más hacia el sur.  Actualmente,  con nueva administración es un 
referente musical de Belén conservando el mismo nombre.


Siempre por la carrera 76 y siguiendo hacia el sur existieron varios cafés,
siendo los más reconocidos “ El Amarillo”   (76 con calle 25).   
Tenía piano,  billares y muchas mesas de juego.  La especialidad musical
eran los tangos y la música tropical.  Se recuerda un incidente ocurrido 
allí en el año de 1947 cuando fue asesinado  Hernando “Nando”
Vélez considerado como el mejor bailarín de tango y milonga  en aquellos 
años.


Dos cuadras más hacia el sur  quedaban los cafés  “El Azul”,  
“El San Bernardo” y  “La Milonguita”.
El “San Bernardo” se conoció también como  “ El  café de Candelaria”
porque así se llamaba su propietaria.  Estos bares eran de música 
argentina solamente y se escuchaban en los traganíqueles Seeburg en 
discos a 45 RPM.  Actualmente sólo existe  “La Milonguita” con música 
variada originada en otros sistemas de sonido.

Otros
Café  "VEREDA TROPICAL"

Estaba situado en la calle 30 al cruce con la carrera 72.   Su propietario 
se llamaba José María Ruiz, a quien conoció todo Belén como "El Mono Ruiz". 
 Este bar tenía "piano"    con música bailable especialmente grabaciones de la 
orquesta del argentino Eduardo Armani ,  de los colombianos Emilio Sierra,  
Milcíades Garavito y Efraín Orozco Morales. Ahí se escuchó por vez primera 
parte del repertorio de Guillermo Buitrago.  Temas como El vendedor de cocos,  
La buchaca,  Borrachera,  Las pilanderas y A la carga (dedicado al caudillo liberal
 JORGE ELIÉCER GAITÁN),   por la orquesta  de Armani.   De Emilio Sierra y 
su orquesta se   bailaban las rumbas criollas "Vivan los novios", "A juerguiar 
tocan", "Ceñidita más y más" y "Mañana nos casaremos", entre otras.   
De la OrquestaGaravito "La loca Margarita", "Trago a los músicos" y otras   famosas.  
De  Efraín Orozco  obras como  "Se va el caimán", "Que sí señora" y "El negro Ramón".  
Este porro es de Homero Manzi y  Efraín Orozco  quienes lo firmaron con los seudónimos 
de  Arauco y Guajiro respectivamente.   De Buitrago casi todos: "La víspera de año nuevo",  
" Dame tu mujer José",  "La araña picúa" ,  "Grito vagabundo", "Que criterio"
 y muchísimos más .  Este café lo visitaba Tartarín Moreira quien se disgustaba al
 escuchar estos temas y  dicen que  hacía apagar el traganíquel.  En este lugar era 
la parada del  tranvía que se dirigía al centro.


Café  "NUNCA"

Ubicado en  la carrera 76 con la calle 24.  Especializado en música argentina.  
Se daba gusto la clientela con los tangos y foxes de Armando Moreno y Roberto 
"El Chato" Flores con la orquesta de Enrique Rodríguez   . También  con  las  voces 
de de Alberto Gómez, Agustín Magaldi,  Hugo del Carril,  la orquesta de Francisco 
Canaro,  la  de Juan D´Arienzo y sus cantores,  en fin sólo  tangos, valses y milongas.
El  piano era un modelo moderno de La Seeburg  con discos a  45  R.P.M.   
A estos bares asistían los más reconocidos tangueros de la época  como Hernán Caro,  
José "Chepe" Rúa,   Félix Marín Mejía y otros más.



Café "ORIÓN"


Estaba situado también en la 76 pero con la calle 23.   Este sector de San Bernardo se 
conocía como "El chispero" pues sus habitantes eran muy alegres y parrandistas.   
Los sábados , domingos y festivos  se reunían  para bailar.    El "Orión" era muy
 pequeño pues apenas tenía cuatro mesitas.   La máquina parlante ocupaba buena 
parte del salón y se escuchaba solamente música argentina. 

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Es necesario aclarar que me refiero únicamente a los cafés del centro 
de Belén propiamente dicho.  Es un hecho que en los barrios circundantes 
también existieron y actualmente son vigentes estos centros de 
encuentro que tanto queremos y que forman parte del patrimonio 
histórico de la región.

También fueron y serán importantes las llamadas heladerías y estaderos
que serán tema para otras crónicas de gratas reminiscencias.


 

 tomado de: www.elortiba.org



Ñapa:

CRÓNICA: "SANCOCHO" MATÓ A OMAR POSADA

GUSTAVO ESCOBAR VELEZ

para 
Fué un lunes santo de 1961 y todo comenzó entre sorbos de cerveza en el 
Café Central de Rubén Estrada. Charlaban alegremente "Sancocho" Álvarez 
y Omar Posada. El primero hijo del patriarca don Arturo, ebanista y todo un 
señor; Omar, integrante de una familia de bien y el menor de la casa.
 A pesar de su amistad, entre trago y trago, "Sancocho" y Omar terminaron  
discutiendo por razones baladíes según testigos. Lo cierto es que los ánimos
 se fueron alterando y, en un"santiamén",  Álvarez quebró una botella y salió
 persiguiendo a Posada  con el cuello de la "Pilsen" causándole una profunda 
herida en la garganta que le interesó la yugular y práctcamente lo degolló. 
El herido cayó al pié de un poste dela energía ubicado en la entrada a luneta 
y palco del teatro Mariscal. El padre Carlos Cadavid, quien alcanzó a Omar 
aún con vida,  le dió la absolución y, poco después,  falleció.

Inmediatamente se llenó de curiosos el lugar del crimen y, dicen, "Sancocho"
 se entregó a las autoridades. Este hecho doloroso que enlutó a la familia 
Posada y que confundió el hogar de don Arturo fue comentado durante mucho 
tiempo en Belén. La noticia la publicó El Colombiano y, con lujo de detalles
 "Sucesos Sensacionales" el semanario dirigido por el periodista Octavio 
Vásquez Uribe. Ese mismo lunes santo apareció el Long Play "Taboga"
 con canciones en las voces de Margarita Cueto y Juan Arvizu.


Nota. El autor dirige unos programas de música popular en la radio, con una amplia audiencia.

Estos programas radiales son: en Radio Bolivariana los domingos de 8 a 10 A.M "Pentagrama del recuerdo" En la frecuencia 1110 A.M o bien en www.radiobolivariana virtual.com opción A.M.
El otro los domingos a las 12 meridiano a través de la emisora de la U de A (1410 A.M) Se llama "Al compás de los recuerdos".  La música es de su colección personal.

miércoles, 30 de julio de 2014

HISTORIA DE BELÉN

HISTORIA

RESEÑA HISTÓRICA DE BELÉN

Hablar de la historia de Belén, implica necesariamente hablar de la historia de Medellín desde la llegada de los españoles al  Valle de Aburrá, pasando por el proceso de poblamiento, crecimiento y desarrollo de su territorio que fue conduciendo hacia la división territorial hasta llegar a la que actualmente existe, dentro de la que Belén adquiere la categoría de Comuna 16 del municipio de Medellín.

“El Vallé de Aburrá estaba habitado por grupos indígenas que hacían parte de una misma familia lingüística, aunque se distribuían a lo largo y ancho del valle en pequeños grupos… el valle era denominado por los nativos como Aburrá, al que se accedía desde el Alto de Barcino al sur del valle, utilizando un camino empedrado que comunicaba el Aburrá de los Yamesíes, con los poblados indígenas de la cuenca del Sinifaná, hoy del suroccidente de Antioquia, conocidos como los municipios de Heliconia, Armenia Mantequilla, Ebéjico y la región del Cauca”.

El Plan de Desarrollo Local de la Comuna 16, Belén, Fase II2 presenta una reseña histórica de dicho territorio, la cual se retoma para contextualizar momentos claves en el desarrollo de la Comuna 16. El citado documento expresa que:
“En la historia de la ciudad de Medellín por esa época de 1.541, Belén se denominó Aburrá de los Yamesíes, nombre de la tribu que lo poblaba. A la vez que fue el sector por donde entró al valle del Aburrá don Jerónimo Luís Tejelo.

En los archivos históricos siempre se refieren a “la Otra Banda”, (Otrabanda) u orilla del río, respecto de la banda donde está el observador, esto se debe a que desde la fundación del Poblado de San Lorenzo en su auto de resguardo, el Oidor de la Real Audiencia y Visitador de Antioquia don Francisco Herrera Campuzano, dijo que se hiciera “en la otra banda” es decir en la margen oriental del río. Ya en el año de 1616 lo que hoy es Belén, se convirtió en una encomienda indígena llamada Otrabanda de Aburrá”.
Al respecto, el historiador Roberto Luís Jaramillo Velásquez menciona que en un primer período, esta encomienda…
“funcionaba como una especie de centro económico, en donde los diferentes grupos indígenas llegaban para pagar su tributo a la corona española. Llegada la mitad del Siglo XVII empieza un segundo período caracterizado por la decadencia, debido a las luchas por las tierras que empiezan a ser vistas como fuente de gran importancia y valor para el desarrollo de la agricultura y la ganadería; por lo cual se tiene que trasladar la encomienda. Estas actividades (agricultura y ganadería) se mantuvieron de forma exclusiva y continua hasta las primeras décadas del siglo XX, cuando La Otrabanda se integra físicamente a la ciudad con la construcción de obras civiles que permitieron el fácil cruce del río”.
Hacia finales del siglo XVII, se incrementa el proceso de poblamiento en el sector de Otrabanda, sobre todo a orillas de las quebradas, en mejores condiciones para la agricultura y ganadería, por su cercanía a recursos naturales necesarios para la vida. Al respecto, el historiador Roberto Luís Jaramillo Velásquez, en su obra La Sede de Otra Banda5 afirma que:
“por los finales del Siglo XVII y después de erigido el sitio de Aná como nueva villa de Medellín, tenían necesidad los vecinos de unos ejidos o terrenos comunales que, por estar cercanos al rio, eran pantanosos; al frente, en la parte occidental – y rio de por medio-, había una llanura con pocos desniveles, bien regada, verde y apetecida por los labradores y dueños de hatillos: era La Otra Banda, en la que se habían formado muchas pequeñas propiedades, casi todas cercanas a las quebradas del Mal Paso, La Corcovada, La Puerta, La Iguanacita (hoy, La Gómez), La Iguaná, El Salado, El Gueso (hoy, La Hueso), La Ana Díaz, La Matea, La Picacha o Aguas Frías, La AltaVista, La Guayabala, La Doña María, y otras menores. Algunos se atrevieron a levantar casa y estancia en las vegas y orillas del rio, por ser terrenos bajos, inundables y húmedos”.

Con el transcurrir del tiempo, el crecimiento demográfico del sector de Otrabanda crea para la Iglesia Católica –en su labor pastoral– la necesidad de precisar la jurisdicción de las parroquias que iban surgiendo. Se trataba sobre todo de definir los límites y jurisdicción de las parroquias de La Candelaria y Otrabanda. En 1814 en el gobierno de la primera República de Antioquia y después de 16 años de insistencia se erige el nuevo curato de “Belén de Otrabanda” con enorme jurisdicción en casi toda la antigua Otrabanda y en 1.830 se le dio el nombre actual: Belén. En la delimitación histórica de la Otrabanda se dice que en 1817 el cura de la Candelaria, José Salvador Tirado, solicitó que el otro lado del río quedase de Belén, modificando los límites así: “Del desemboque de la quebrada La Madera al río, este arriba hasta el desemboque de Doña María (quebrada) y de aquí hasta los antiguos límites del curato de Medellín” .Luego, añade que los límites de Otrabanda “Se situaba entre los de Envigado (por el lado de Itagüí) y el del Hato Viejo, por El Pedregal; y subía desde el rio Medellín hasta el visto desde la cordillera, salvo lo que correspondía a los curas de San Cristóbal y de San Pedro.

Estos eran los límites del naciente curato de Belén, mientras que desde la parroquia de La Candelaria, se precisaban también sus propios límites. Al respecto, en la reseña histórica de Belén publicada en el Plan de Desarrollo Local Fase II se precisa que en 1828 el límite de la parroquia de La Candelaria presentada por el padre Benítez, da una exacta claridad de los límites de la parroquia de Belén así: “Sus límites con el curato de Belén están bien demarcados por el río Medellín en su curso entre uno y otro curato, de suerte que la banda occidental corresponde a la de Belén y la opuesta, al este de Medellín”
“En este sector occidental se desarrollaron cuatro áreas que tienen identidad histórica propia y son: San Sebastián (Palmitas), San Antonio de Prado, San Cristóbal y Belén, este último comparte y entreteje una misma historia con los barrios La América, Robledo y Guayabal es por ello que exceptuando los tres que hoy denominamos corregimientos, al recopilar la historia de los barrios urbanos de Medellín ubicados en la zona occidental, debemos remitirla a la historia de Belén.

La Integración de Otrabanda al resto de la ciudad se da a finales del siglo XIX y a principios del XX. Las fracciones de Aguacatala, El Poblado, Robledo, Belén, Guayabal, La Granja, La América, Bello, Piedras Blancas, San Cristóbal y San Sebastián, eran considerados como asentamientos periféricos o área rural o “resto del municipio de Medellín”. Solamente a partir de 1.858, cuando se continuó el Camellón de Carabobo hasta el río y se inició la construcción del Puente de Guayaquil (terminada en 1.864), se da el proceso de integración de Belén a la ciudad, proceso que se realiza inicialmente a través de la producción de insumos para la construcción y de alcoholes y aguardiente. En 1875 era el segundo sector más poblado del valle del Aburrá por número de habitantes, y el más productivo, especialmente de caña de azúcar y frutales. Además de ser una despensa era un sector que generaba envidias y odios hasta el punto de darse la lucha por la tierra y por la libertad.   Hacia 1920 aparece Belén como "fracción" de Medellín con 5.922 habitantes, siendo considerada como un corregimiento del área urbana.

Durante las décadas de 1920 y 1930 el crecimiento acelerado de la población y la naciente industria antioqueña, permitieron que se propagaran los asentamientos ilegales, localizados casi todos en las llamadas fracciones de El Poblado, Belén, AltaVista, La América, El Rincón, Las Mercedes, Tenche, San Germán y otros; estos pequeños poblados conformaban una extensa zona rural que luego se correspondería con el occidente de Medellín, cuando por un proceso de urbanización lentamente se convirtieron en barrios legalizados.

Por estos años el sector de Otrabanda comienza a tener importancia en el proceso de expansión de Medellín con la construcción del aeropuerto en 1931, el asfalto de la carretera a Belén, el continuo surgimiento de nuevos sectores o barrios y la rectificación del río que rompió la barrera de expansión de la ciudad hacia la zona occidental entre Guayabal, Belén y La Iguaná. Por un proceso territorial en 1938, fueron suprimidos como corregimientos Belén, Guayabal, La América, y Robledo y luego, anexados como barrios urbanos a Medellín.

Barrio Belén (1940-1960): En 1938 cuando la fracción de Belén recibe la categoría de barrio, la ciudad contaba con 168.266 habitantes, por lo tanto necesitaba expandir su perímetro y así como los españoles habían mirado con interés la Otrabanda del río, los constructores fijaron su atención en esta zona que ya empezaba a evidenciarse con carácter de zona industrial. La consolidación de espacios residenciales para los pobladores vinculados a las industrias nacientes, y la construcción de una infraestructura vial y de servicios que respondiera a los requerimientos de este desarrollo, muestran el notorio auge de esta zona sur occidental de Medellín desde finales de la década de 1930.

Belén de los años 1960 a 1980: En 1963 la Administración Municipal aprobó la división territorial de la ciudad, con la cual se pretendía adjuntar al concepto de zonificación, pues seguía rigiendo la idea de ordenamiento urbano, criterios geográficos y socioeconómicos para la agrupación de la ciudad alrededor de unidades barriales y comunales; se definieron seis comunas: comuna 1 Oriente; comuna 2 Robledo; comuna 3 La Candelaria; comuna 4 La América; comuna 5 El Poblado; y comuna 6 Belén. Cada comuna con barrios de características homogéneas y proximidad territorial.

En Belén se abrió, a finales de la década de 1950 y principios de 1960, la carrera 76 hasta la Gloria y el anillo medio occidental (Carrera 80 hasta la 30).

En su política de fomento, el Estado colombiano contó con el apoyo tanto de constructores como de la iglesia católica, la cual, para esa época, construyó urbanizaciones como el denominado barrios de Jesús en un sector entre el barrio San Bernardo y la fracción de Las Margaritas, ambos divididos por un afluente denominado Caño Panorama, el cual fue entamborado y se realizó su relleno en la década de 1990, con el material retirado para la construcción de la Terminal del Sur, en un extremo de esta ladera se construyeron la torre Bosques de San Bernardo.

El hoy denominado barrio Las Playas contiguo a los anteriormente mencionados y la parte baja del barrio Altavista fue construido por el Instituto de Crédito Territorial (ICT), como parte de la política de fomento, con las especificaciones que el mercado estaba imponiendo; los lotes para construcción eran de 72 metros cuadrados, reducidos en algunos casos a 60 metros cuadrados, y las vías de acceso a la vivienda pasaron a 9 mts. de sección, de allí la particularidad vial del barrio Las Playas, para esa época esta misma entidad (ICT) había construido los primeros edificios multifamiliares, la urbanización Rafael Uribe Uribe.

También por iniciativa de constructoras privadas se habían construido barrios como La Nubia, Rosales, Fátima y La Castellana. A finales de este período y principio de los 80, Cadenalco había construido en un proceso de reloteo de la denominada finca de la Familia Medina el LEY de Belén, luego el otro lote de esta finca dio origen al denominado Mall de la 76 urbanización Quintas de Veracruz.

Belén y su incorporación a la ciudad Moderna: Hasta mediados de la década de 1980 la parte periférica de Belén estuvo libre de proyectos de construcción, era común para los habitantes de la centralidad realizar paseos de olla a la parte alta de Belén Rincón, a sectores como el Manzanillo y la parte central de Altavista (hoy corregimiento), a la casa de La Piedra y la cascada de aguas cristalinas cerca de las areneras del sector llamado La Perla, detrás de donde hoy existe la Perrera Municipal. También era frecuente asistir a las fiestas de la arepa en Belén Rincón, fiestas que incluían reinado.

Varios factores realizan en este periodo la integración de estas tierras al mercado inmobiliario de la gran ciudad, como en el primer proceso, la expansión de la malla vial de la comuna, se destacan en esa época la continuación de la carrera 80-81, la circunvalar 84 y la calle 1 sur que une a la parte de Belén Rincón con la carrera 80-81, además se construye la carrera 70, paralela al hoy Aeroparque Juan Pablo II. Igualmente se dan pequeñas construcciones en sectores que hasta ese entonces eran rurales como los lotes de doña Enriqueta en el sector de Belén Rincón en donde se construyeron las urbanizaciones Tejares del Valle y Balcones de la Serranía y en la parte de Las Violetas se construyeron apartamentos y casas como Altos del Castillo.
Sobre la carrera 80-81 se empiezan a desarrollar programas de vivienda para sectores medio-alto con la construcción de unidades residenciales como La Mota, El Enclave, Kalamari, Quintas del Plantío; Campanas de la Mota, y Vegas del Rodeo; ya antes sobre este corredor se había construido la urbanización Nueva Villa de Aburrá y la Urbanización Tierralta junto al hoy mercado Consumo.
Un segundo factor es el cambio que se dio en la división territorial de la ciudad en el año 1987 según el Acuerdo 054 de ese año, que incorpora dos nuevos conceptos el de Zona y el de Comuna. Las primeras fueron delimitadas de acuerdo con perímetro urbano, las segundas, es decir las comunas, son tomadas como la mayor división de las zonas urbanas, identificadas por la relativa homogeneidad socioeconómica y cultural; entonces la ciudad quedó dividida en seis zonas y 16 comunas, la zona 6 incluyó a la comuna 15 Guayabal y a la 16 Belén, separándose la parte rural de Belén y convirtiéndolo en el corregimiento de AltaVista.
Un tercer factor es el cambio que se da en la administración política de la ciudad con la irrupción de las Juntas Administradoras Locales (JAL) a finales de la década de 1980, las cuales aplicando el acuerdo 054/87, debían tener muy claro su radio de acción y determinarlo en su zona y comuna, para empezar a obtener de cada barrio un banco de datos, su memoria y significación.

El Acuerdo Metropolitano Nº 09 de 1992 con el cual se amplió el perímetro urbano de la ciudad, permitió en esta comuna 16 algunos asentamientos humanos con características urbanas similares como eran: el entorno físico, el desarrollo histórico, las facilidades de acceso, la identificación de la comunidad con el territorio, la homogeneidad en las características de la población, la identidad de las necesidades y los elementos sociológicos aglutinadores de la población. Es así como se conformaron en Belén los barrios Villa de Aburra y El Nogal-Los Almendros.

La división territorial se estructuró con el Decreto 997 de 1993, el cual recogía el acuerdo 037 de 1992 que autorizó al Alcalde para realizar el ajuste de inventario de barrios de la ciudad de Medellín, y es así como se realizan modificaciones en el límite de las comunas 11 Laureles, 12 La América, 15 Guayabal y 16 Belén, quedando así:

Las Mercedes pasa de la comuna 12 La América, a la comuna 16 Belén.
El Rodeo y La Colina pasan de la comuna 16 a la comuna 15 Guayabal.
El cerro Nutibara pasa de la comuna 15 Guayabal a la comuna 16 Belén.
Miravalle pasa de la comuna 11 Laureles a la comuna 16 Belén.
A la fecha nuestra Comuna 16 Belén, tiene definidos 21 Barrios.

Belén y la planeación de su territorio: La planeación del territorio de Belén está integrada a los procesos de planeación que desde el orden central se han planteado el desarrollo de la Metrópoli que se inician con la creación de entidades como El Área Metropolitana del Valle de Aburrá (ordenanza 034 de 1980), la integración reglamentada de la Junta Metropolitana (Decreto 038 de 1981), y la reestructuración de la Oficina de Planeación Municipal con funciones Metropolitanas (Decreto 040 de 1982), con estos elementos se realizaría en 1982 el primer plan de desarrollo, denominado: Plan de Desarrollo de Antioquia 1983-1986, donde se planteó el proceso de descentralización municipal y se afirmó la necesidad de incluir a la ciudadanía en la formulación y ejecución de los planes de desarrollo, complementado con la elección popular de alcaldes y las consultas populares como los primeros mecanismos para la participación ciudadana en la planeación de sus territorios.

La primera aproximación a un proceso de planeación participativa en Belén se da cuando, con la coordinación de la Consejería Presidencial para Medellín, se realiza el Plan Estratégico que programa varios foros para abordar los problemas y los retos de las zonas de la ciudad y se consulta a la comunidad en general, generando las mesas permanentes de trabajo de discusión y proposición, éstas son: Educación, Empleo, Cultura, Medio Ambiente, Espacio Público y Territorio, Vida y Derechos Humanos, Juventud y Comunicaciones, dentro de este proceso se asiste al primer Foro los días 5 y 6 de julio de 1991 en las instalaciones de Comfama en Cristo Rey, allí las comunas 15 y 16 y el corregimiento de AltaVista, plantearon las propuestas para el desarrollo de la zona 6, las que quedaron consignadas en el documento de 1994, dentro del Plan Estratégico presentado por la Consejería, muchas de las cuales, al ser releías hoy, después de 16 años, son iguales a muchas de las propuestas presentadas en el desarrollo del actual Plan de Desarrollo Local Fase II.

En el año 2005 por iniciativa de la Mesa Político Institucional de la JAL y de la Asociación de Juntas de Acción Comunal, ASOBELÉN se plantea la urgente necesidad de la continuación de la elaboración de un Plan de Desarrollo para Belén y se le asigna, dentro del Presupuesto Participativo de ese año, recursos para su Primera Fase, ejecutados en el 2006. Nuevamente, en el Presupuesto Participativo del 2006, se asigna unos dineros para su Segunda Fase, que concluye hoy con la publicación de este documento

Referencias: