miércoles, 30 de julio de 2014

HISTORIA DE BELÉN

HISTORIA

RESEÑA HISTÓRICA DE BELÉN

Hablar de la historia de Belén, implica necesariamente hablar de la historia de Medellín desde la llegada de los españoles al  Valle de Aburrá, pasando por el proceso de poblamiento, crecimiento y desarrollo de su territorio que fue conduciendo hacia la división territorial hasta llegar a la que actualmente existe, dentro de la que Belén adquiere la categoría de Comuna 16 del municipio de Medellín.

“El Vallé de Aburrá estaba habitado por grupos indígenas que hacían parte de una misma familia lingüística, aunque se distribuían a lo largo y ancho del valle en pequeños grupos… el valle era denominado por los nativos como Aburrá, al que se accedía desde el Alto de Barcino al sur del valle, utilizando un camino empedrado que comunicaba el Aburrá de los Yamesíes, con los poblados indígenas de la cuenca del Sinifaná, hoy del suroccidente de Antioquia, conocidos como los municipios de Heliconia, Armenia Mantequilla, Ebéjico y la región del Cauca”.

El Plan de Desarrollo Local de la Comuna 16, Belén, Fase II2 presenta una reseña histórica de dicho territorio, la cual se retoma para contextualizar momentos claves en el desarrollo de la Comuna 16. El citado documento expresa que:
“En la historia de la ciudad de Medellín por esa época de 1.541, Belén se denominó Aburrá de los Yamesíes, nombre de la tribu que lo poblaba. A la vez que fue el sector por donde entró al valle del Aburrá don Jerónimo Luís Tejelo.

En los archivos históricos siempre se refieren a “la Otra Banda”, (Otrabanda) u orilla del río, respecto de la banda donde está el observador, esto se debe a que desde la fundación del Poblado de San Lorenzo en su auto de resguardo, el Oidor de la Real Audiencia y Visitador de Antioquia don Francisco Herrera Campuzano, dijo que se hiciera “en la otra banda” es decir en la margen oriental del río. Ya en el año de 1616 lo que hoy es Belén, se convirtió en una encomienda indígena llamada Otrabanda de Aburrá”.
Al respecto, el historiador Roberto Luís Jaramillo Velásquez menciona que en un primer período, esta encomienda…
“funcionaba como una especie de centro económico, en donde los diferentes grupos indígenas llegaban para pagar su tributo a la corona española. Llegada la mitad del Siglo XVII empieza un segundo período caracterizado por la decadencia, debido a las luchas por las tierras que empiezan a ser vistas como fuente de gran importancia y valor para el desarrollo de la agricultura y la ganadería; por lo cual se tiene que trasladar la encomienda. Estas actividades (agricultura y ganadería) se mantuvieron de forma exclusiva y continua hasta las primeras décadas del siglo XX, cuando La Otrabanda se integra físicamente a la ciudad con la construcción de obras civiles que permitieron el fácil cruce del río”.
Hacia finales del siglo XVII, se incrementa el proceso de poblamiento en el sector de Otrabanda, sobre todo a orillas de las quebradas, en mejores condiciones para la agricultura y ganadería, por su cercanía a recursos naturales necesarios para la vida. Al respecto, el historiador Roberto Luís Jaramillo Velásquez, en su obra La Sede de Otra Banda5 afirma que:
“por los finales del Siglo XVII y después de erigido el sitio de Aná como nueva villa de Medellín, tenían necesidad los vecinos de unos ejidos o terrenos comunales que, por estar cercanos al rio, eran pantanosos; al frente, en la parte occidental – y rio de por medio-, había una llanura con pocos desniveles, bien regada, verde y apetecida por los labradores y dueños de hatillos: era La Otra Banda, en la que se habían formado muchas pequeñas propiedades, casi todas cercanas a las quebradas del Mal Paso, La Corcovada, La Puerta, La Iguanacita (hoy, La Gómez), La Iguaná, El Salado, El Gueso (hoy, La Hueso), La Ana Díaz, La Matea, La Picacha o Aguas Frías, La AltaVista, La Guayabala, La Doña María, y otras menores. Algunos se atrevieron a levantar casa y estancia en las vegas y orillas del rio, por ser terrenos bajos, inundables y húmedos”.

Con el transcurrir del tiempo, el crecimiento demográfico del sector de Otrabanda crea para la Iglesia Católica –en su labor pastoral– la necesidad de precisar la jurisdicción de las parroquias que iban surgiendo. Se trataba sobre todo de definir los límites y jurisdicción de las parroquias de La Candelaria y Otrabanda. En 1814 en el gobierno de la primera República de Antioquia y después de 16 años de insistencia se erige el nuevo curato de “Belén de Otrabanda” con enorme jurisdicción en casi toda la antigua Otrabanda y en 1.830 se le dio el nombre actual: Belén. En la delimitación histórica de la Otrabanda se dice que en 1817 el cura de la Candelaria, José Salvador Tirado, solicitó que el otro lado del río quedase de Belén, modificando los límites así: “Del desemboque de la quebrada La Madera al río, este arriba hasta el desemboque de Doña María (quebrada) y de aquí hasta los antiguos límites del curato de Medellín” .Luego, añade que los límites de Otrabanda “Se situaba entre los de Envigado (por el lado de Itagüí) y el del Hato Viejo, por El Pedregal; y subía desde el rio Medellín hasta el visto desde la cordillera, salvo lo que correspondía a los curas de San Cristóbal y de San Pedro.

Estos eran los límites del naciente curato de Belén, mientras que desde la parroquia de La Candelaria, se precisaban también sus propios límites. Al respecto, en la reseña histórica de Belén publicada en el Plan de Desarrollo Local Fase II se precisa que en 1828 el límite de la parroquia de La Candelaria presentada por el padre Benítez, da una exacta claridad de los límites de la parroquia de Belén así: “Sus límites con el curato de Belén están bien demarcados por el río Medellín en su curso entre uno y otro curato, de suerte que la banda occidental corresponde a la de Belén y la opuesta, al este de Medellín”
“En este sector occidental se desarrollaron cuatro áreas que tienen identidad histórica propia y son: San Sebastián (Palmitas), San Antonio de Prado, San Cristóbal y Belén, este último comparte y entreteje una misma historia con los barrios La América, Robledo y Guayabal es por ello que exceptuando los tres que hoy denominamos corregimientos, al recopilar la historia de los barrios urbanos de Medellín ubicados en la zona occidental, debemos remitirla a la historia de Belén.

La Integración de Otrabanda al resto de la ciudad se da a finales del siglo XIX y a principios del XX. Las fracciones de Aguacatala, El Poblado, Robledo, Belén, Guayabal, La Granja, La América, Bello, Piedras Blancas, San Cristóbal y San Sebastián, eran considerados como asentamientos periféricos o área rural o “resto del municipio de Medellín”. Solamente a partir de 1.858, cuando se continuó el Camellón de Carabobo hasta el río y se inició la construcción del Puente de Guayaquil (terminada en 1.864), se da el proceso de integración de Belén a la ciudad, proceso que se realiza inicialmente a través de la producción de insumos para la construcción y de alcoholes y aguardiente. En 1875 era el segundo sector más poblado del valle del Aburrá por número de habitantes, y el más productivo, especialmente de caña de azúcar y frutales. Además de ser una despensa era un sector que generaba envidias y odios hasta el punto de darse la lucha por la tierra y por la libertad.   Hacia 1920 aparece Belén como "fracción" de Medellín con 5.922 habitantes, siendo considerada como un corregimiento del área urbana.

Durante las décadas de 1920 y 1930 el crecimiento acelerado de la población y la naciente industria antioqueña, permitieron que se propagaran los asentamientos ilegales, localizados casi todos en las llamadas fracciones de El Poblado, Belén, AltaVista, La América, El Rincón, Las Mercedes, Tenche, San Germán y otros; estos pequeños poblados conformaban una extensa zona rural que luego se correspondería con el occidente de Medellín, cuando por un proceso de urbanización lentamente se convirtieron en barrios legalizados.

Por estos años el sector de Otrabanda comienza a tener importancia en el proceso de expansión de Medellín con la construcción del aeropuerto en 1931, el asfalto de la carretera a Belén, el continuo surgimiento de nuevos sectores o barrios y la rectificación del río que rompió la barrera de expansión de la ciudad hacia la zona occidental entre Guayabal, Belén y La Iguaná. Por un proceso territorial en 1938, fueron suprimidos como corregimientos Belén, Guayabal, La América, y Robledo y luego, anexados como barrios urbanos a Medellín.

Barrio Belén (1940-1960): En 1938 cuando la fracción de Belén recibe la categoría de barrio, la ciudad contaba con 168.266 habitantes, por lo tanto necesitaba expandir su perímetro y así como los españoles habían mirado con interés la Otrabanda del río, los constructores fijaron su atención en esta zona que ya empezaba a evidenciarse con carácter de zona industrial. La consolidación de espacios residenciales para los pobladores vinculados a las industrias nacientes, y la construcción de una infraestructura vial y de servicios que respondiera a los requerimientos de este desarrollo, muestran el notorio auge de esta zona sur occidental de Medellín desde finales de la década de 1930.

Belén de los años 1960 a 1980: En 1963 la Administración Municipal aprobó la división territorial de la ciudad, con la cual se pretendía adjuntar al concepto de zonificación, pues seguía rigiendo la idea de ordenamiento urbano, criterios geográficos y socioeconómicos para la agrupación de la ciudad alrededor de unidades barriales y comunales; se definieron seis comunas: comuna 1 Oriente; comuna 2 Robledo; comuna 3 La Candelaria; comuna 4 La América; comuna 5 El Poblado; y comuna 6 Belén. Cada comuna con barrios de características homogéneas y proximidad territorial.

En Belén se abrió, a finales de la década de 1950 y principios de 1960, la carrera 76 hasta la Gloria y el anillo medio occidental (Carrera 80 hasta la 30).

En su política de fomento, el Estado colombiano contó con el apoyo tanto de constructores como de la iglesia católica, la cual, para esa época, construyó urbanizaciones como el denominado barrios de Jesús en un sector entre el barrio San Bernardo y la fracción de Las Margaritas, ambos divididos por un afluente denominado Caño Panorama, el cual fue entamborado y se realizó su relleno en la década de 1990, con el material retirado para la construcción de la Terminal del Sur, en un extremo de esta ladera se construyeron la torre Bosques de San Bernardo.

El hoy denominado barrio Las Playas contiguo a los anteriormente mencionados y la parte baja del barrio Altavista fue construido por el Instituto de Crédito Territorial (ICT), como parte de la política de fomento, con las especificaciones que el mercado estaba imponiendo; los lotes para construcción eran de 72 metros cuadrados, reducidos en algunos casos a 60 metros cuadrados, y las vías de acceso a la vivienda pasaron a 9 mts. de sección, de allí la particularidad vial del barrio Las Playas, para esa época esta misma entidad (ICT) había construido los primeros edificios multifamiliares, la urbanización Rafael Uribe Uribe.

También por iniciativa de constructoras privadas se habían construido barrios como La Nubia, Rosales, Fátima y La Castellana. A finales de este período y principio de los 80, Cadenalco había construido en un proceso de reloteo de la denominada finca de la Familia Medina el LEY de Belén, luego el otro lote de esta finca dio origen al denominado Mall de la 76 urbanización Quintas de Veracruz.

Belén y su incorporación a la ciudad Moderna: Hasta mediados de la década de 1980 la parte periférica de Belén estuvo libre de proyectos de construcción, era común para los habitantes de la centralidad realizar paseos de olla a la parte alta de Belén Rincón, a sectores como el Manzanillo y la parte central de Altavista (hoy corregimiento), a la casa de La Piedra y la cascada de aguas cristalinas cerca de las areneras del sector llamado La Perla, detrás de donde hoy existe la Perrera Municipal. También era frecuente asistir a las fiestas de la arepa en Belén Rincón, fiestas que incluían reinado.

Varios factores realizan en este periodo la integración de estas tierras al mercado inmobiliario de la gran ciudad, como en el primer proceso, la expansión de la malla vial de la comuna, se destacan en esa época la continuación de la carrera 80-81, la circunvalar 84 y la calle 1 sur que une a la parte de Belén Rincón con la carrera 80-81, además se construye la carrera 70, paralela al hoy Aeroparque Juan Pablo II. Igualmente se dan pequeñas construcciones en sectores que hasta ese entonces eran rurales como los lotes de doña Enriqueta en el sector de Belén Rincón en donde se construyeron las urbanizaciones Tejares del Valle y Balcones de la Serranía y en la parte de Las Violetas se construyeron apartamentos y casas como Altos del Castillo.
Sobre la carrera 80-81 se empiezan a desarrollar programas de vivienda para sectores medio-alto con la construcción de unidades residenciales como La Mota, El Enclave, Kalamari, Quintas del Plantío; Campanas de la Mota, y Vegas del Rodeo; ya antes sobre este corredor se había construido la urbanización Nueva Villa de Aburrá y la Urbanización Tierralta junto al hoy mercado Consumo.
Un segundo factor es el cambio que se dio en la división territorial de la ciudad en el año 1987 según el Acuerdo 054 de ese año, que incorpora dos nuevos conceptos el de Zona y el de Comuna. Las primeras fueron delimitadas de acuerdo con perímetro urbano, las segundas, es decir las comunas, son tomadas como la mayor división de las zonas urbanas, identificadas por la relativa homogeneidad socioeconómica y cultural; entonces la ciudad quedó dividida en seis zonas y 16 comunas, la zona 6 incluyó a la comuna 15 Guayabal y a la 16 Belén, separándose la parte rural de Belén y convirtiéndolo en el corregimiento de AltaVista.
Un tercer factor es el cambio que se da en la administración política de la ciudad con la irrupción de las Juntas Administradoras Locales (JAL) a finales de la década de 1980, las cuales aplicando el acuerdo 054/87, debían tener muy claro su radio de acción y determinarlo en su zona y comuna, para empezar a obtener de cada barrio un banco de datos, su memoria y significación.

El Acuerdo Metropolitano Nº 09 de 1992 con el cual se amplió el perímetro urbano de la ciudad, permitió en esta comuna 16 algunos asentamientos humanos con características urbanas similares como eran: el entorno físico, el desarrollo histórico, las facilidades de acceso, la identificación de la comunidad con el territorio, la homogeneidad en las características de la población, la identidad de las necesidades y los elementos sociológicos aglutinadores de la población. Es así como se conformaron en Belén los barrios Villa de Aburra y El Nogal-Los Almendros.

La división territorial se estructuró con el Decreto 997 de 1993, el cual recogía el acuerdo 037 de 1992 que autorizó al Alcalde para realizar el ajuste de inventario de barrios de la ciudad de Medellín, y es así como se realizan modificaciones en el límite de las comunas 11 Laureles, 12 La América, 15 Guayabal y 16 Belén, quedando así:

Las Mercedes pasa de la comuna 12 La América, a la comuna 16 Belén.
El Rodeo y La Colina pasan de la comuna 16 a la comuna 15 Guayabal.
El cerro Nutibara pasa de la comuna 15 Guayabal a la comuna 16 Belén.
Miravalle pasa de la comuna 11 Laureles a la comuna 16 Belén.
A la fecha nuestra Comuna 16 Belén, tiene definidos 21 Barrios.

Belén y la planeación de su territorio: La planeación del territorio de Belén está integrada a los procesos de planeación que desde el orden central se han planteado el desarrollo de la Metrópoli que se inician con la creación de entidades como El Área Metropolitana del Valle de Aburrá (ordenanza 034 de 1980), la integración reglamentada de la Junta Metropolitana (Decreto 038 de 1981), y la reestructuración de la Oficina de Planeación Municipal con funciones Metropolitanas (Decreto 040 de 1982), con estos elementos se realizaría en 1982 el primer plan de desarrollo, denominado: Plan de Desarrollo de Antioquia 1983-1986, donde se planteó el proceso de descentralización municipal y se afirmó la necesidad de incluir a la ciudadanía en la formulación y ejecución de los planes de desarrollo, complementado con la elección popular de alcaldes y las consultas populares como los primeros mecanismos para la participación ciudadana en la planeación de sus territorios.

La primera aproximación a un proceso de planeación participativa en Belén se da cuando, con la coordinación de la Consejería Presidencial para Medellín, se realiza el Plan Estratégico que programa varios foros para abordar los problemas y los retos de las zonas de la ciudad y se consulta a la comunidad en general, generando las mesas permanentes de trabajo de discusión y proposición, éstas son: Educación, Empleo, Cultura, Medio Ambiente, Espacio Público y Territorio, Vida y Derechos Humanos, Juventud y Comunicaciones, dentro de este proceso se asiste al primer Foro los días 5 y 6 de julio de 1991 en las instalaciones de Comfama en Cristo Rey, allí las comunas 15 y 16 y el corregimiento de AltaVista, plantearon las propuestas para el desarrollo de la zona 6, las que quedaron consignadas en el documento de 1994, dentro del Plan Estratégico presentado por la Consejería, muchas de las cuales, al ser releías hoy, después de 16 años, son iguales a muchas de las propuestas presentadas en el desarrollo del actual Plan de Desarrollo Local Fase II.

En el año 2005 por iniciativa de la Mesa Político Institucional de la JAL y de la Asociación de Juntas de Acción Comunal, ASOBELÉN se plantea la urgente necesidad de la continuación de la elaboración de un Plan de Desarrollo para Belén y se le asigna, dentro del Presupuesto Participativo de ese año, recursos para su Primera Fase, ejecutados en el 2006. Nuevamente, en el Presupuesto Participativo del 2006, se asigna unos dineros para su Segunda Fase, que concluye hoy con la publicación de este documento

Referencias: 









MISCELANEA ( Variedades sobre Belén y sus localidades)

Una serie de apuntes tomados de todos lados que hacen referencia a BELEN y sus diferentes sectores.


BARRIO LOS ALPES

Tomado de:  https://www.tareanet.edu.co/wikitareanet/doku.php/mas_informacion_barrio_los_alpes

HISTORIA

Los primeros pobladores de Belén Los Alpes, llegaron en 1956 cuando el sector era solamente mangas y rastrojos. Los terrenos eran de la Administración Departamental que los había comprado a la familia Palacio Arango, con el fin de construir casas para los empleados de la gobernación.
Para iniciar, construyeron 20 casas ubicadas en la calle 30 por el sector de la carrera 84, quedando como únicos vecinos del pequeño barrio, potreros, fincas y unos tejares en donde hoy queda la Universidad de Medellín. En las casas recién construidas habitaban 5 familias, era un barrio pequeño conocido en Medellín como el “departamental”, pues allí vivían solo empleados de la gobernación. Por dicho nombre surgieron varias confusiones, pues en el barrio San Javier había un sector llamado igual; entonces decidieron denominarlo Los Alpes, considerando que era el nombre más adecuado para este lugar que quedaba bastante alejado y pegado a las montañas del occidente de Medellín, su geografía llena de pinos y de ambiente campestre permitía la explotación maderera hace más de 43 años.
En la década de 1980, aparece un barrio de invasión llamado Los Alpinos. Con el paso del tiempo las compañía urbanizadoras Pérez y Giraldo construyeron el sector Quimbaya, donde cada casa valía hasta $32.000. Es bueno resaltar que debido al constante ir y venir de los comerciantes que llegaban desde Ebejico, Heliconia, Armenia, Anzá y hasta de Urrao, se hospedaban en las posadas de doña Maria Ospina de Palacio y de don Arcesio Moreno.
Los Alpes es uno de los pocos barrios de Medellín que cuenta con la dotación lúdica y zonas verdes que le proporcionan dos parques, en donde hay juegos, placa polideportiva, y aledaño se encuentran la sede de la Junta de Acción Comunal, el Templo, un tertuliadero y otros; por esta circunstancia es frecuentemente visitado por las comunidades de Zafra, Sucre y los estudiantes y visitantes de la Universidad de Medellín; de esta manera se dice que Belén Los Alpes constribuye al crecimiento y expansión de los otros sectores de la comuna. Antiguamente la diversión la aportaba en gran parte la quebrada El Saladito, en donde se bañaban y lavaban ropa. También estaban los populares paseos de olla, ya que el sector rodeado de pinos, aire fresco y ambiente sano se prestaba para ello.
El barrio siguió creciendo, pues el departamento construyó una segunda etapa que constaba de doce casas. Más adelante vino la tercera etapa con ocho casas; luego, firmas constructoras se encargaron de terminar poblando el barrio.
Simultáneamente las calles del barrio se beneficiaron con as nuevas obras, fue así cuando el barrio experimenta el crecimiento de la modernización, con las rutas de buses Circular Coonatra, Santra, Terminal, Aguas Frías y Cootrabel; ahora se le añadirá el tránsito del metro-plus. Historia adaptada por: Emilce Arcila

MEDELLÍN TIENE LOS ALPES AL OCCIDENTE

Por David E Santos Gómez Medellín El Colombiano La cancha de fútbol de Los Alpes es chata a lo largo. Por eso, vista desde lejos, parece un cuadrado. Su extraña forma, sin embargo, no es problema para que todos los diciembres lleguen a ella una decena de equipos, con jugadores profesionales incluidos, para disputar uno de los torneos aficionados más populares de Medellín. En la última contienda allí participaron atletas de la talla de Tressor Moreno, David Montoya y la 'Pelusa' Orrego. Ese templo de la redonda, cuentan los primeros habitantes de Los Alpes, no siempre fue así de pulcro y popular. Recuerda José Rúa, quien llegó al barrio en 1967, que el sitio que hoy ocupa la cancha era un rastrojo total. Rúa, quien desde joven tuvo un par de volquetas, ayudó para que los desperdicios de sus viajes de arena fueran a parar a la futura cancha y así emparejar el terreno. “Eso era un hueco. La quebrada pasaba por la mitad de la cancha. Al final la tapamos con escombros y sobrados”, dice José, asombrado por lo que resultó de su experimento social.
Hay más que fútbol Esa misma cancha amorfa se convirtió, desde las primeras disputas deportivas, en el corazón del barrio. Por eso hoy Belén Los Alpes, un lugar pequeño ubicado al noroccidente de la ciudad, es reconocido entre sus vecinos por sus torneos de fútbol y su espíritu competitivo. Alberto Carmona, líder deportivo del barrio, asegura que las preferencias de los jóvenes en la zona están enfocadas a este deporte, y aunque hay canchas de baloncesto, desde pequeños los moradores prefieren irse a la cancha de fútbol a emular a los que juegan en el torneo de final de año. Pero no todo en Los Alpes es fútbol. Mucho antes de que Rúa y sus camiones llegaran para darle un espacio lúdico al barrio, el lugar que hoy ocupa Los Alpes fue denominado barrio Departamental, pues sus primeros pobladores eran trabajadores de la Gobernación de Antioquia, que a través de esta entidad lograron facilidades para adquirir casa propia. “A raíz de la calle 30 se desarrolló el barrio. La estación del ferrocarril cerca a lo que hoy se denomina Vicuña fue fundamental y después en los sesenta la llegada de la Universidad de Medellín le dio el empuje definitivo”, anota Rubén Valencia, integrante de la Junta de Acción Comunal y quien ha escrito varios informes sobre la historia de Los Alpes. Actualmente el barrio cuenta con 6.445 habitantes, la mayoría de los cuales son propietarios de las casas donde habitan. Su territorio está delimitado entre las carreras 83 y 87 y las calles 27 hasta la 31, y su distribución urbanística no ha variado mucho en los últimos años, pues las casas grandes para familias numerosas son las construcciones más comunes. En el tema del transporte sus habitantes dicen sentirse cómodos con los servicios que prestan los buses de empresas como Santra y Conatra, y en cuanto al comercio aseguran que todo lo consiguen en el parque de Belén y los centros comerciales cercanos.
Se vienen cambios A pesar de que los vecinos han permanecido, entre los moradores ya existe una idea asimilada de que en menos de un año la cara del barrio va a transformarse de manera drástica. El primer anuncio de esto es la construcción de un centro comercial donde era Vicuña, y que pronto será entregado. El segundo lo dio la Administración con la noticia de que la calle 30, corazón de la zona, será una de las arterias principales de metroplús. “Eso va a cambiar todo. Va a traer comercio y beneficiará el transporte, pero afectará la tranquilidad”, dice Valencia. La ilusión de la mayoría de los pobladores, es que con la llegada del metroplús y el nuevo centro comercial, este pequeño barrio de Belén mejore su situación de empleo, que según dicen es el inconveniente más grande que se vive allí. Dice José Rúa, que muy a pesar de lo divertido que puede ser el fútbol, y por más que uno lo juegue, hay que buscar un buen trabajo porque vivir de los guayos no es asunto fácil. “Yo en algún momento quise ser jugador de fútbol y alcancé a entrenar con el Nacional en el 53 y con Medellín en el 54. Pero no quise ser profesional porque ganaba más con mis volqueticas”, comenta José. Y la idea le funcionó, porque ese trabajo, que dejó hace sólo seis años, le dio para comprar un terreno y construir una casa en Los Alpes, un barrio que dice abandonar sólo cuando deje de vivir. “Esto es muy bueno, yo de aquí sólo salgo para el cementerio”

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HISTORIA DE BELEN FATIMA


Pensar en contar la historia de Fátima sin contar con Nutibara o la de Nutibara sin contar con Fátima es imposible porque es el mismo barrio, el mismo sentir, la misma amistad. Es cierto que se tienen dos acciones comunales pero eso es accidental. Por consiguiente para efectos de esta historia vamos a referirnos a la división que la Arquidiócesis hace de la ciudad de Medellín en parroquias.

Los limites de la parroquia de Fátima son: por el norte con la avenida 33, por el sur con la calle 30 0 avenida Universidad de Medellín, por el oriente con el río Medellín - Autopista sur, por el occidente con la carrera 66 B. De tal suerte que la parroquia comprende los siguientes sectores: Antiguo Matadero, así llamado porque en ese sector, en la calle 30 A con la carrera 65 quedaba el matadero municipal, este sector comprende las calles 30 A y 30 entre la carrera 65 y la autopista. Tenche que comprende las calle 30 A y 30 donde hoy están situadas las Bodegas del Ley, hasta la Unidad deportiva de Belén. Nutibara que va desde la calle 30 A hasta la calle 32 B, entre carreras 65 y 65 CC. Fátima que está situado entre las calles 32 B y 33 y entre las carreras 65 y 65 D. Sauces que comprende las calles 32 B y 32 F entre carreras 65 D y 65 F, perteneciendo también a este sector la manzana donde está el mercado Cafetero en las calles 32 D y 32 F y carreras 65 F y 66 B. Normandía que está situado entre las calles 32 B y 32 D y carreras 65 F y 66 B. En la carrera 65, recostada al cerro Nutibara existe una unidad de bloques de edificios que se llama Conquistadores Sur; Malibú Dos comprende la carrera 65 F y 66B y las calles 32 B y 30 A. también pertenece a este barrio de Fátima, el cerro Nutibara y en él existe una “finquita” situada después de los edificios de Conquistadores Sur, tiene lugares turísticos como el Pueblito Paisa y el Parque de las Esculturas, El teatro al aire libre Carlos Vieco y lindando con el parqueadero de este, vemos un sector exclusivo de casas lujosas lo que nosotros llamábamos la “Bajada del Mister”.

Resumiendo, la Parroquia de Fátima esta formada por los sectores de Matadero y Tenche, los barrios de Nutibara, Fátima, Sauces, Normandía, Malibú Dos, Conquistadores Sur, además del cerro Nutibara con todos sus atractivos.
en otro lugar de la hermosa ciudad de Medellín, se veía nacer una cooperativa de empleados y obreros con la ilusión y la esperanza de conseguir vivienda. En el año de 1948 se funda la Cooperativa Habitaciones OCSA, que significa Organización Católica Social Arquidiocesana, fundada por iniciativa de la curia. Se inició con 35 socios que eran obreros y empleados de varias empresas antioqueñas. Recibió su Personería Jurídica el 4 de junio de 1948.
Cuando todo parecía marchar sobre ruedas , apareció la nube gris. Personas influyentes de la sociedad y de la administración, que veían el futuro tan promisorio que tenían estos terrenos, por la cercanía que tenían con Medellín, trataron de convencer a las directivas de la cooperativa para que los cambiaran por otros situados en Santa Margarita. Esas personas aducían que estos terrenos tan buenos servían para construir casas para personas de más altos recursos y por consiguiente, las casas podían ser vendidas con una ganancia más elevada. Como la respuesta del gerente, ante tan desproporcionado cambio, fue negativa, entonces estas personas trataron de influir en el consejo de administración de la cooperativa para que se nombrara un gerente más allegado a la Andi, como la respuesta también fue negativa, ellos nombraron una junta paralela y se desplazaron a Bogotá y ofrecieron esos terrenos al Instituto de Crédito Territorial. que inmediatamente les aceptó la propuesta.


Las casas fueron entregadas a sus adjudicatarios en julio de 1955 y casi inmediatamente se iniciaron los trasteos, algunos fuimos muy afortunados y sólo colaboramos llorando para que nos dieran tetero, nos cargaran o nos hicieran dormir, pero a quienes realmente les tocó el trasteo cuentan que debían quedarse en la calle 30 A y allí descargar los corotos , pues los carros no lograban entrar por lo malo de las vías, el invierno las hacía intransitables para los carros del trasteo, sin embargo todo esfuerzo valió la pena ya que era recompensado por aquella sensación de llegar a casa propia, de tener al fin un lugarcito en el mundo que podría contarse como propio; era la culminación de una de las aspiraciones más sentidas de nuestros padres. Al fin en casa.

LA PARROQUIA:

1- FÁTIMA, ¿De donde el nombre?

Sin lugar a dudas el nombre de nuestro barrio viene del nombre de nuestra parroquia como normalmente ocurre en nuestro medio. La parroquia se llama Nuestra Señora de Fátima que a su vez trae su nombre desde Portugal. Evocando uno de los centros del culto mariano más importantes del mundo desde 1917, donde en Fátima, publecito portugués en el distrito de Santarem, concejo de Vila Nova de Ourém, en cuya Cova da Iria se apareció la Virgen el trece de cada mes, desde mayo hasta octubre de 1917, a tres pastorcitos, Lucia dos Santos ( hoy Sor Lucia de Jesús) y sus primos Francisco y Jacinta Marto. La Cova es centro de peregrinación del mundo entero por lo cual se construyó allí una hermosa basílica.

La parroquia recibió el nombre por dos acontecimientos, las Hermanas Misioneras que tenían su casa en el barrio Nutibara, donde hoy funcionan las bodegas del Ley, tenían en el altar de su capillita un cuadro de la Virgen de Fátima que les había regalado doña Joaquina Montoya de Cortés , habitante del barrio Nutibara, según unos, y que había aparecido sin saberse de donde según otros, cuadro que fue generando mucho cariño dentro de los habitantes del barrio, de tal suerte que hoy reposa en la sacristía del templo.

Otro acontecimiento fue que monseñor Juan Manuel González envió desde Fátima, Portugal, una imagen de la Virgen de Fátima, Peregrina de la Paz para la Acción Católica, con el fin de que le erigieran un santuario. Esto ocurría en octubre de 1949. La imagen de la Virgen llegó inicialmente a Medellín y comenzó un recorrido por las diferentes parroquias de la Bella Villa, para seguir su camino por los diferentes municipios de Antioquia y continuando su recorrido por las ciudades más importantes de Colombia.

Al mismo tiempo que la Virgen Peregrina de la Paz regresaba a Medellín, se erigía una capillita en el barrio Nutibara y se nombraba como párroco al reverendo padre Francisco José Córdoba. La Virgen necesitaba una casa y la capilla necesitaba una Patrona ; la Curia disidió que la capillita de Nutibara sería la casa de la Virgen de Fátima Peregrina de la Paz, el barrio la recibió con mucha alegría y el padre Córdoba decidió que, sobre lo construido, la pequeña capilla se transformara en la hermosa iglesia que es ahora.


ESCUELA PEDRO OLARTE SAÑUDO.


El Centro Cívico Nutibara tenía dentro de su objetivos inmediatos la educación, entonces empezó a luchar por conseguir una escuela. Como en esa época no había tanta inseguridad, los funcionarios de la administración venían todos por acá, cuando estaban haciendo los andenes, cuando estaban pavimentando “ ellos se mantenían aquí, todos los de la administración municipal, Alcalde y secretarios y todo” (5). Este contacto casi diario con la administración y con el alcalde que era don Pedro Olarte Sañudo hizo que el Comité Cívico, que era muy pujante, le solicitaran la construcción de una escuela, solicitud que fue acogida y en 1943 se comenzó la construcción de la escuela “Pedro Olarte Sañudo”.

La Escuela de niños inicia labores el 7 de Febrero de 1944 cuando aún le faltaba una pequeña parte para ser terminada. Se inicia con cuatro grupos, donde se repartían 180 niños su primer director fue don Miguel Angel Álvarez y su primeros maestros fueron Juan López O., Horacio Henao y y Elena Porras. “Los anales de su historia y de su obra como “Santuario del Futuro” son muy extensos y sus frutos muy copiosos y ricos” (6), tanto que hasta gobernador de Antioquia tuvo, como lo fue nuestro siempre muy poco lamentado Doctor Antonio Roldán Betancur. Esta escuela recibió en sus aulas en la jornada de la tarde al liceo Femenino de Belén en 1974 y al año siguiente recibió la escuela de niñas. La escuela se volvió mixta y hoy en día funciona como el Colegio Pedro Olarte Sañudo y el año de1998 el 11 de diciembre a las 3 de la tarde gradúa sus primeros egresados de bachillerato, en la celebración de sus 54 años de existencia.

LICEO DEPARTAMENTAL FEMENINO DE BELEN SOFÍA OSPINA DE NAVARRO:

Este liceo se fundó en enero de 1964 dando cumplimiento a la ordenanza # 9 del 18 de noviembre de 1963 pero funciona durante 10 años cerca al parque de Belén. En 1974 es trasladado a Fátima y ese año funciona en las instalaciones de la escuela Pedro Olarte Sañudo y en los bajos del templo donde funcionaban algunos grupos y las oficinas del establecimiento. En febrero de 1975 el municipio prestó el local de la escuela Ayacucho pues el liceo necesitaba ampliar sus cupos.

LA CASA DEL BUEN DIOS:

Fue fundada en 1956 por la señorita Tulia Uribe Jaramillo con el fin de dar hospedaje a los enfermos que venían de otros pueblos del departamento a Medellín, a hacerse algún tratamiento médico y que no tenían dinero para pagar siquiera una pensión. Su funcionamiento se inició en dos casas alquiladas y en 1958 el municipio les donó el terreno donde funciona actualmente en la carrera 65 con la calle 32 A. sigue en pie sostenida sólo por la providencia.

DEPORTE

El deporte de nuestro barrio ha tenido mucha gente de renombre. En ciclismo destacamos a Gonzalo Marín. En el clásico de ejecutivos del Colombiano se ha destacado el médico Antonio Rodríguez o el “doctor Cochise” como le dicen sus colegas y sus subalternos. En fútbol destacamos a Jorge “el Tato” González puntero del Atlético Nacional, a Gilberto Osorio, centro delantero del mismo equipo, a Alvaro “La Puntilla” Muñoz, marcador de punta del Independiente Medellín y a Rodrigo Fonegra. Otros jugadores han pasado por equipos profesionales pero no se han destacado.

El evento deportivo más importante de nuestro barrio el Clásico Fátima - Nutibara que se inició en 1957, cuentan que una vez que estaban los de Fátima en la cancha llegaron a jugar los de Nutibara y les propusieron jugar un partido barrio contra barrio, partido que ganó Fátima 7 a 3. Desde entonces se ha venido jugando este clásico año tras año el 6 de enero o en una fecha muy cercan, especialmente los cambios de fecha han sido por eso de la ley Emiliani. Este partido ha despertado muchas espectativas por varias razones, la escasez de fútbol en esa época del año hace que aficionados de otros barrios busque ver este partido, que en algunas versiones se jugo en la marte y en el estadio, la presencia de Carlos Serna habitante de Fátima y cronista de El Colombiano, la presencia de varios jugadores profesionales y árbitros de la talla de el Guillermo “el Chato” Velásquez, quien pito durante varios años.

La importancia del clásico Fátima - Nutibara radica en que une y aglutina las personas de los dos barrios. Es punto de reencuetro de los que se han ido a vivir a otros barrios, a otras ciudades e incluso a otros países. El clásico es una fiesta, viejas amistades se reafirman al rededor de ese encuentro futbolero, viejas asperezas se liman y antiguos rencores se borran por el hecho de participar casi activamente en este certamen. Porque no sólo participan los deportistas, hay más participación afuera de la cancha, saludar con tiempo, amigos que vemos a diario cuando salimos de afán para nuestros lugares de trabajo, volver a ver a entrañables compañeros de la infancia que no habíamos visto en un año e incluso en varios años, tener una tarde para el dulce recuerdo de nuestras experiencias de antaño.

CEDE COMUNALEl clásico es de mucha importancia para el barrio porque une. Ocho días antes, ambos contendores preparan no sólo sus deportistas, sino que preparan la fiesta. Se inicia el 31 de diciembre con lo acostumbrado en muchos barrios de Medellín, el famoso partido de solteros y casados. En este encuentro participan personas de los dos barrios o sectores indistintamente y muchas veces son compañeros de equipo quienes van a jugar el 6 de enero en equipos distintos. La fiesta la preparan también ambos bandos pues los dos están seguros de su triunfo, de tal suerte que sin importar cual es el ganador, las dos fiestas se realizan y generalmente los más “rumberos” y sociables asisten a las dos celebraciones y compartes con ganadores porque ese día en especial, todos somos ganadores por la camaradería que rodea el famoso clásico Fátima-nutibara.


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En comunidad, sus habitantes trabajan por mejorar las condiciones de vidaUn barrio que rompe paradigmas 
Belén Zafra

Autor: Mónica Marcela Escobar Mesa 
17 de Noviembre de 2010


Tomado de:  http://www.elmundo.com/portal/resultados/detalles/?idx=165251#.U9jnWeN5N1Y

A pesar de la imagen violenta e insegura que tiene este sector para el resto de Medellín, sus habitantes se han comprometido a trabajar en comunidad por cambiar ese imaginario de la gente.
Foto: Alexander Augusto Hoyos

Aunque es un barrio relativamente pequeño, gracias a su ubicación tan central, la comunidad tiene todas las facilidades de acceder a centros de salud, colegios y sobre todo diferentes rutas de transporte.



Como muchos barrios y sectores de Medellín, Belén Zafra tiene en su historia una parte que preferiría olvidar. Un tiempo en el que al igual que el resto de la ciudad, la violencia fue el pan de cada día, sin embargo, actualmente este sector después de vencer la indiferencia, se ha unido a la causa de luchar, pero por dar a conocer la paz y la tranquilidad con la que vive su gente, además de borrar del imaginativo popular, esa mala fama de zona peligrosa ganada en años pasados.

Para hablar de los inicios del barrio Belén Zafra, hay que mencionar obligatoriamente al barrio Sucre del que era parte hace más de 60 años. Así, luego de que se separaran ambos barrios, Zafra empezaría a poblarse hasta llegar a ser lo que es hoy, un sector estrato 2, con más de 16 mil habitantes, el cual fue fundado en su mayoría por familias de Heliconia y otros municipios antioqueños que en las décadas del 60 y el 70 se encargaron de hacer de este, su pequeña colonia; como cuenta don Jorge Osorio, uno de los primeros pobladores de la zona.

Cuando Jorge llegó a Zafra hace 48 años, ya existían según cuenta, unas 22 casas que estaban dispersas a lo largo de la montaña en la que está asentada esta comunidad. Él había llegado allí desde Ciudad Bolívar en el 59, después de vivir en varios barrios del Valle de Aburrá con sus padres y algunos hermanos que había traído desde su pueblo natal. Sin embargo, una vez llegó a Zafra, nunca más volvió a mudarse y por el contrario poco a poco fue construyendo no sólo su casa, sino la de varios familiares que también fueron a parar allí.

Sin embargo, fue en la década de los 70 especialmente, que empezó a poblarse de forma acelerada la zona, a pesar de que aún en ese momento era una zona muy rural. “Era muy grave toda la situación porque no había agua, no había energía y mucho menos teléfonos”, comenta Jorge, además de recordar que fue gracias a la Junta de Acción Comunal que lograron implementar un sistema para extraer el agua, la cual traían desde un tanque que habían construido junto a un nacimiento que había en el morro contiguo a Zafra, fuera de los varios pozos de hasta 34 metros de profundidad, cavados por ellos mismos para abastecerse.

Eran cerca de 18 kilómetros desde sus casas, la distancia que pobladores y los encargados del mantenimiento recorrían varias veces por semana para buscar el preciado líquido; que más adelante obtendrían de forma fácil cuando además del acueducto, llegó el alcantarillado y la electricidad a su barrio. Pudiendo cambiar por fin las velas, las letrinas y los pozos, por bombillas, sanitarios y canillas.

Trabajo en equipo

Así mismo, la historia de este barrio ha estado enmarcada por el trabajo en comunidad, con el que han conseguido también la construcción de la iglesia, la pavimentación de la vía principal y la edificación de la sede comunal. Todas, estructuras levantadas con el esfuerzo económico y físico de muchos de los residentes de este barrio, como el mismo Jorge, que aplicando sus conocimientos en albañilería, hizo parte de los procesos de construcción de todas estas obras en el barrio, al igual que la mayoría de sus 11 hijos. “Para levantar eso, vendíamos empanadas, trago, hacíamos bailes, y así fuimos consiguiendo el dinero que después usamos para la construcciones, contando varias veces con la ayuda de la alcaldía y otras instituciones” expresó Jorge.

Un barrio de ambiente

En la actualidad, el barrio Belén Zafra vive un proceso interesante de intercambio cultural, pues como muchos dicen, la llegada de población afrocolombiana ha hecho que el ambiente sea diferente, que la música, los bailes, la comida e incluso la misma forma de hablar se funda entre chocoanos, antioqueños y afrocolombianos que hablan como paisas. Una mezcla que aunque al principio fuera difícil, hoy es la muestra perfecta de convivencia, en un proceso social precisamente liderado por afrocolombianos como Mauricio Asprilla, quien desde hace dos años es el presidente de la Junta de acción comunal.


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BELEN LA GLORIA.
Tomado de:


 
 
Hernán Vanegas
Un barrio tradicional es el de Belén La Gloria. A pesar de no ser muy extenso, este sector de Medellín queda cerca a centros de salud, colegios, centros comerciales y vías principales.
 
Ramiro Múnera, habitante del barrio Belén La Gloria
 
Jhon Bernardo Zuluaga, habitante del barrio Belén La Gloria
Este es el rincón de Belén donde se vive en La Gloria



 Barrio La Gloria busca organizar su historia para contarla.
 Tranquilidad y ubicación, valores destacados por todos los vecinos.
 El acueducto y pavimentación de la calle 20A, problemas por resolver.


Por
Alejandro Millán ValenciaMedellín

Que el barrio Belén La Gloria no se quede sin historia, esa es la tarea. A eso de las diez de la mañana, Julio Ramírez, Ramiro Múnera y Alberto Molina se reúnen en la cafetería de Bibiano Palermo, y comienzan con los recuerdos.

Alberto se incorporó y mientras se acomodó sus gafas, que le ayudaban a un par de enormes ojos grisáceos, recordó como conoció a su esposa, quien sería el origen de su llegada al barrio La Gloria, por allá en el 59.

Él iba en el bus hacia Prado Centro y ella hizo su aparición triunfal. Entonces Alberto no pudo evitar el encanto y la acompañó hasta su casa, en la mitad de la calle 20A, el corazón del barrio.

Era un barrio rodeado de tomateras y mangas, que apenas gestionaba el alcantarillado, con el Centro Cívico, al que Alberto se inscribió para ayudar a construir el futuro de La Gloria.

Cerca de este sector, también en los cimientos, se encontraba la urbanización Santa Clara. Uno de sus primeros habitantes fue Ramiro, quien tenía claro que ese sería su futuro.

Compró un lote en 6 mil pesos y allí construyó tres casas y levantó a 11 hijos. También perteneció al Comité Cívico y ayudó a organizar las marranadas para gestionar los recursos del alcantarillado. "Pero uno de los presidentes se robó la plata y hasta ahí quedaron los comités cívicos". Pero alcanzaron a construir el alcantarillado.

Solo siete años
A pesar de la historia, la Junta de Acción Comunal se formó hace siete años, por iniciativa de Bibiano Palermo, el actual Presidente.

Por eso su empeño es contar la historia de La Gloria, para empezar el proyecto para el futuro, pero que mejor que esos testigos del pasado para hablar sobre las cosas buenas de La Gloria.

Para Julio, un hombre grande de pelo blanco y caminar pausado, lo mejor es la unidad de la gente y que a pesar de ser un barrio pequeño (tres manzanas), tiene de todo.

"Aquí hay colegio, el Guillermo Valencia, centro de salud, no están construyendo una clínica, dos iglesias, acceso al transporte, de todo", afirmó con emoción.

Para Ramiro lo mejor es que todo queda cerca "Un hijo mío se graduó de bachiller y profesional y nunca le tuve que dar para el pasaje, porque todo quedaba cerca", explicó.

Y para Alberto, hay cosas simples pero que agradan con el paso de los años. "Ahora uno agradece que el barrio no quede en una falda y sea todo planito, pero por encima de eso, lo mejor es la integración de los que vivimos aquí, que somos muy unidos", dijo.

Calles nuevas
Pero no todo es la gloria o la dicha completa. El barrio también tiene sus necesidades.

Por ejemplo, el alcantarillado es muy viejo, es de la misma época que ellos lo ubicaron y lo gestionaron ante la administración municipal.

"El alcantarillado que nosotros construimos, ya no soporta el flujo de aguas residuales y aguas lluvias que conduce, y eso es un problema para el futuro", afirmó Bibiano.

También el problema del pavimento de la calle 20 A. "Por aquí pasa una cantidad de volquetas y camiones y han perjudicado mucho la calzada de la calle. Yo me comuniqué con la Secretaría de Tránsito y ellos me dijeron que esta era una vía de alta circulación y no más", dijo el presidente.

Lo más preocupante, además del daño a la calle, es que la contaminación es permanente, una nube gris y seca cubre la calle cada vez que pasa uno de estos vehículos.

Para Julio, Alberto y Ramiro, una de las cosas que más extrañaron durante los años que llevan viviendo en el barrio, fue una placa deportiva.

"Nunca tuvimos un espacio para hacer deporte. Algunas veces el colegio San Carlos prestaba las canchas, pero desde hace algún tiempo dejo de hacerlo".

Todos los vecinos, incluido este trío de buenos historiadores, dieron la misma respuesta cuando les preguntaron sobre cómo era vivir en este barrio del occidente de la ciudad: "Vivir aquí es cómo vivir en la gloria".



Ayuda al lector
La opinión
“Yo vivo hace 47 años en este barrio y lo que más me gusta es la tranquilidad. Aquí no hay violencia y los vecinos siempre han sido los más queridos. He vivido, de verdad, en la gloria”.
Ramiro Múnera, habitante del barrio Belén La Gloria

“Yo vivo y trabajo en La Gloria desde hace 11 años y puedo decir que este sector es uno de los mejores de la ciudad, porque la gente es muy respetuosa y solidaria”.
Jhon Bernardo Zuluaga, habitante del barrio Belén La Gloria
Antioquia Bilingüe
The neighborhood of Belén La Gloria
The neighborhood of Belén La Gloria is one of the city's smallest but it has all the facilities of Medellín's bigger neighborhoods: schools, health centers, two churches; and is located just above one the city's main streets, carrera 80.

It also has the invaluable input of a group of friends who began getting together six years ago to help construct the future of Belén La Gloria, while taking its past into account.

"Gloria", which means "enjoyment" or "delight" in Spanish, is what living in this neighborhood is about.



viernes, 11 de julio de 2014

LOS ESTUDIANTES DE LA UNIVERSIDAD Beatriz Villegas

Crónica de una revuelta inusual vista por una niña de principios de los años 70: los desórdenes protagonizados por los estudiantes de la Universidad de Medellín, institución privada, que siempre ha sido ajena a este tipo de manifestaciones.

En la tarde cuando llegamos del colegio, al bajarnos del bus en la calle 30 había una zozobra en el ambiente, la empleada del servicio nos acompañó hasta la casa en un acto inusual de protección, estábamos habituados a caminar las cinco cuadras por la acera y aprendimos que no había mayor peligro, pero esa tarde los ojos de Irene  estaban alerta y no escondían un temor por algo que más tarde nos enteraríamos.

Al cabo de media hora de llegar a la casa un sonido de voces uniformes en un canto monótono pero agresivo en su volumen comenzó a llenar  las calles desde las cuadras de arriba, mi mama no nos dejaba asomar por el patio trasero  que bien hubiera sido una atalaya porque dominaba la vista de la calle 30 desde la universidad de Medellín  hasta el cruce con nuestra calle.

El rumor iba y venía los pasos marchantes desde lejos anunciaban una rebelión explicita y sería una aproximación brutal pero inquietante a la violencia.

A la esquina de nuestra cuadra llegaron los carros cargados  de policías armados de  escudos y de cascos con unas moles de bolillos que a nuestros ojos de niños se antojaban enormes, asistimos desde la ventana a la que le quitamos las celosías para poder sacar la cabeza sin que los adultos de casa se enteraran; los agentes  bajaban rápidos, se colocaban atrincherados detrás de los árboles y se ocultaban en los muros de las casas, el jefe gritaba órdenes en tono  excitado, los policías obedecían y asentían callados esperando la turbamulta que bajaba  compacta como una peste de abejas zumbonas.

Habían pasado unas dos horas de gritos desmedidos de los estudiantes y de espera paciente de los policías y  de repente un muchacho peludo tiró una botella con gasolina  hasta el sitio de guardia de los policías, esto los enfureció y comenzaron a perseguir a los estudiantes, desde nuestra trinchera asistimos  a los bolillazos en la espalda,  y las patadas brutales a los que lograban atrapar. Los muchachos arrogantes  en masa empujaban a los policías y lograban cercarlos mientras el jefe los instaba  a permanecer en calma, mientras gritaba como un energúmeno amenazando a los estudiantes con las manos en alto. No logramos adivinar en qué momento se abalanzaron los muchachos contra los policías en una masa  amorfa y enardecida que lanzaba piedras, botellas y gritos dispares y  agresivos, de modo que los policías también una masa verde, empujaba, golpeaba y vociferaba.

En la ventana  desde donde mirábamos apareció un muchacho bajito moreno con los dientes muy grandes y blancos al que habíamos visto golpear a los policías con furia, y lanzar papas explosivas que sacaba de  su mochila como un mago saca  palomas, cada una explotaba más cerca de nuestra ventana y los policías lo iban cercando,  nos rogó con la mirada que abriéramos la puerta para esconderlo, mi hermano y yo abrimos la puerta de la casa y en un segundo la sala estaba llena de  muchachos, sudorosos y   por primera vez supe a que olía el miedo, jadeantes corrieron hasta el jardín trasero y  saltaron la verja  en una exhalación; de modo que  escaparon hacia la calle  de atrás donde no había ningún disturbio. Mi mama y la empleada se quedaron paralizadas al ver ese  espectáculo de locura y frenesí de los muchachos que desaparecieron sin que los policías se enteraran en sus barbas que habían escapado, mis hermanos y yo quedamos fascinados y hablamos del suceso por muchos días y sin saber por qué se peleaban los dos bandos, nos causó honda a admiración que uno pudiera rebelarse contra la policía y  escapar con vida.

EL TEATRO MARISCAL -APORTES VARIOS-

CRONICA DEL "MARISCAL", EL TEATRO DEL BARRIO


Emilio Alberto Restrepo Baena

El teatro Mariscal fue toda una institución para los jóvenes de Belén de los años 60 y principios de los 70. Ubicado en toda una esquina del parque, la enorme y antigua construcción llena de un extraño encanto nos vio varias veces por semana como bulliciosos testigos de las funciones de cine continuo que sin ningún pudor mezclaban en severos dobles al "8½" de Fellini, con joyas del western spaguety, como “El Bueno, El Malo y El Feo” o “Los cuatro del Ave María”. Allí desfiló una interminable lista de películas de aventuras, empezando por los pistoleros como Dyango, Sabata, Sartana, Trinity, Ringo; inmortales, imbatibles, fumadores, sucios, con una mirada penetrante llena de desprecio y una barba de 8 días, de certera puntería, que cobraban recompensas, amaban con indiferencia a la reina del cabaret de turno y una madrugada partían por la llanura hasta la película siguiente.

Allí vimos todas las películas de chinos, las buenas, las malas; febriles producciones llenas de puños, gritos y brincos inverosímiles, mortales golpes de héroes que derrotaban sin armas a hordas enteras de enemigos quienes en tropel rodeaban al muchacho, el cual en silencio los batía uno a uno, hasta llegar al enemigo principal, a quien invariablemente derrotaba en el sangriento combate final de la película. Era interesante ver como luego de la función salíamos las docenas de niños del teatro voliando pata a lo Tribilín y chillando como condenados en una extraña posesión que nos duraba varios días. Bruce Lee fue un ícono de nuestra generación y sus afiches empapelaban nuestros cuartos mucho antes de que las imágenes de modelos y actrices en cueros o las grandes estrellas del rock lo destronaran de su pedestal

Nunca pudimos olvidar las películas de cantantes. Era emocionante vivir las simplezas de Rocío Durcal, Marisol, Joselito, Angélica María; la superación de Enrique Guzmán que siempre era el muchacho pobre que con sacrificio enfrentaba al destino, los suplicios de Palito Ortega a quien lleno de ritmo y románticas canciones en todas las películas se le moría la mamá, que casi siempre era Libertad Lamarque. ¡Eran una nota! Sabú, Sandro, Leonardo Fabio, Raphael y hasta Julio Iglesias crearon la ilusión de un mundo lleno de canciones y emociones donde el bueno siempre triunfaba y donde todos los problemas se resolvían con música. También pasaban a los mejicanos cantando sus rancheras a grito herido en unos bodrios insufribles y pésimamente dramatizados, pero pegando con mucha fuerza en el gusto popular.

El humor era vital. Por allí desfilaron Viruta, Capulina, Cantinflas, Borolas, Tin Tan, Abott y Costello, Buster Keaton, Chaplin, Los 3 Chiflados y todos los que con gracia nos arrancaban carcajadas. Mirando hacia atrás, hay muchos que hoy no nos provocarían ni una mueca parecida a una sonrisa, pero que en su momento fueron muy graciosos. En especial, hubo varios que nunca volvimos a oír mencionar, como Pili y Mili, Los 3 Supermen, Los Loquitos, Lando Buzanca, Mauricio Garcés. A estas películas íbamos en gallada, y luego nos sentábamos en la esquina a contarnos una y otra vez los tiros, a imitarlos, a sacarles jugo.

Otro estilo que con el tiempo entró en desuso y cayó en un triste olvido, fue el género de los luchadores. Cuántas horas gastamos haciendo fuerza con las aventuras de Santo "El Enmascarado de Plata", Blue Demon, Milmáscaras y varios macancanes mexicanos que se metían en las historias de acción más endiabladas, en unos cuentos todos retorcidos y peor actuados. Crearon una verdadera devoción entre nosotros, teníamos sus afiches, copiábamos el diseño de sus máscaras, coleccionábamos los álbumes de figuritas. El paso del tiempo acabó con ellos. Hoy sólo son un grato recuerdo. Es mejor tenerlas en la memoria, pues es claro que hoy en día no vale la pena ni siquiera intentar verlas.

Era un teatro sano. Rara vez presentaban películas de pornografía. Recuerdo especialmente una, "Las Masajistas", la primera que vi en la vida, a los 8 años, la cual me proporcionó un complejo de culpa que me costó confesión y amenazas de infierno eterno cuando le conté al ingratamente recordado Padre Villegas de la Parroquia. (En una época en que todavía no se desnudaban los vicios de pedofilia y abuso de los prelados de la santa madre iglesia y hablar mal de los curas era un pecado que condenaba irremediablemente al fuego eterno. Satán lo tenga en sus aposentos)

Cuando crecimos, el vacío de cine rojo lo llenó el teatro el Dorado de Envigado, en donde nos dejaban entrar sin pedirnos documentos y donde desfilaron desnudas todas las actrices y los sueños de entonces.

En el Mariscal o "Metropulgas" de nuestros afectos nunca existió la censura; no había ningún criterio de selección de las películas. Invariablemente en el público predominaban los pelados en manadas. Eran ensordecedores los chillidos y silbidos cuando la película se demoraba para empezar, cuando empezaba, cuando se reventaba el rollo, cuando mochaban una escena, cuando el galán besaba a la muchacha o cuando mostraban senos. Era casi un himno cuando en un coro unánime todos gritábamos "-¡Soltá al pelao!"- cuando por alguna falla técnica se interrumpía la película y el pobre proyeccionista pagaba los platos rotos con insultos que infamaban invariablemente a su madre y cuestionaban su hombría. ( A propósito, nunca he terminado de entender por que todos los encargados de las proyecciones en los teatros de barrio, así como los sacristanes de iglesia tienen irredimiblemente fama de homosexuales vergonzantes y muchacheros, y es en todos los barrios). Cuando la luz se apagaba, nos sofocaba el humo que se levantaba en el "gallinero" o parte baja del teatro, más barata y de más mala fama, pues los gañanes prendían los puchos de marihuana y empezaban a tirar objetos, comida, chitos, pedazos de salchichón etc. Las familias o las parejas de novios, o los pelaos sanos, siempre se sentaban en "Platea" en la parte más alta, o en “Balcón”, donde estaban un poco protegidos de los desmanes de atarvanería de los camajanes del gallinero. Era infaltable e irrepetiblemente gracioso cuando en medio del silencio solemne de un duelo de pistoleros, o de un apasionado beso de la pareja de celuloide, un eructo bárbaro, contundente, atronador, rompía la paz, desencadenaba la carcajada histérica del respetable y el consecuente e imparable desorden. Lo mismo cuando el gracioso de turno tiraba una papeleta explosiva en medio de una escena de suspenso que nos crispaba la tensión y los nervios.

Antes de que lo tumbaran para construir un edificio donde ahora figura una entidad bancaria, vimos por última vez "El Mártir del Calvario" con Enrique Rambal, una lacrimosa versión de la Pasión de Cristo. Recuerdo que era en función continua, la daban una y otra vez. Mientras desocupaban el teatro, nos escondíamos en los baños para volverla a ver, para hacerle nuevamente fuerza a Jesús, conservando la esperanza de que en la siguiente versión prevaleciera el bien sobre el mal, pero no, siempre lo crucificaban. Después de 4 o 5 funciones, llegábamos por la noche a la casa, con los ojos hinchados, no sé si de llorar o de ver tanto cine.

En el Mariscal era fácil colarse, pues tenía un vestíbulo muy amplio, en donde era posible turnarse con los amigos para engañar a los porteros. Era muy barata la entrada, casi a la mitad que en los teatros de La América o del Centro. Casi nunca el teatro estaba vacío; por lo que recuerdo, siempre había filas y se veía lleno de gente.

Al Mariscal lo mató el tiempo. Se lo llevó el progreso pues planeación necesitaba el terreno para un ensanche de la calle. Lo mataron los intereses del gran capital. Todos aún lo extrañamos, como en su momento lo lloramos; cuando empezaron a derrumbarlo nos parecía imposible que nuestra fábrica de sueños fuera demolida. Sentíamos que íbamos a quedar vacíos, impotentes ante la desocupación, el tedio y la falta de oficio. El tiempo ha pasado. Cuando lo perdimos valoramos en su real dimensión la importancia de un teatro de barrio. Aún hablamos de él y lo añoramos con nostalgia y gratitud.



Belén y el Teatro Mariscal


"El órgano con que yo he comprendido es el ojo” Goethe.
José Libardo Betancur Pérez


Belén en los años sesenta era todo un pueblo, rodeado de fincas y mangas con ganado vacuno y caballar pastando indiferentes al progreso que se avecinaba. Veíanse aquellas casas con sus abrevaderos, sus corrales, sus gallineros y su olor a leche recién ordeñada. Esos fragmentos pueblerinos se conservarían algún tiempo hasta la llegada irresponsable de los urbanizadores que pusieron el valor de estas tierras por las nubes, constituyéndose en uno de los negocios más espectaculares de esa década en el sector de la finca raíz.

Casonas solariegas de corredores abiertos a la calle, jardines esplendorosos, tiendas y cafetines de mostradores lustrosos y mesas de hierro forjadas al estilo colonial.
El parque, como siempre, ha sido el principal patrimonio urbanístico junto a la Iglesia de Nuestra señora de Belén, con su estilo románico y sus habituales palomas residentes en sus palomares.
La casona más visible y más antigua era –y es- donde funciona la escuela Rosalía Suarez, donde han estudiado casi todas las generaciones de Belemitas.


Casi en la calle treinta 30A con la setenta y seis 76 funcionó el popular teatro Mariscal. Una obra arquitectónica de estilo francés, con una elegante entrada a Luneta y a Palco (con su silletería acolchonada). En la mitad hacia el fondo estaba ubicada galería o el famoso gallinero, dotado de bancas largas de color café, un intenso olor a desinfectante flotaba en el ambiente que era muy soportable media hora antes de la función, por su extraordinaria música ambiental que luego procederíamos a conseguirla. Música italiana, francesa, rapsodias húngaras, Frank Pourcel, Paul Mauriat. Así mismo La Tijuana Brass, Bert Kaempefert…


Antes de describir algunos hechos anecdóticos vamos a dejar constancia de algo fundamental en nuestra vivencia cinematográfica: ¡No existía censura! Siendo la mayoría de edad los 21 años para las películas de adultos-perdón adultas, nosotros aun imberbes ingresábamos por galería y abra bien la boca y ojos que empieza lo bueno.


A mí no me atraía mamar clase para ir a algún lado o a cine, me sentía muy mal y culpado y no gozaba la plenitud de este rato encantador que lo hacía a uno volar con su imaginación.
También sabíamos que había funciones de lunes a domingo en vespertina, matiné y noche. Los lunes era tradicional el doble de películas mexicanas y los miércoles y viernes exhibían ciclos de películas italianas y francesas- la mayoría para mayores de 21 años- y alguna novedad de otros países. No me he podido explicar cómo llegaba cine tan interesante, que no era exhibido en los teatros tradicionales del centro o pasaban por allí esporádicamente.


Fue una oportunidad única que algunos aprovechábamos al máximo. Así fue como aprendimos a educarnos de manera visual y argumenta, reconociendo el valor de un filme o si éste era una desvergonzada lata.


Con los años en tertulias posteriores, intentamos recopilar información acerca de nuestros impactos cinéfilos y cómo nos marcó tal o cual película, ciertos actores-actrices, directores y sus temas musicales.


Hay algo inexplicable, pero ciertos filmes pasajeros, sin gracia alguna y hasta aburridores nos dejaron su huella imperecedera, como si acaso hoy, después de más de cuarenta años, se estuviera proyectando en el teatro Mariscal en este instante de la narración: (en desorden)
→Rocco y sus hermanos con la espectacular Claudia Cardinale, Dir Visconti-Blanco y Negro.
→La Muchacha de la Valija, Visconti. Claudia Cardinale B y N.
→Veracruz: Gary Cooper.
→El Circo: Tony Curtis / Burt Lancaster.
→El Circo: Charles Chaplin
→Abajo el telón: Cantinflas.
→Zabriskie Point: Antonioni.
→El bebé de Rosmary: Polanski
→El Padrino: Coppola / Nino Rota.
→Lo que el viento se llevó: Clark Gable / Vivien Leigth
→Taras Bulba : Jules Brayner.
• Películas de Jean Gabin – Alain Delon – Charles Bronson.
• El Mundo está Loco-loco-loco.
• Películas de Tintan, Resortes, Pedro Infante y Jorge Negrete.
• La Fiesta Inolvidable – Pantera Rosa: Peter Sellers.
• Carmen de la Ronda: Sarita Montiel
• Películas de Gardel.
• La Dulce Vita: Sofía Loren.
• El Extranjero: Camus – Mastroniani.
• Psicosis / vértigo / la ventana Indiscreta Hitchcock.

Un vistazo memorístico que no cubriría toda la filmografía de tantos años en una muestra desordenada no más para dar a entender de qué manera nos conectamos con el 7° arte.


El sector del teatro llamada galería era en ciertos días, como el lunes y en los estrenos espectaculares, un antro de desorden y abierta vocinglería, en donde se fumaba con tanta intensidad que parecía como si la pantalla flotara en una especie de nube gris y sofocante. Los olores era fétidos y se lanzaban colillas, frutas de mango y mamoncillo a diestra y siniestra sin perdonar pinta.


El perfume penetrante de la marihuana se filtraba por los asientos y transmitía ciertos efectos trastornadores que obnubilaban la mente y sensibilizaban ojos y oídos. Si por si acaso la película era erótica, no faltaba el depravado al acecho junto o detrás de la banca o con los ojos desorbitados en los orinales cerca al telón.


Gritar y gritar duro era una especial cualidad para reclamar ante un tijeretazo a la película, una parada intempestiva del rodaje o una descarada flatulencia en un momento sublime iluminado sobre el telón. Era necesario protestar, no pagábamos pues por eso!


Los De La torre, Lorenzo y Andrés cogieron fama y la sostuvieron con su voz de pecho al estilo de los mejores barítonos y tenores operáticos, Octavio hijueputa soltalo. Refiriéndose al irascible Don Octavio el eternísimo administrador del teatro. ¡Ladrones hijueputas, devolvenos la plata!



Los que sueñan de día son conscientes de muchas cosas que escapan a los que sueñan solo de noche”
Edgar Allan Poe.

coda:

Los Gladiadores
Primero fue en cine, en el teatro Mariscal, en los dobles mejicanos de los lunes vespertina y noche. Las series estremecedoras de El Santo, el Enmascarado de Plata. Que luchaba dentro y fuera del ring como adalid de la Justicia.
Algunos adversarios en el ring también usaban máscaras totales de cabeza y rostro, de la cual eran despojados cuando eran vencidos, era el caso de El Águila Negra, Frankestein, La Momia, The Blue Demon, La Araña, El Payaso, en fin una hilera de héroes y malvados que hacían estremecer a los espectadores, que como en las corridas de toros, van ocultando su sed de violencia y de sangre.
Luego olfateando la creciente afición por la lucha libre, se montó un campeonato en el Coliseo cubierto y se disparó la moda con máscaras y todo, trayendo como consecuencia el aumento en la demanda de atención ortopédica, oftalmológica, neurológica, odontológica y urológica.
La fiebre alcanzó con mayor efervescencia al Liceo San Rafael que contaba coincidenciamente con gladiadores propios en sexto bachillerato. Gigantones que aprovecharon su dotación física innata para montar sus propios espectáculos, surgiendo imitadores decididos como Carecrimen, Kol-Kana y el Gorila Arango.
De la noche a la mañana el parquecito de los Villegas fue convertido en un coliseo al aire y noche libre, armando verdaderos combates, innovando llaves maestras, golpes bajos, torcidas de cabeza, apretón de testículos a traición, mordeduras salvajes en las nalgas, apagamientos de ojos, sofocos por estrangulamientos, esguinces y patadas de despedida.
Famoso fue en esos improvisados torneos la patada voladora del Gorila Arango, que casi deja trompón a Kol-Kana de por vida, produciéndole un hematoma sanguinolento como el hígado de un marrano con hepatitis.
No recordamos si la moda de los Gladiadores continuó, el caso es que KolKana pasó su incapacidad en Aranjuez. Se dedicaría a otro tipo de lucha, pero con trompadas morales.

Otra Coda: Hablando de los teatros de barrio, casi todos desaparecidos, recomendamos esta crónica:

http://www.periodicoelpulso.com/html/0910oct/cultural/cultural.htm