viernes, 11 de julio de 2014

LOS ESTUDIANTES DE LA UNIVERSIDAD Beatriz Villegas

Crónica de una revuelta inusual vista por una niña de principios de los años 70: los desórdenes protagonizados por los estudiantes de la Universidad de Medellín, institución privada, que siempre ha sido ajena a este tipo de manifestaciones.

En la tarde cuando llegamos del colegio, al bajarnos del bus en la calle 30 había una zozobra en el ambiente, la empleada del servicio nos acompañó hasta la casa en un acto inusual de protección, estábamos habituados a caminar las cinco cuadras por la acera y aprendimos que no había mayor peligro, pero esa tarde los ojos de Irene  estaban alerta y no escondían un temor por algo que más tarde nos enteraríamos.

Al cabo de media hora de llegar a la casa un sonido de voces uniformes en un canto monótono pero agresivo en su volumen comenzó a llenar  las calles desde las cuadras de arriba, mi mama no nos dejaba asomar por el patio trasero  que bien hubiera sido una atalaya porque dominaba la vista de la calle 30 desde la universidad de Medellín  hasta el cruce con nuestra calle.

El rumor iba y venía los pasos marchantes desde lejos anunciaban una rebelión explicita y sería una aproximación brutal pero inquietante a la violencia.

A la esquina de nuestra cuadra llegaron los carros cargados  de policías armados de  escudos y de cascos con unas moles de bolillos que a nuestros ojos de niños se antojaban enormes, asistimos desde la ventana a la que le quitamos las celosías para poder sacar la cabeza sin que los adultos de casa se enteraran; los agentes  bajaban rápidos, se colocaban atrincherados detrás de los árboles y se ocultaban en los muros de las casas, el jefe gritaba órdenes en tono  excitado, los policías obedecían y asentían callados esperando la turbamulta que bajaba  compacta como una peste de abejas zumbonas.

Habían pasado unas dos horas de gritos desmedidos de los estudiantes y de espera paciente de los policías y  de repente un muchacho peludo tiró una botella con gasolina  hasta el sitio de guardia de los policías, esto los enfureció y comenzaron a perseguir a los estudiantes, desde nuestra trinchera asistimos  a los bolillazos en la espalda,  y las patadas brutales a los que lograban atrapar. Los muchachos arrogantes  en masa empujaban a los policías y lograban cercarlos mientras el jefe los instaba  a permanecer en calma, mientras gritaba como un energúmeno amenazando a los estudiantes con las manos en alto. No logramos adivinar en qué momento se abalanzaron los muchachos contra los policías en una masa  amorfa y enardecida que lanzaba piedras, botellas y gritos dispares y  agresivos, de modo que los policías también una masa verde, empujaba, golpeaba y vociferaba.

En la ventana  desde donde mirábamos apareció un muchacho bajito moreno con los dientes muy grandes y blancos al que habíamos visto golpear a los policías con furia, y lanzar papas explosivas que sacaba de  su mochila como un mago saca  palomas, cada una explotaba más cerca de nuestra ventana y los policías lo iban cercando,  nos rogó con la mirada que abriéramos la puerta para esconderlo, mi hermano y yo abrimos la puerta de la casa y en un segundo la sala estaba llena de  muchachos, sudorosos y   por primera vez supe a que olía el miedo, jadeantes corrieron hasta el jardín trasero y  saltaron la verja  en una exhalación; de modo que  escaparon hacia la calle  de atrás donde no había ningún disturbio. Mi mama y la empleada se quedaron paralizadas al ver ese  espectáculo de locura y frenesí de los muchachos que desaparecieron sin que los policías se enteraran en sus barbas que habían escapado, mis hermanos y yo quedamos fascinados y hablamos del suceso por muchos días y sin saber por qué se peleaban los dos bandos, nos causó honda a admiración que uno pudiera rebelarse contra la policía y  escapar con vida.

EL TEATRO MARISCAL -APORTES VARIOS-

CRONICA DEL "MARISCAL", EL TEATRO DEL BARRIO


Emilio Alberto Restrepo Baena

El teatro Mariscal fue toda una institución para los jóvenes de Belén de los años 60 y principios de los 70. Ubicado en toda una esquina del parque, la enorme y antigua construcción llena de un extraño encanto nos vio varias veces por semana como bulliciosos testigos de las funciones de cine continuo que sin ningún pudor mezclaban en severos dobles al "8½" de Fellini, con joyas del western spaguety, como “El Bueno, El Malo y El Feo” o “Los cuatro del Ave María”. Allí desfiló una interminable lista de películas de aventuras, empezando por los pistoleros como Dyango, Sabata, Sartana, Trinity, Ringo; inmortales, imbatibles, fumadores, sucios, con una mirada penetrante llena de desprecio y una barba de 8 días, de certera puntería, que cobraban recompensas, amaban con indiferencia a la reina del cabaret de turno y una madrugada partían por la llanura hasta la película siguiente.

Allí vimos todas las películas de chinos, las buenas, las malas; febriles producciones llenas de puños, gritos y brincos inverosímiles, mortales golpes de héroes que derrotaban sin armas a hordas enteras de enemigos quienes en tropel rodeaban al muchacho, el cual en silencio los batía uno a uno, hasta llegar al enemigo principal, a quien invariablemente derrotaba en el sangriento combate final de la película. Era interesante ver como luego de la función salíamos las docenas de niños del teatro voliando pata a lo Tribilín y chillando como condenados en una extraña posesión que nos duraba varios días. Bruce Lee fue un ícono de nuestra generación y sus afiches empapelaban nuestros cuartos mucho antes de que las imágenes de modelos y actrices en cueros o las grandes estrellas del rock lo destronaran de su pedestal

Nunca pudimos olvidar las películas de cantantes. Era emocionante vivir las simplezas de Rocío Durcal, Marisol, Joselito, Angélica María; la superación de Enrique Guzmán que siempre era el muchacho pobre que con sacrificio enfrentaba al destino, los suplicios de Palito Ortega a quien lleno de ritmo y románticas canciones en todas las películas se le moría la mamá, que casi siempre era Libertad Lamarque. ¡Eran una nota! Sabú, Sandro, Leonardo Fabio, Raphael y hasta Julio Iglesias crearon la ilusión de un mundo lleno de canciones y emociones donde el bueno siempre triunfaba y donde todos los problemas se resolvían con música. También pasaban a los mejicanos cantando sus rancheras a grito herido en unos bodrios insufribles y pésimamente dramatizados, pero pegando con mucha fuerza en el gusto popular.

El humor era vital. Por allí desfilaron Viruta, Capulina, Cantinflas, Borolas, Tin Tan, Abott y Costello, Buster Keaton, Chaplin, Los 3 Chiflados y todos los que con gracia nos arrancaban carcajadas. Mirando hacia atrás, hay muchos que hoy no nos provocarían ni una mueca parecida a una sonrisa, pero que en su momento fueron muy graciosos. En especial, hubo varios que nunca volvimos a oír mencionar, como Pili y Mili, Los 3 Supermen, Los Loquitos, Lando Buzanca, Mauricio Garcés. A estas películas íbamos en gallada, y luego nos sentábamos en la esquina a contarnos una y otra vez los tiros, a imitarlos, a sacarles jugo.

Otro estilo que con el tiempo entró en desuso y cayó en un triste olvido, fue el género de los luchadores. Cuántas horas gastamos haciendo fuerza con las aventuras de Santo "El Enmascarado de Plata", Blue Demon, Milmáscaras y varios macancanes mexicanos que se metían en las historias de acción más endiabladas, en unos cuentos todos retorcidos y peor actuados. Crearon una verdadera devoción entre nosotros, teníamos sus afiches, copiábamos el diseño de sus máscaras, coleccionábamos los álbumes de figuritas. El paso del tiempo acabó con ellos. Hoy sólo son un grato recuerdo. Es mejor tenerlas en la memoria, pues es claro que hoy en día no vale la pena ni siquiera intentar verlas.

Era un teatro sano. Rara vez presentaban películas de pornografía. Recuerdo especialmente una, "Las Masajistas", la primera que vi en la vida, a los 8 años, la cual me proporcionó un complejo de culpa que me costó confesión y amenazas de infierno eterno cuando le conté al ingratamente recordado Padre Villegas de la Parroquia. (En una época en que todavía no se desnudaban los vicios de pedofilia y abuso de los prelados de la santa madre iglesia y hablar mal de los curas era un pecado que condenaba irremediablemente al fuego eterno. Satán lo tenga en sus aposentos)

Cuando crecimos, el vacío de cine rojo lo llenó el teatro el Dorado de Envigado, en donde nos dejaban entrar sin pedirnos documentos y donde desfilaron desnudas todas las actrices y los sueños de entonces.

En el Mariscal o "Metropulgas" de nuestros afectos nunca existió la censura; no había ningún criterio de selección de las películas. Invariablemente en el público predominaban los pelados en manadas. Eran ensordecedores los chillidos y silbidos cuando la película se demoraba para empezar, cuando empezaba, cuando se reventaba el rollo, cuando mochaban una escena, cuando el galán besaba a la muchacha o cuando mostraban senos. Era casi un himno cuando en un coro unánime todos gritábamos "-¡Soltá al pelao!"- cuando por alguna falla técnica se interrumpía la película y el pobre proyeccionista pagaba los platos rotos con insultos que infamaban invariablemente a su madre y cuestionaban su hombría. ( A propósito, nunca he terminado de entender por que todos los encargados de las proyecciones en los teatros de barrio, así como los sacristanes de iglesia tienen irredimiblemente fama de homosexuales vergonzantes y muchacheros, y es en todos los barrios). Cuando la luz se apagaba, nos sofocaba el humo que se levantaba en el "gallinero" o parte baja del teatro, más barata y de más mala fama, pues los gañanes prendían los puchos de marihuana y empezaban a tirar objetos, comida, chitos, pedazos de salchichón etc. Las familias o las parejas de novios, o los pelaos sanos, siempre se sentaban en "Platea" en la parte más alta, o en “Balcón”, donde estaban un poco protegidos de los desmanes de atarvanería de los camajanes del gallinero. Era infaltable e irrepetiblemente gracioso cuando en medio del silencio solemne de un duelo de pistoleros, o de un apasionado beso de la pareja de celuloide, un eructo bárbaro, contundente, atronador, rompía la paz, desencadenaba la carcajada histérica del respetable y el consecuente e imparable desorden. Lo mismo cuando el gracioso de turno tiraba una papeleta explosiva en medio de una escena de suspenso que nos crispaba la tensión y los nervios.

Antes de que lo tumbaran para construir un edificio donde ahora figura una entidad bancaria, vimos por última vez "El Mártir del Calvario" con Enrique Rambal, una lacrimosa versión de la Pasión de Cristo. Recuerdo que era en función continua, la daban una y otra vez. Mientras desocupaban el teatro, nos escondíamos en los baños para volverla a ver, para hacerle nuevamente fuerza a Jesús, conservando la esperanza de que en la siguiente versión prevaleciera el bien sobre el mal, pero no, siempre lo crucificaban. Después de 4 o 5 funciones, llegábamos por la noche a la casa, con los ojos hinchados, no sé si de llorar o de ver tanto cine.

En el Mariscal era fácil colarse, pues tenía un vestíbulo muy amplio, en donde era posible turnarse con los amigos para engañar a los porteros. Era muy barata la entrada, casi a la mitad que en los teatros de La América o del Centro. Casi nunca el teatro estaba vacío; por lo que recuerdo, siempre había filas y se veía lleno de gente.

Al Mariscal lo mató el tiempo. Se lo llevó el progreso pues planeación necesitaba el terreno para un ensanche de la calle. Lo mataron los intereses del gran capital. Todos aún lo extrañamos, como en su momento lo lloramos; cuando empezaron a derrumbarlo nos parecía imposible que nuestra fábrica de sueños fuera demolida. Sentíamos que íbamos a quedar vacíos, impotentes ante la desocupación, el tedio y la falta de oficio. El tiempo ha pasado. Cuando lo perdimos valoramos en su real dimensión la importancia de un teatro de barrio. Aún hablamos de él y lo añoramos con nostalgia y gratitud.



Belén y el Teatro Mariscal


"El órgano con que yo he comprendido es el ojo” Goethe.
José Libardo Betancur Pérez


Belén en los años sesenta era todo un pueblo, rodeado de fincas y mangas con ganado vacuno y caballar pastando indiferentes al progreso que se avecinaba. Veíanse aquellas casas con sus abrevaderos, sus corrales, sus gallineros y su olor a leche recién ordeñada. Esos fragmentos pueblerinos se conservarían algún tiempo hasta la llegada irresponsable de los urbanizadores que pusieron el valor de estas tierras por las nubes, constituyéndose en uno de los negocios más espectaculares de esa década en el sector de la finca raíz.

Casonas solariegas de corredores abiertos a la calle, jardines esplendorosos, tiendas y cafetines de mostradores lustrosos y mesas de hierro forjadas al estilo colonial.
El parque, como siempre, ha sido el principal patrimonio urbanístico junto a la Iglesia de Nuestra señora de Belén, con su estilo románico y sus habituales palomas residentes en sus palomares.
La casona más visible y más antigua era –y es- donde funciona la escuela Rosalía Suarez, donde han estudiado casi todas las generaciones de Belemitas.


Casi en la calle treinta 30A con la setenta y seis 76 funcionó el popular teatro Mariscal. Una obra arquitectónica de estilo francés, con una elegante entrada a Luneta y a Palco (con su silletería acolchonada). En la mitad hacia el fondo estaba ubicada galería o el famoso gallinero, dotado de bancas largas de color café, un intenso olor a desinfectante flotaba en el ambiente que era muy soportable media hora antes de la función, por su extraordinaria música ambiental que luego procederíamos a conseguirla. Música italiana, francesa, rapsodias húngaras, Frank Pourcel, Paul Mauriat. Así mismo La Tijuana Brass, Bert Kaempefert…


Antes de describir algunos hechos anecdóticos vamos a dejar constancia de algo fundamental en nuestra vivencia cinematográfica: ¡No existía censura! Siendo la mayoría de edad los 21 años para las películas de adultos-perdón adultas, nosotros aun imberbes ingresábamos por galería y abra bien la boca y ojos que empieza lo bueno.


A mí no me atraía mamar clase para ir a algún lado o a cine, me sentía muy mal y culpado y no gozaba la plenitud de este rato encantador que lo hacía a uno volar con su imaginación.
También sabíamos que había funciones de lunes a domingo en vespertina, matiné y noche. Los lunes era tradicional el doble de películas mexicanas y los miércoles y viernes exhibían ciclos de películas italianas y francesas- la mayoría para mayores de 21 años- y alguna novedad de otros países. No me he podido explicar cómo llegaba cine tan interesante, que no era exhibido en los teatros tradicionales del centro o pasaban por allí esporádicamente.


Fue una oportunidad única que algunos aprovechábamos al máximo. Así fue como aprendimos a educarnos de manera visual y argumenta, reconociendo el valor de un filme o si éste era una desvergonzada lata.


Con los años en tertulias posteriores, intentamos recopilar información acerca de nuestros impactos cinéfilos y cómo nos marcó tal o cual película, ciertos actores-actrices, directores y sus temas musicales.


Hay algo inexplicable, pero ciertos filmes pasajeros, sin gracia alguna y hasta aburridores nos dejaron su huella imperecedera, como si acaso hoy, después de más de cuarenta años, se estuviera proyectando en el teatro Mariscal en este instante de la narración: (en desorden)
→Rocco y sus hermanos con la espectacular Claudia Cardinale, Dir Visconti-Blanco y Negro.
→La Muchacha de la Valija, Visconti. Claudia Cardinale B y N.
→Veracruz: Gary Cooper.
→El Circo: Tony Curtis / Burt Lancaster.
→El Circo: Charles Chaplin
→Abajo el telón: Cantinflas.
→Zabriskie Point: Antonioni.
→El bebé de Rosmary: Polanski
→El Padrino: Coppola / Nino Rota.
→Lo que el viento se llevó: Clark Gable / Vivien Leigth
→Taras Bulba : Jules Brayner.
• Películas de Jean Gabin – Alain Delon – Charles Bronson.
• El Mundo está Loco-loco-loco.
• Películas de Tintan, Resortes, Pedro Infante y Jorge Negrete.
• La Fiesta Inolvidable – Pantera Rosa: Peter Sellers.
• Carmen de la Ronda: Sarita Montiel
• Películas de Gardel.
• La Dulce Vita: Sofía Loren.
• El Extranjero: Camus – Mastroniani.
• Psicosis / vértigo / la ventana Indiscreta Hitchcock.

Un vistazo memorístico que no cubriría toda la filmografía de tantos años en una muestra desordenada no más para dar a entender de qué manera nos conectamos con el 7° arte.


El sector del teatro llamada galería era en ciertos días, como el lunes y en los estrenos espectaculares, un antro de desorden y abierta vocinglería, en donde se fumaba con tanta intensidad que parecía como si la pantalla flotara en una especie de nube gris y sofocante. Los olores era fétidos y se lanzaban colillas, frutas de mango y mamoncillo a diestra y siniestra sin perdonar pinta.


El perfume penetrante de la marihuana se filtraba por los asientos y transmitía ciertos efectos trastornadores que obnubilaban la mente y sensibilizaban ojos y oídos. Si por si acaso la película era erótica, no faltaba el depravado al acecho junto o detrás de la banca o con los ojos desorbitados en los orinales cerca al telón.


Gritar y gritar duro era una especial cualidad para reclamar ante un tijeretazo a la película, una parada intempestiva del rodaje o una descarada flatulencia en un momento sublime iluminado sobre el telón. Era necesario protestar, no pagábamos pues por eso!


Los De La torre, Lorenzo y Andrés cogieron fama y la sostuvieron con su voz de pecho al estilo de los mejores barítonos y tenores operáticos, Octavio hijueputa soltalo. Refiriéndose al irascible Don Octavio el eternísimo administrador del teatro. ¡Ladrones hijueputas, devolvenos la plata!



Los que sueñan de día son conscientes de muchas cosas que escapan a los que sueñan solo de noche”
Edgar Allan Poe.

coda:

Los Gladiadores
Primero fue en cine, en el teatro Mariscal, en los dobles mejicanos de los lunes vespertina y noche. Las series estremecedoras de El Santo, el Enmascarado de Plata. Que luchaba dentro y fuera del ring como adalid de la Justicia.
Algunos adversarios en el ring también usaban máscaras totales de cabeza y rostro, de la cual eran despojados cuando eran vencidos, era el caso de El Águila Negra, Frankestein, La Momia, The Blue Demon, La Araña, El Payaso, en fin una hilera de héroes y malvados que hacían estremecer a los espectadores, que como en las corridas de toros, van ocultando su sed de violencia y de sangre.
Luego olfateando la creciente afición por la lucha libre, se montó un campeonato en el Coliseo cubierto y se disparó la moda con máscaras y todo, trayendo como consecuencia el aumento en la demanda de atención ortopédica, oftalmológica, neurológica, odontológica y urológica.
La fiebre alcanzó con mayor efervescencia al Liceo San Rafael que contaba coincidenciamente con gladiadores propios en sexto bachillerato. Gigantones que aprovecharon su dotación física innata para montar sus propios espectáculos, surgiendo imitadores decididos como Carecrimen, Kol-Kana y el Gorila Arango.
De la noche a la mañana el parquecito de los Villegas fue convertido en un coliseo al aire y noche libre, armando verdaderos combates, innovando llaves maestras, golpes bajos, torcidas de cabeza, apretón de testículos a traición, mordeduras salvajes en las nalgas, apagamientos de ojos, sofocos por estrangulamientos, esguinces y patadas de despedida.
Famoso fue en esos improvisados torneos la patada voladora del Gorila Arango, que casi deja trompón a Kol-Kana de por vida, produciéndole un hematoma sanguinolento como el hígado de un marrano con hepatitis.
No recordamos si la moda de los Gladiadores continuó, el caso es que KolKana pasó su incapacidad en Aranjuez. Se dedicaría a otro tipo de lucha, pero con trompadas morales.

Otra Coda: Hablando de los teatros de barrio, casi todos desaparecidos, recomendamos esta crónica:

http://www.periodicoelpulso.com/html/0910oct/cultural/cultural.htm

jueves, 10 de julio de 2014

HABLANDO EN EL BARRIO: UN TORRENTE DE PROPUESTAS PARA ENRIQUECER EL LENGUAJE

Los barrios son una cantera de expresiones que alimentan el lenguaje. Belén, barrio en el que confluyen todos los estratos y toda suerte de personalidades y culturas nunca se ha excluido de la influencia de la "lengua popular". Aquí un ejercicio de recopilación con el oído atento.
Emilio Alberto Restrepo

El idioma es muy dinámico, siempre está en un constante crecimiento y transformación. Y el español sí que lo es. Vemos cómo palabras entran y salen, cómo términos antes impensados hoy lo enriquecen. Hace treinta años, ¿quién iba a pensar que palabras de extracción netamente popular, extraídas directo de la esquina como bacano, chévere o malandro iban a tener su sitio de igual a igual con las más encopetadas que provenían de los salones y las rancias oficinas de los académicos?

Haciendo una recopilación de vocablos escuchados en las calles, en el centro, en la esquina, en la cuadra, en la tienda, vemos cómo muchos trascienden el sentido común o pintan imágenes o definen el punto exacto de lo que quieren expresar. Trataremos de ser fieles a las frases que las motivaron para que se ubiquen de manera fiel al contexto que las generó. 

Vale la pena pensarlas y disfrutarlas. Casi todas tienen una música envolvente y una lógica incontrovertible de barrio. Ah, y no se molesten buscándolas en el DRAE. Aún no aparecen ni por equivocación. Ya les vendrá su momento (o eso esperamos por lo menos)

Alquilino. (refiriéndose al que alquila. "No he podido echar al alquilino. - ¿Te refieres al inquilino? - No, ese es el que vive en un inquilinato. Me refiero al que alquila, al alquilino".) 

Atarvaniar: (Si bien la palabra original no está en el DRAE (no con V no con B), su uso es muy común en el lenguaje popular para referirse a un grosero, insolente, agresivo. "Ese señor es un problema. Cuando se emborracha, le da poratarvaniar a todo el mundo")

Bajotecheando: (Estar bajo techo, protegiéndose del sol o la lluvia. "-¿Por qué no  me esperó en la esquina? - Estaba bajotecheando mientras usted llegaba, pues el sol de mediodía estaba muy picante")

Carcajiente (así como el que sonríe es un sonriente, el que se carcajea es un carcajiente. "Ese muchacho es un carcajiente. Estaba doblado de la risa")

Cariacontecido: (Tener cara que denota depresión, tristeza o abatimiento. "Yo no sé que le pasa a mi jefe, pero desde que enviudó, está cariacontecido, parece otra persona")

Desangarillado: (Maltrecho, desajustado. " Desde que tuvo el accidente, camina todo desangarillado, todo cojo, como si estuviera patuleco")

Descobalado : Similar a la anterior.

Desconversar: (Volver atrás lo ya dicho. Deshacer lo conversado. "Mire con despacio la finca. Si nos ponemos de acuerdo, perfecto. Si no le gusta, desconversamos el convenio y parte sin novedad")

Desmentizar: "Ir perdiendo las facultades mentales por demencia, senilidad o drogadicción. "Ese manestá reblandecido del cerebro. Ya ni piensa. Se puso a comer hongos y se empezó a desmentizar.")

Empelicular:(Creerse uno mismo un cuento inverosímil. "Ese tipo se mantiene empeliculado, a toda hora cree que lo están persiguiendo o que su mujer se la está jugando")

Empanicar: (Llenarse de pánico o un temor extremo a algo. "Desde que lo atracaron, quedó empanicado y no es capaz de salir solo a la calle")

Emputecido: (Estar iracundo, mucho más que molesto o enojado."Estaba emputecido como una fiera. Parecía un demonio, deformado por la rabia")

Entrepiernado: Tener contacto físico muy cercano con alguien. "Póngale cuidado a la muchacha, que la vi todaentrepiernada con el fulano ese y le resulta un día de estos en embarazo"

Estromacante: (Es un extravagante elevado a la ene potencia, que de lo fastidioso, exaspera. "Ese yerno suyo no es simplemente cansón. Es  inmamable, se vuelve insoportable de lo estromacante que puede llegar a ser"

Estupidizar: Similar a desmentizar: Yo no sé que le pasa a mi mujer. Llegó a vieja y no entiende nada, todo lo hace al revés. Entró en un proceso lento de estupidización".)

Floripondio: De ademanes suaves y femeninos. Homosexual de aspecto amanerado. "Al grande no se le nota. Es rudo y machote. En cambio el otro, el suavecito, es todo un floripondio")

Guarnaquetudo: Similar a Desangarillado, Descobalado.

Malambientar: Hablar mal de alguien, dañarle la reputación. "Lo que pasa fue que cuando llegué, ya el tipo me habíamalambientado la fama, había hablado muy mal de mí.")

Malparidez: Sentirse mal, estar muy afectado por una situación. "Desde que me dejó por otro, no se me quita la malparidez. No me provoca ni salir a la calle.")

Maniculeteteo: (Tener contacto físico muy cercano con alguien, manoseo que implica una aproximación sexual. "Esos ya son pareja hace rato. En la finca se pasaron todo el tiempo en severo maniculiteteo")

Maniquebrado: De ademanes suaves y femeninos. Homosexual de aspecto amanerado. "Desde que lo vi tan suavecito, supe que era un maniquebrado. Es toda una florecita.")

Paniquiar: Similar a  empanicar.

Terapiar: (Darle una paliza. Darle un escarmiento. " Como es tan bocón, le mandé dos tipos a que lo terapiaran para que aprenda. Eso le pasa por soplón.")

Tontonielo: (Cuando alguien que uno estima hace estupideces. "Pobrecita mi tía. Después del golpe en la cabeza quedó toda tontoniela")

Tropelioso: (Combinación práctica de Tropel y Lío. O sea un conflictivo extremo. "Su hermano no es que sea problemático. Está pasado de meter a la cárcel. Lo que pasa es que es un tropelioso que donde llega hay que desocuparle"
Otras que también se escuchan con alguna frecuencia:
- ¡Retrodezca, retrodezca!. Deformación de retroceder (retrodezcar) que utilizan los cuidadores callejeros de carros, trapo rojo al hombro.

 - Tarupido: Alguien tan bruto, tanto, que es la combinación de un Tarado y un Estúpido.

 - Malpajorro: Una eficiente forma de insulto, elegante incluso, que se combina de Malparido, pajizo y cacorro.

 - Las prostitutas de hoy en día ya no se llaman así, ni simplemente putas. Son prepagos, fufas o fufurufas.

 - Cuando alguien tiene un gran deseo sexual, dice que está en un estado de Puntuditud, Arrechitud o Ganozidad.
 - Cuando una pareja convive sin haberse casado por el rito civil o de la Iglesia,  si no se les tiene mucho afecto o la mujer tiene mala fama o si se cree que atrajo al hombre con bebedizos o brujerías, se dice que  son Concubernidos, enrejuntados, o amanceculidos

 - Cuando un hombre mira a una mujer con lascivia, de una forma vulgar y descarada, se dice que tiene en ella un interés de tipo "Ginecopenetrativo".

 - Cuando alguien tiene un miedo profundo, súbito, con ganas de orinar o de defecar, incluso con cólico en el estómago, dice que está "Enculimbrado del miedo"


 - Cuando alguien tiene malestar de gripa o fiebre, escalofríos y dolor muscular, dice que tiene el "Cuerpo disgustado" o que le está  "rabiando el cuerpo o las carnitas"

* La palabra man se utiliza tanto o más que su equivalente hombre, tipo, fulano. También se dice mancito. Yo creo que ya es hora de que la RAE la acepte de una vez, aunque sé que esos mancitos son muy tercos.

jueves, 3 de julio de 2014

EL CAMINO QUE LLEVA A BELEN Hugo Bustillo Naranjo


Crónicas de caminantes y caminos

                            


Las trochas, andurriales, atajos, sendas, senderos, vías, desvíos, camellones, callejones, callizos, ramales, ramificaciones, rutas, rumbos, rondas, cursos, veredas o bifurcaciones; marcan y enseñan la historia de todos los espacios, vericuetos y rincones de un territorio. Son el primer paso en la libertad del caminante. Caminos de servidumbre, de herradura, de piedra, de ronda, de sirga, serranos, vecinales, carreteables, trillados o reales; hoy los evocamos, repasamos y recorremos; en  la temporalidad de Aburrá de los Yamesíes, Sitio de Guayabal, San Antonio de Aburrá, Otrabanda y Belén. 

Los Caminos y sus Vidas

El primer sendero que conoció San Antonio de Aburrá lo denominaron Camino de San Lorenzo. Por este se dirigían al pueblo y resguardo del mismo nombre, que en marzo de 1616, había fundado el visitador don Francisco Herrera y  Campuzano. Probablemente, portó este bautizo, hasta 1646, cuando el poblado es trasladado al ángulo formado por la quebrada de Aná y el río de los Aburráes y le donan el nombre de Nuestra Señora de la Candelaria de Aná.

En la confluencia de las quebradas Guayabala y Altavista con el río Aburrá se formaba una enorme playa, un playón, y debido al estrecho cauce del agua; este era el paso obligado. Fue conocido como la Puerta del Guayabal. La canoa y la balsa eran el enlace primitivo entre las dos bandas del Valle. Después los puentes colgantes, de lianas, bejucos y de tablas afirmadas con sogas, se utilizarían, sobretodo, entre estas riberas y a lo largo del afluente.

Cerro  Marcela de la Parra

Muy cerca de la riba y de la base “de un cerrillo redondo que está en medio del valle” como describía el gobernador de Popayán, don Pedro Fernández del Busto, en 1575, al Cerro Nutibara (en el pedimento de tierras que reclamaba don Gaspar de Rodas sobre el Valle de Aburrá y que le fueron concedidas) estaba situada, a partir de 1665, la propiedad de doña Marcela de la Parra. Al declive se llegaba por el desvío, una ramificación de  la ruta principal, mejor llamado Camino del Sitio. En su inicio llano, desde su trazado in illo tempore, es el mismo que hoy en su existencia deleita como la calle 30a o calle Céspedes.

Doña Marcela, era hija de don Juan de la Parra y doña Leonor Márquez. Desde los 21 años tuvo relaciones con influyente Alonso Velásquez de Obando-Mera y luego legalizó su unión en 1647. En julio 27 de 1665 murió don Alonso. “la Cacica” como era apodada, defendiendo para los suyos la herencia y heredad, sostuvo un largo y reñido pleito con los acreedores de su esposo. Además con dos hijos naturales y reconocidos, que éste engendró con doña Magdalena Gómez, llamados Francisco y Margarita. A partir de la última fecha en mención, nuestro cerro símbolo, no sólo de Belén sino de Medellín y Antioquia pasó a llamarse  Cerro de Marcela de la Parra…

El Camino del Cardal

El Camino de San Lorenzo terminaba su andar en medio de las gigantescas palmas de la solariega hacienda, de la Familia Toro y Zapata, los iniciales dueños del latifundio. Expandida entre la Altavista y la Picacha y blindada  por los cauces naturales y cárcavas de estas.

Cambiando de siglos y estructuras arquitectónicas, en los años setentas, el Banco Central Hipotecario urbaniza en aquel lugar, el barrio La Palma, con generosos espacios internos y externos para sus compradores, quizás queriendo emular la amplitud de sus antiguos dueños y recordando con el nuevo nombre, la  gran familia de las palmáceas que siempre adornaron a Otrabanda, que estuvo perpetuamente acompañada de cascos de vaca, pinos, arrayanes, guayacanes, chaparrales, eucaliptos, guamos y más.

Heredero de la primera vía nació el Camino Real de San Antonio. Era una de las primeras salidas al sur del Valle de Aburrá desde Belén. Se conectaba por medio del Camino del Cardal a la Valeria (Caldas) justamente como al Camino Serrano de la Clarita y luego esencialmente cañón del río Cauca; desde donde llegaban las grandes manadas de ganado. Con el tiempo este ramal, lleno de zanjones, se convertiría en las carreras 79 y 80 en salida hacia la posteriormente designada Autopista Sur.

Las Trazas de Cubiletes

Como Cubiletes se conoció una de las rutas más frecuentadas. Empezaba su agitado y alegre recorrido en los cañaduzales y el trapiche de don Juan Medina, a orillas de la Altavista (Sucre), se internaba en los terrenos paneleros y galpones de los señores Salvador Velásquez y Joaquín Palacio (la Gloria), cruzaba las tierras de doña Beatriz Saldarriaga de Gallón (la Nubia), se encantaba con los frutales de don Eliseo Medina (San Carlos),  respiraba en la propiedad de la Familia Arango (las Margaritas), miraba de reojo la finca de don Pablo Bernal (la Loma), pasaba envolatado por la antigua granja de la Mota de Leonardo Moreno, saltaba por el Rincón las quebradas el Cangrejito y la Pavón y se ensimismaba tocando las parcelas de Santiago Cano (el Saladito), Estrella y Marcos Saldarriaga (Balcones de la Serranía-Ciudadela del Valle), Pedro Gutiérrez Cruz (Naranjal), Delio Gutiérrez (San Francisco-barrio Bolsa), Joaquín Restrepo (el Ñeque) y Víctor Estrada (barrios de Jesús). Subía el Altico y cuando divisaba desde el desfiladero, el torrente de la Guayabala en la Hondonada, se despedía del Camino al Manzanillo. Seguía de frente por el frondoso y arbolado sendero que distinguían los dominios de Carlos Correa (Club el Rodeo), el campo ganadero de Santiago Díaz (Campos de Paz), para terminar en el cortijo de José Vicente Villa recordado como la Santa Cruz (Betania) y su explanada de Careperro. Este deambulado, aventurero y nómada Camino, como las diferentes rutas, rumbos y destinos, fueron el patrimonio donde germinaron sonrientes y victoriosas las nuevas eclosiones barriales de Belén.

El Bosque de los Perdidos

El Camino del Manzanillo partía desde el antiguo Bosque de los Perdidos (Este frondoso oasis compartía las cuitas y secretos de muchos amantes que, incesantemente, lo visitaban hasta que llegaron las urbanizaciones) en la salida desde el Rincón al caserío Capilla del Rosario (hoy barrio). Era de suelo empedrado hasta la entrada de la Ermita de la Virgen de la Piedra (1857). Desde ese punto se convertía en una trocha incómoda y pantanosa durante el invierno. Jinetes y cabalgaduras así como sus caminantes añoraban los refrescantes soles del verano. Los arrieros, con sus recuas de mulas, que pestañeaban por el atajo hacia San Antonio de Prado y sus veredas camineras, jamás olvidaban en el Pico del Manzanillo, sus ofrendas, rezos y espermas; a la imagen de la Virgen del Rosario (1920) que velaba sus rumbos y Soberana extendía su protección.

Cuando se conforma como vereda un espacio del ulteriormente llamado San José de Manzanillo; sus habitantes unidos a demás sectores regionales, cada 11 de marzo, iniciaban la novena y las fiestas patronales. Las verbenas, los bailes populares, la pólvora y la marranada llenaban de alegría, gozo y regocijo a sus moradores e invitados. Lo más esperado era la anhelada carrera de caballos. Esta prueba de galope la realizaban, por la citada senda,  hasta donde se encontraba el tramo principal del nuevo asentamiento.

La gran mayoría de los habitantes de la vereda trabajaban en los extensos suelos lecheros, del emplazamiento, que empezaron a surtir a Medellín del preciado líquido lactoso y sus derivados; a partir de los años treintas del pasado siglo. La familia Agudelo y los hermanos Enrique y Gustavo González; eran los propietarios de la Ceiba y la Higuera. Cuando Enrique es nombrado director de la Cárcel Distrital de la Ladera, en la época de la violencia, le es concedido el permiso para que, con el trabajo forzado de los reclusos, construya una nueva arteria hacia el Cerro del Manzanillo.

La Cascada de Altavista   

Desde el añejo villorrio de Sucre (hoy llamado barrio Altavista parte baja) despertaba con aroma de pan, pandequeso y buñuelo, (sus habitantes eran expertos horneros) el llamado Camino del Encanto. En su ascenso, al pasar por “Cantarranas”, el hálito de tabaco fresco aletargaba al transeúnte. Los sombreros de caña y canastos lo esperaban franqueando Buenavista. El barro rojo, el mismo que utilizaban en todas las alfareras, tejares y ladrilleras, que se encontraban amañadas sobre la garganta de la quebrada Altavista, lo acompañaban para llegar al barriecito-cantina del Encanto. Allí al tope de la loma, se regocijaba con la cuarteada montaña del Barcino y todos sus vergeles. (Por allí afloraba la ronda que llevaba al nacimiento de la Quebrada donde sus aguas impolutas, danzarinas y amistosas; conformaban una cascada, una gentil catarata, oasis predilecto de paseos escolares y demás). Seguía en su asombro el rumbo de la vereda. Igual se encontraba con ese tesoro de filigrana, respetado como el Camino de Piedra (que aun disfrutamos como patrimonio) que milimétricamente construyeron nuestros antepasados indígenas. Por esta vaguada se llegaba al suroeste y concretamente a San Rafael de Heliconia. (Bueno es recordar que fue el primer poblado de Antioquia que pisaron los españoles. Lo llamaron Murgia, por sus maravillosas, gloriosas y explotadas salinas, y después Guaca debido a la enorme cantidad de tesoros enterrados por sus nativos Arvíes, Guacos y Titiribíes; encontrados por los conquistadores hispanos).  

 

Las Ánimas y Susanita

En Patuca, desde el atrio de la iglesia sentido norte, se extendía el Camino de las Ánimas que conducía al cementerio y al barrio Cárdenas. Así fue llamado desde la compañía permanente que recibía Susanita Gómez por las Almas Benditas del Purgatorio. Se recuerda que su casa habitación jamás fue saqueada y se daba el lujo de no echarle llave a ninguna cerradura. Siempre el segundo día de noviembre desde las seis de la tarde y durante doce horas en su domicilio se rezaban los Padrenuestros y Avemarías por el eterno descanso de los fieles difuntos. Durante mucho tiempo la vieron acompañada de personas amables, pero extrañas a todos, que la rodeaban, cuando en altas horas de la noche salía en busca de su hermano Quico, quien se quedaba dormido en cualquier cantina de Patuca. Cuando dejó de existir Susanita, lo llamaron de Pilar Londoño, por algunas propiedades que esta señora había adquirido en el sector.    

El barrio Cárdenas (Miravalle) se convirtió en un exquisito punto donde las familias Morales, Uribes y Ramírez, elaboraban con delicadeza y refinamiento, bizcochos para matrimonio, tortas negras envinadas, marialuisas, encarcelados de tres sabores, pasteles de arequipe y guayaba, merengues, merengones y surtidos pasabocas.

El Camino de Aguas Frías

El Camino de la Chúcura o de Santa Rita era el mismo, de piedra tajada, que utilizaban los vecinos, caporales, arrieros, y peones; quienes entraban y salían traspasando los potreros de Macario Pérez, como bordeando los cañaduzales de Pacho Acevedo y la cristalina Picacha. Al filo del tiempo lo designarían Camino de Aguas Frías. En el cenit del monte, donde se despedían o saludaban a Medellín, los esperaban los anisados del Burro Molina, con los mejores pasantes, como la leche recién ordeñada en totumas, o la empella de marrano tostada. En aquel estadero misceláneo encontraban lo que necesitaban. Pólvora y balines para las escopetas de cacería, anzuelos y plomadas para la pesca, arreos, carrieles, ponchos, ruanas, zurriagos y sombreros. Arepas de maíz pelao, panela negra y la gruesa de tabaco sin anillo. Para el aseo personal no podía faltar el jabón de tierra en chuspas de guasca. También algún caballito trochador y los táparos o zopencos. Si a sus concurrentes  los agarraba la noche, tirando dados o jugando baraja, sacaba las famosas esteras y de algún lado aparecía la buena compañía femenina. Molina, el amigo de todo el mundo, no sólo les fiaba, asimismo les prestaba plata (que algunos le pagaban con Padrenuestros) les servía de padrino, era como un hermano, además de ser su cómplice y compañero del alma.

La Bocatoma de Belén

El Callejón de don Pepe, fue uno de los más importantes y transitados que conoció Belén. Llamado con el apodo cariñoso que distinguían a José María Velásquez y llegaba a cercanías de Patuca. (José María y su hermano Ángel eran los poseedores de la superficie donde se estiraba el barrio Cárdenas-Miravalle). Empezaba en la “Curva”, en los terrenos alpinos del trapiche de Juan Antonio Ortega Velásquez (Universidad de Medellín) donde la Picacha hacía alarde de su poder. Los funcionarios, unidos a vecinos prácticos y presurosos, aprovecharon su furia encañonándola y conformando con ella la principal bocatoma de agua que surtía la comarca.

El Camino de Calle Abajo o San Andrés, se alargaba desde la plaza de Patuca y se internaba cruzando el puente colonial del apóstol mártir, sobre la Altavista, y por la calle Alvarez del Pino (así llamada constatando el apellido de una de las primeras familias españolas que poblaron el latifundio) hoy 27. Un ramal se desprendía buscando el oriente, internándose por la tierras de los Cuartas, Pérez y Medinas (San Bernardo y Granada), casi naufragando en los terrenos pantanosos y cenagosos (donde después se levantaría el Campo de Aviación de las Playas) encontraba su abrazo final con la carretera a Caldas. El otro callizo continuaba hacia el sur y fue la cuota inicial de conocidísima carrera Bolívar, mejor llamada ahora carrera 76.      

El Camino de Nutibara

…Los descendientes de doña Marcela vendieron el cerro a la Familia Cadavid y éstos lo llamaron el Morro de los Cadavides. En la década de 1920, la Sociedad del Matadero Público y Feria de Medellín adquiere el morro y sobre su base sur, calle 30ª, construye las instalaciones para el sacrificio de ganado vacuno y porcino.  En 1927, por iniciativa del concejal Joaquín Cano, el municipio de Medellín compra a la Sociedad del Matadero, por $ 50.000, sin incluir sus instalaciones, esta maravillosa elevación de 31 hectáreas de extensión, venerable retoño de nuestra Cordillera Central de los Andes. El sacrificio de ganado continuaría hasta 1955 cuando se da a conocer la nueva adquisición de la Plaza de Ferias en el barrio Belalcázar.   

Para 1929 la Sociedad de Mejoras Públicas de Medellín, SPM, le propone al Honorable Concejo Municipal, hacer el cambio de nombre al cerro, para hacerlo “menos privado y más público” y que a la vez se identificara con la región. Se aprobó el Acuerdo y los miembros de la Junta de la SMP fueron encargados para tal efecto. Se presentaron como candidatos los nombres de Cerro de los Aburráes, Cerro de los Alcázares, Cerro de Ayacucho, Cerro del Bárbula y Cerro Nutibara. Con la escogencia de Nutibara se efectúo el mejor homenaje “al más rico y poderoso Cacique, heroico defensor de los suyos y de sus territorios, cuyos dominios se extendían por casi todo el occidente, desde la Serranía de Abibe hasta el río Cauca”.

Para 1939 con la aprobación del plano Nutibara Futuro se daba vía libre a la construcción de un camino carreteable externo y la creación de un parque recreativo, kioscos, siembra de árboles, senderos peatonales, además de un mirador, un parqueadero y un restaurante en su cima. El primer tanque de agua para surtir de agua al cerro se inició en 1940.



Los Amigos del Puma

En 1955, el maestro José Horacio Betancur, realizó la escultura del Cacique Nutibara y su compañera la Cacica Nutabe y de un puma, a sus pies como símbolo de poder y arrojo. Magnífica obra que perpetúa su leyenda a través de los siglos y de las montañas divisadas en su horizonte desde su majestuoso escarpe. Ese mismo año la  Empresa Antioqueña de Energía, iluminó su entrada principal, por la calle Céspedes.

En 1969 la Fábrica de Licores de Antioquia realizó una bellísima exposición de flores a la que llamo “Pueblito en Flor”, cuya escenografía se basó en la construcción de una réplica de un pueblo antioqueño, con su iglesia, plaza, calles y demás. La idea de un pueblo típico en la planicie del cerro empezó a germinar y a caminar.  


Pueblito Paisa

En 1975, con motivo del Tricentenario de Medellín, el dinámico y visionario líder, Pedro Javier Soto Sierrra, por entonces Gerente General del Instituto de Crédito Territorial, fue el alma y nervio del proyecto, trasmitiendo sus ideas e inquietudes al arquitecto Julián Sierra Mejía, quien en adelante se apropiaría del estudio del mismo y lo llevaría a cabo con sus planos y diseños. En abril de 1976  iniciaron el anhelado sueño.

Finalmente, en marzo 3 de 1978, el Alcalde de Medellín para la época, doctor Guillermo Hincapié Orozco y la señora Mariluz Nichols Vallejo, Directora de Fomento y Turismo, entregaron a Belén, al Valle de Aburrá y Colombia en especial; uno de los más preciados bienes del territorio antioqueño, el anhelado, aclamado y visitado Pueblito Paisa.



Hugo Bustillo Naranjo.
Montreal, Canadá.
Septiembre de 2005.