martes, 15 de octubre de 2013

ALÁ EN LA CASA DE AL LADO

En la edición de septiembre del periódico UNIVERSO CENTRO  se publicó una crónica que tiene que ver con el BARRIO BELÉNEn tierra de católicos, una pequeña comunidad de 300 musulmanes profesa su devota sumisión a la voluntad de Alá.


El autor es Alfonso Buitrago Londoño. Le acompañan fotografías de Raúl Soto y es extraído de la página : http://www.universocentro.com/NUMERO49/Alaenlacasadeallado.aspx


En un tranquilo barrio de Medellín de nombre bíblico, en un sector cuyo nombre recuerda el reino donde terminó el ciclo de la presencia árabe en la península ibérica, tiene lugar un incipiente capítulo de la presencia del islam en el Nuevo Mundo. En tierra de católicos, una pequeña comunidad de 300 musulmanes profesa su devota sumisión a la voluntad de Alá.

Si uno los visita en julio y en los primeros días de agosto parecen concentrados, serios, pero amables y humildes. Las mujeres llevan la cabeza cubierta y usan vestidos largos y anchos llamados hijab, unos negros, otros grises, algunos morados. Llegan en grupos de dos o tres, en taxi o caminando. En el trayecto un paseante desprevenido le habrá pedido a alguna de ellas una bendición, o algún otro, atrevido, le habrá preguntado si es la mujer de Osama Bin Laden; o un taxista le habrá dicho a otra si iba a participar en una obra de teatro.

Los hombres llegan en motos, en carros particulares o a pie. Algunos pocos cubren sus cabezas con una tela a manera de turbante (kufiyya) y llevan túnica, pero casi todos parecen simples cristianos. A la mayoría nadie les habrá preguntado nada. Los hombres no tocan a las mujeres, no las saludan de mano ni las besan, y apenas les dirigen la mirada. Ellas se agrupan, se besan y se saludan: "assalamu aleikum" (que la paz sea contigo). Ellos se besan, se abrazan y se saludan: "assalamu aleikum". Los grupos conversan entre sí como si fueran los únicos en el universo del barrio.

El lugar de encuentro es una casa de dos pisos en el barrio Belén Granada. En la fachada, encima de la puerta del balcón, hay un aviso que dice Centro Cultural Islámico. El primer piso es un garaje donde se reúnen las mujeres. Las oraciones se rezan en el segundo piso, que todavía parece una casa de familia: la sala da al balcón y a un corredor que conduce a tres habitaciones, un baño, un comedor, la cocina y el patio. El piso de la sala, el corredor y la cocina está cubierto por un tapete verde decorado con figuras de columnas y arcos.

Dos de las habitaciones, a la derecha del corredor, se usan para reuniones y como albergue para los musulmanes que vienen del extranjero a difundir el islam –este año, una comitiva de musulmanes indonesios pasó con ellos el ramadán–. La habitación de la izquierda es el cuarto de oración de las mujeres, que no se mezclan con los hombres para rezar. En el patio, a nivel del piso, hay una poceta alargada con varias canillas donde los fieles se lavan los pies, las manos y la cara antes de rezar.

A la 1:00 p.m. un joven flaco de barba abundante, vestido con túnica y kufiyya blancos, saca la cabeza por el balcón y empieza el canto de llamado a la oración (adan): "allahu akbar, allahu akbar, allahu akbar, allahu akbar (Dios es grande) / ashadu an la ilaha illa-llah, ashadu an la ilaha illa-llah (Doy fe de que no hay más dios que Dios)". El canto, desgarrado y armonioso a la vez, pone en funcionamiento el engranaje del islam en Medellín.

Los creyentes se apresuran a entrar, se descalzan y dejan los zapatos en una estantería, al lado del balcón; algunos terminan de lavarse en el patio. En la cocina, Nader Shayet, un chef sirio que vive en Medellín hace un cuarto de siglo, le da vuelta a un estofado que tiene en el fogón. Las mujeres en su cuarto y los hombres en la sala y el corredor se van acomodando en filas, como soldados en formación, mirando hacia el oriente –hacia La Meca–. Dejan suficiente espacio entre unos y otros para arrodillarse y apoyar la frente en la alfombra. Ahmed Dazuki, libanés, un comerciante de telas jubilado que llegó al país hace 45 años, acomoda un micrófono frente a su ejército. Es el imam, el encargado de dirigir la oración y dar los sermones.

Faltan pocos días para el final del ramadán, el mes que los musulmanes dedican al ayuno. La oración de los viernes es la más importante y la más concurrida. Asisten entre treinta y cuarenta hombres, y entre cinco y diez mujeres. Aunque todavía no saben qué día exactamente celebrarán el final del ayuno (Eid al-Fitr), pues depende de las fases de la luna, son conscientes de que si han cumplido con los mandatos del Corán cada día estarán más cerca de Dios.
***
Desde el balcón a uno le parece que el barrio se cubre de un halo religioso. Al frente hay una edificación de ladrillo, algo morisca, que parece un convento, aunque en realidad es el colegio San Juan Bosco. Un viernes cualquiera un carro lleno de monjas se detiene al frente de la casa. Las religiosas miran a los hombres que hay en la entrada, y una de ella les dice que no estacionen en la acera y siguen su camino. Otro día, en sentido contrario, pasa un carretillero sin camisa, con costales, cartones y un perro, como un vagabundo en procesión, que mira hacia el balcón y grita:
—¡Assalamu aleikum!
Abdul Haq, uno de los fundadores de la comunidad, lo mira, sonríe y levanta la mano.
—¡Aleikum assalamu!
Abdul es un negro con cuerpo de atleta antillano y expresión tranquila. Nació en Trinidad y Tobago hace 49 años, en el seno de una familia cristiana, pero hace veintinueve se convirtió al islam. Hace diecinueve años se vino a hacer negocios a Colombia, en Bogotá conoció a su esposa, y hace quince se vinieron para Medellín.
—Mis amigos de Bogotá me decían que aquí no había musulmanes; sin embargo, al ver una ciudad tan próspera lo dudé.
Tardó tres meses en encontrar al primero, por pura casualidad. Era un comerciante libanés que tenía una tienda en El Poblado. Pasaba por ahí y escuchó un acento que le pareció extraño. Le preguntó a una señora si el hombre que hablaba era europeo, y ella le dijo que era del Líbano. Entonces tuvo un presentimiento.—Yo sabía que en el Líbano había cristianos, entonces le pregunté a qué religión pertenecía.
Alhamdulillah (gracias a Dios) soy musulmán.
Abdul lloró. Desde su conversión no había dejado de ir a una mezquita por tanto tiempo, y creyó que a través de este hermano musulmán encontraría una. No se imaginaba que en su propia casa se darían los primeros pasos para fundar una comunidad. Intercambiaron teléfonos. Los fines de semana el libanés lo invitaba a una finca en El Retiro donde familiares y conocidos árabes se reunían a compartir y a rezar, pero no había mezquita, ni siquiera unamusala o casa de oración.
—Aproveché esas reuniones para decirles que teníamos que buscar un sitio para orar, alquilar un garaje, alguna cosa.
Un antioqueño convertido al islam, quien cambió su nombre por Abdul Karim, casado con una de las árabes que iba a la finca, le dijo que lo apoyaba.
Abdul Haq decidió prestar el garaje de su casa en el barrio San Germán, y empezó a orar los viernes al mediodía con su esposa y sus tres hijos. Abdul Karim iba cada semana, y así, in sha'a Allah (Dios mediante), se reunían entre diez y quince musulmanes. A partir de entonces, hace catorce años, se establecieron en Medellín las oraciones de los viernes a las 1:00 p.m.
Hoy Abdul Haq tiene su propia empresa de vidrios polarizados, y sueña con tener una agencia de viajes para traer musulmanes a la ciudad. El islam es la religión más numerosa del mundo. Lo practican más de mil 300 millones de personas, y después de los ataques del 11 de septiembre ha tenido un gran auge.
—No todo el mundo cree que somos terroristas. La gente llega porque quiere saber más de lo que dicen los medios de comunicación.
***
Ahmed Dazuki llegó a Colombia como muchos árabes.
—Porque migrar es nuestra naturaleza, y porque tenía unos parientes acá.
Ahmed es de baja estatura y piel oscura, viste camisa a cuadros, pantalón de dril y zapatos de cuero. En Medellín conoció a su esposa y tuvo a sus cinco hijos. Ella es católica, y en su casa hay libertad de culto. No es común que un hombre musulmán se case con una mujer de otra religión sin que ella se convierta. La mayoría de mujeres musulmanas antioqueñas se convirtieron por vía de sus esposos, jefes indiscutibles del hogar. Que alguno de los miembros de la pareja sea de otra religión es prácticamente imposible en un país musulmán, pero encuentra una rara posibilidad donde sus practicantes son minoría.
Ahmed convive en casa con una tradición diferente, pero su prioridad afuera es mantener viva la llama del islam en tierras del Sagrado Corazón. Además de comerciar con telas, también dio clases de árabe en la Universidad de Antioquia. Hoy dedica gran parte de su tiempo a estudiar el Corán y servir de guía espiritual a sus hermanos musulmanes.
Con tono y paciencia de profesor, en un español pausado y claro, explica que el islam es una de las tres religiones monoteístas.
—Tenemos las mismas raíces del cristianismo y el judaísmo, y el mismo padre, que es Alá. El islam es la tercera y última religión revelada. Para nosotros todas las religiones son musulmanas porque el islam busca la unicidad de Dios. Todas derivan del islam, que quiere decir sumisión a la voluntad de Dios. Islam es paz, disciplina y orden, características de un verdadero musulmán. El Corán es la revelación máxima, la palabra de Dios; es la constitución, el código y la regla del islam. Todos los musulmanes tenemos que seguir lo queAllah subhanahu wa ta'ala (Dios alabado y glorificado) nos mandó a decir en el sagrado Corán.

La comunidad de Medellín se formalizó hace nueve años. Aunque la mayoría son conversos antioqueños, también cobija a sirios, turcos, tunecinos, libaneses, paquistaníes, indios, iraníes, entre otras diecisiete nacionalidades.
—El islam no reconoce fronteras, no tiene nacionalidad. Todos somos iguales. Damos gracias a Dios por la acogida que hemos tenido en Medellín, donde estamos creciendo porque es la religión verdadera de Dios, de la misericordia, de la hermandad. Todos los días llega gente nueva —dice Ahmed.
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Ramadán es el nombre del noveno mes del calendario lunar musulmán, dedicado a cumplir el ayuno (sawn), el cuarto pilar fundamental del islam. El período de este año se cumplió entre el 9 de julio y el 8 de agosto. Es el mes más especial del año para los musulmanes, durante el cual acumulan bendiciones y preparan cuerpo y espíritu para las dificultades y tentaciones por venir. Está lleno de privaciones, pero también de intensa fe y regocijo.

El ramadán consiste en no comer, no beber, no fumar; cuidar lo que se dice y lo que se oye; no tener relaciones sexuales; y practicar la caridad desde antes de que salga el sol (faxer) hasta que se ponga. Iguala a ricos y pobres en el hambre, y fortalece los sentimientos de identidad y pertenencia a una comunidad. Están obligados a ayunar los musulmanes mayores de edad en uso de razón; se exime a niños, dementes, enfermos, ancianos débiles, viajeros y mujeres en período menstrual, embarazadas o en dieta postparto.
En cada país, y según las estaciones, cambia la hora de inicio del ayuno. En Medellín, el ayunante se levanta a las 4:30 a.m. para comer algo y hacer la primera oración del día, y no vuelve a probar bocado hasta las 6:20 p.m. Durante casi catorce horas, in shaa'a Allah, luchará contra la soberbia, la envidia y los malos pensamientos, controlará las demandas de su ego y evitará las tentaciones de los ojos, la boca y los oídos. Después, sin salirse del cauce piadoso, puede complacer las necesidades y placeres de su humanidad hasta el amanecer del día siguiente.
Fotografías: Raúl Soto

En la comunidad de Medellín hay musulmanes de nacimiento que se han pasado media vida ayunando, y nuevos conversos que apenas descubren el deleite místico de la abstinencia. Una de las mujeres más experimentadas es Beatriz Higuita, una joven de 28 años que ha vivido y estudiado en Turquía, Egipto y Francia, de donde regresó hace poco. Es bajita, lleva puesto un hijab negro egipcio que enmarca su rostro blanco y sus ojos grandes y verdes. Pareciera que su figura estuviera escondida en la oscuridad y un reflector iluminara la trasparencia de esos ojos ayunantes.
—Ser musulmana en Colombia no es fácil. Yo decidí ponerme el velo cuando estaba en la Universidad de Antioquia. Era la única entre miles de estudiantes, en un ambiente donde se habla del conocimiento y de la razón como si se tuviera que eliminar lo espiritual. Al taparnos el pelo la gente piensa que tenemos una enfermedad y que somos de cualquier país árabe, pero es una oportunidad de explicar que un musulmán es una persona que practica el islam y no necesariamente es árabe.
Criada en una familia cristiana, conoció el islam después de una crisis de fe, cuando estudiaba una licenciatura. En el islam –cuyo reino sí es de este mundo (dunia), a diferencia del de Jesús–, encontró respuestas y decidió convertirse.
—El islam no niega la ciencia y obliga a los musulmanes a buscar el conocimiento —dice.
Al principio, las familias de las mujeres antioqueñas convertidas sufren al ver el camino que han escogido sus hijas. No pueden entender que se tengan que cubrir el pelo, que no puedan mostrar su figura, que aguanten hambre; pero con el tiempo terminan acostumbrándose, y hasta cambian algunas de sus costumbres.
Las mamás se dan cuenta de que sus hijas no se mueren por dejar de comer unas horas, y los papás ven con buenos ojos que se cubran hasta el cuello.
—En mi casa ya no se come cerdo — dice Beatriz—. Y entienden que aguantar hambre y sed es algo secundario. Dejamos de comer y beber para trabajar el ego, esa parte de nosotros que siempre quiere estar satisfecha. El ramadán es paciencia: debilitamos el cuerpo para fortalecer el espíritu. Uno debe cambiar verdaderamente. Este es mi octavo ramadán, y me alegra haber encontrado nuevas hermanas musulmanas muy emocionadas por su primer ayuno.
Fotografías: Raúl Soto
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En el Centro Cultural Islámico todos los días del ramadán Nader cocina para quienes quieran ir a romper el ayuno. Alrededor de las 6:00 p.m. empiezan a llegar algunos creyentes. Se lavan, conversan, miran sus relojes. En la cocina, Nader mueve platos, llena vasos con limonada, revuelve una sopa especiada con curry y picantes. Un hermano pasa repartiendo dátiles. Un olor dulce y aromatizado se esparce por la casa, que ya parece un restaurante árabe. Se oyen conversaciones en árabe, en urdu, en inglés. El joven flaco de barba larga y túnica blanca camina apresurado hacia el balcón. Saca la cabeza y canta: "allahu akbar…". Los musulmanes beben y comen dátiles, hacen una oración y después comen sopa, arroz, carne y ensalada. Algunos lo hacen con la mano, a la manera del profeta Muhammad. Comen con emoción, chupándose los dedos, hasta el último grano de arroz.

El último día del ayuno toda la comunidad se reunió en la casa. La oración empezaba a las 8:00 a.m., y ese jueves 8 de agosto llovió sin parar desde la madrugada. Las mujeres se pusieron sus hijab más vistosos y los hombres sus mejores trajes. Cada uno llevaba algo de comer para compartir con sus hermanos de fe. La casa estaba llena. Un frasco de loción pasaba de mano en mano.
A la hora indicada Ahmed inició la ceremonia con un sermón. Agradeció a Alá por haber traído la lluvia y felicitó a los verdaderos musulmanes que habían cumplido con el ayuno. Les dijo que se sentía orgulloso de la comunidad. Habló durante media hora en árabe y en español, y después dirigió la oración colectiva. Los fieles cerraban los ojos y se esforzaban por poner la frente contra la alfombra de la forma más piadosa posible.
Al final, los hombres se abrazaron y se besaron entre ellos y las mujeres hicieron lo mismo, con devoción, celebrando un final y un comienzo. Abrieron sus viandas y compartieron buñuelos bañados en miel, batidos de crema y postres con hojaldre. En la casa hacía calor, se sentía la hermandad de los penitentes victoriosos, había sonrisas y conversaciones animadas. Todos querían probar lo que habían traído sus hermanos. En la calle, bajo la lluvia, el universo del barrio seguía como si fuera un día cualquiera. UC




viernes, 20 de septiembre de 2013

EL REINADO DE LA AREPA

EL REINADO DE LA AREPA


ORLANDO RAMÍREZ-CASAS (ORCASAS)

No nací allí, pero llegué al barrio Belén Altavista, parte baja, en los años sesenta.  Tiempos eran esos en que para llegar a Manzanillo y La Capilla se bajaba por La Gloria hasta la 76 y se caminaba derecho hasta Belén Rincón.  Desde Las Margaritas, en cercanías del Club de Caza y Tiro Diana para adelante, sólo había mangas y algunas pocas, pocas, casas viejas.  Belén Rincón era una sola calle serpeante, o por lo menos eso me parecía en los alrededores de Tres Esquinas.  No existían la Avenida Ochenta, la Clínica Las Américas, el Cementerio de Campos de Paz, ni La Motta; y la Loma de los Bernal era una finca desde el Colegio de la Inmaculada hasta los Tejares de Buenavista.  El Club el Rodeo tenía acceso desde Cristo Rey en Guayabal por una vía destapada o sin pavimentar que se adentraba entre la pista sur del Aeropuerto Olaya Herrera y la fábrica de Codiscos.  Yo era un adolescente que mis padres consideraban niño pero me creía hombre; y no era ni lo uno ni lo otro.  Había perdido mi puesto de mensajero y me juntaba con otros desempleados para andar las calles. Nos decían vagos.  “Vagos, no –aclarábamos–.  Somos estudiantes y trabajadores en receso”.  El diablillo que habita en la conciencia me impelía para que les propusiera hacer alguna cosa y no quedarnos ahí en la esquina, sentados, sin hacer nada.  El ángel de la guarda me azuzaba para que buscara trabajo:

         Hacelo por la vieja, salite de la barra, no ves lo que te espera si continuás así…[i] –me cantaba al oído.

Era una tarde de jueves en que todo el mundo parecía haberse ido a trabajar, menos nosotros. 

         El día está bonito.  ¿Por qué no nos vamos después de almuerzo a bañarnos en los charcos de Belén Rincón?

         Listo, vamos.

Eramos cinco.  Cuatro muchachos sanos y un fumador de marihuana que tosía espectralmente.

         Tengo una amiga que nos acompaña a los charcos –dijo Vareto–.

La amiga dejó los estudios a mediobachillerato, y se dedicó a los oficios de la casa.  Espera a que la mamá se acueste a la siesta del medio día para ir a la esquina y darse “un toquecito en la cabeza”.  Aceptó ir con nosotros a bailar, a bañarnos, y “pa´las que sea”.  Llegamos los cinco, con ella, a Tres Esquinas; pero Belén Rincón estaba amodorrado sesteando el almuerzo y no se veía a nadie por las calles cintileantes del calor.  Las casas de tejas de barro y paredes desvencijadas, como si fueran a desplomarse, algunas, sobre la calle.  Ventanas arrodilladas y puertas de madera a la antigua, con cerradura de ojo grande como las que abrían las llaves de San Pedro.  Aldabones para tocar la puerta, de modo que escucharan las señoras que estaban asando arepas en la cocina, bien al fondo.  El sol crujía y el sudor nos caía a chorros.  Encontramos una cantina con dos puertas cerradas y una a medioabrir “para que el sol pase de largo y no se nos entre”, y pedimos seis cervezas bien heladas.  Se oyó un chirrido cuando el trago amargo y refrescante bajó por las gargantas.  Pusimos unos pesos en el tragamonedas y la chica, que bailaba como un trompo, bailó con todos… menos conmigo, por no saber bailar.  Después nos fuimos al primer charco de la quebrada La Guayabala que estaba ocupado por un señor lavando un camión en la parte más baja; unas señoras, que lavaban ropa con las piernas en el agua, la falda atrapada entre las rodillas, y las manos ocupadas en golpear la mugre contra las piedras; ocupaban el del medio.  Subimos otro poco hasta encontrar un charco disponible para nosotros solos.  La chica puso su minifalda y su suéter de botones sobre una piedra, y se bañó con una blusa que, al mojarse, se veía transparente y dejaba traslucir los senos y los únicos calzones que llevaba.  Cargaba una bolsa plástica para no tener que meterlos húmedos a la mochila y mojar los cigarrillos.  Nadaba bien y probó a saltar desde una piedra, jugando luego a tirarse agua con todos… menos conmigo, por no saber nadar.  Vareto se ofreció para jabonarla, pero ella dijo déjeme que yo puedo sola.  Luego salió a tomar el sol y a fumarse un vareto de marihuana.  Nos le apartamos todos… menos Vareto, porque era el único al que no le molestaba el olor del humo dulzón.  Entonces llegó el momento de “pa´las que sea”, pero ella no quiso sino con el monito de ojos claros… el único que le gustaba pa eso.  Nos conformamos con pararnos en el camino a escuchar jadeos y a mirar si venía algún extraño, “pa´campanialo”.  Al lado teníamos el tocadiscos que “la novia de todos” había llevado para oír long plays o discos de larga duración.  Era una de esas grabadoras inmensas que, para cargarlas, precisaban el hombro de un nazareno.  Funcionaba con cuatro pilas de taco, que el aparato devoraba mientras sonaban los discos de un solo lado.  Había que reemplazarlas al voltear el long play.

         Campaniame bien hermano, y no pretendas engrupirme… –sonaba el tango que nos consolaba de los fracasos.

No hubo inconvenientes.  La grabadora fue y volvió y corrió el mismo peligro que hubiera podido correr la virginidad de nuestra acompañante, o sea ninguno.

Días después volvimos a Belén Rincón, pero sin llevar a esa vieja porque no es sino calentadora, dijimos.  “A mí no me parece, dejen la envidia”, dijo el monito de ojos claros.  “Quédese usted con ella, que nosotros nos vamos solos”.  No pasamos de Las Margaritas.  Venía un desfile con las candidatas al “Reinado de la Arepa”.  En el resto de la ciudad, la época de las pilanderas había quedado atrás; y la de asar las arepas en callana y fogón de leña, también.  Pero no había llegado aún la Arepa-Harina ni las arepas precocidas de supermercado, y todavía se asaban arepas en la estufa eléctrica del hogar. Belén Rincón se había convertido en el paraíso de las arepas para surtir los restaurantes y negocios de las plazas de mercado, y de allí salían de todas clases: blancas, amarillas, redondas, delgadas, tamaño grande, mediano, pequeño.  Los pequeños molinos marca Corona, Victoria o Universal, de manivela manual, habían dado paso a las poleas con motor eléctrico que despachaban cargas de maíz en poco tiempo.  Ahora la producción era industrial y, en un país que se da el lujo de tener reinas de todo (de belleza, del bambuco, del folclor, del maíz, del café, de la papa, de la panela), no podía faltar la reina de la arepa.  Apareció el desfile por la 76 con unas cinco o seis carrozas acondicionadas  en coches de caballo.  Los séquitos adornados con sombreros tapados con los capachos de las mazorcas, los cuellos adornados con collares de arepas.  Las carrozas mostrando mazorcas de todas clases: verdes, amarillas, abiertas, sin abrir, con penachos rubios y sin ellos.  Adelante uno de los que desafiaban al cielo con cohetes voladores cuyo estallido anunciaba que había que estar atentos a la caída del palo.  Atrás, otro cohetero contestando los desafíos.  Los músicos caminando a su alrededor y, sobresaliendo entre todos, el de la tuba.  Pilas de muchachos por los lados haciendo barra.  Alguna carroza con un molino de mano que la candidata vestida de campesina aparentaba accionar durante el recorrido.  La imitación de un fogón simulado con cubiertas de celofán anaranjado parecía crepitar, cimbreando como el fuego.  En la callana, una arepa humeante que la cubría hasta los bordes y parecía ser capaz de dar de comer a cuatro o cinco bocas hambrientas.

         Ya sé quién gana –dijo el monito de los ojos claros que había resuelto acompañarnos sin la chica.

         ¿Quién?

         Esa que lleva la arepa más grande y menos quemada.

El desfile siguió rumbo al parque de Belén, pero nosotros no quisimos seguir porque de seguro había mucha gente rondando por los charcos.  Regresamos a casa con el rabo entre las piernas y aullando el tango que nos gustaba:

         …Salite de la barra, ¿No ves lo que te espera si continuás así?




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[i]               Hacelo por la vieja.  Tango con letra de Carlos Viván y música de Rodolfo Schiamarella.

domingo, 8 de abril de 2012

Crónicas de Belén y otras variaciones

Crónicas de Belén y otras variaciones

El 17 de Julio de 2011 el periodista Reynaldo Spitaletta grabó una entrevista con el médico y escritor Emilio Alberto Restrepo Baena hablando del barrio Belén, ambientando una serie de situaciones y personajes bajo una óptica literaria. El programa se transmitió por Radio Bolivariana (FM 92.4 Mhz) y tuvo una amplia difusión, generando gran cantidad de comentarios y reacciones favorables, a propósito del libro ALGUNAS COSAS NUESTRAS (Crónicas de Belén), editado por el Municipio de Medellín. A continuación el enlace de la entrevista completa.

TAMBIÉN SE PUEDE ESCUCHAR EN ESTE  link:

http://emiliorestrepo.blogspot.com/search/label/cr%C3%B3nica%20urbana

domingo, 31 de julio de 2011

CRONICAS DE BELEN: José Libardo Betancur Pérez

ENCUENTROS CERCANOS
DE CUALQUIER TIPO

Colaboración de José Libardo Betancur Pérez

Vida, obras y milagros de la Barra del barrio Belén-Rosales, sus instintos y sus destinos.


SELECCION DE CRONICAS
“Seré verídico para que no me crean” Tomas Carrasquilla (Hace tiempos)



Liceo San Rafael:
Una flor y puñales para Mascar
“Solo escribo lo que he padecido en cada centímetro de mi cuerpo”. Antonin Artaud.
En el salón de clases de Don Julio Obando se hallaba una puerta junto al tablero herméticamente cerrada y que constituía un misterio insondable para nuestras mentes inquietas, De esa entrada a ninguna parte emanaba una energía intrigante, toda vez que el Liceo era una edificación tan antigua como el Barrio Belén y tenía la apariencia casi tétrica de un recinto conventual, de seminario pueblerino venido a menos. El correo de las brujas ya nos había comunicado la intrigante noticia de que dentro de esos muros húmedos funcionaba un internado. Y en los internados pasaban cosas, eran los presidios académicos para los rebeldes sin causa y para el desencarte de campesinos avispados que sacaban las uñas y esquilmaban a su papá finquero.
También eran internados aquellos mancebos proclives a los afeites femeninos y al arrastre de extrañas plumas en los gallineros de pueblos o barrios de la ciudad. De seguro, también temerosos del poder divino o ansiosos de la habilidad clerical para convertir no ostias en la carne del señor, sino en óvulos de oro de 24 kilates.
He ahí pues parte del misterio escolar, parcialmente resuelto al recibir el soplo de los chismosos habituales que le quitaban la honra hasta la mismísima mamá del clérigo Duque.
Cuando Don Julio dijo que salía y se demoraba, responsabilizando a Betancur del dibujo en el tablero del Presidente Guillermo León Valencia con su nariz ganchuda, sus labios carnosos de concupiscente y su mandíbula de mayoral, para que todos lo copiaran en el cuaderno de historia y lo dejaran con Leo Marín al sonar la campana, Machaquito miró a Sardinero, Sardinero miró a Carecrímen y Carecrímen miró a Kol Kana, decidiendo en un segundo abrir la puerta embrujada.
Ernesto Pérez no había hecho pre-escolar, cuando esto eran kínderes de garaje escribiendo a duras penas palabras con la caligrafía de un niño de cuatro años con parálisis cerebral. Torpe por naturaleza, dañaba lo que cogía y sus dedos estaban con los uñeros en carne viva por ser masticados con gustosa violencia por sus gastados dientes gatunos.
Paradójicamente era un delicado orfebre, aprendiz de joyero en sus horas ociosas dedicadas a ayudar al papá., y un cerrajero por vocación.
En un abrir y cerrar de ojos, mientras Perro o Romeo Gaviria hacia su oficio de guardián-campanero, la puerta fantasmagórica se abrió y vaya sorpresa! Era una vieja alacena con cubiertos mil como para un batallón y como nuevos.
Hermanos encaletemos cuchillos que lo otro es pura güevonada. Dele aquí, dele por aquí, en las medias, en los calzoncillos, en las maletas, envueltos en busos y en las pretinas, así tuviésemos que caminar como varillas. A la casa de machaquito.
En la terraza de la casa de los Pérez estaba un completo taller de joyería con toda la instrumentación necesaria y varios empleados. Cautelosamente se cuidaba una considerable fortuna en oro y piedras preciosas. Se fabricaban anillos, cadenas y adornos especiales por encargo. Se montaban y desmontaban esmeraldas, diamantes, zafiros, perlas, etc.
Machaquito sacó el torno y casi que ordenó, Vamos a hacer puñaletas con esos putos cuchillos. Nada que envidiarle a la daga de Kadir el Arabe, ni a los puñales de los Borgia, ni al puñal sevillano del pasodoble argentino. Marcado cada uno con sus iníciales y B.R.M (Barra-Rosales-Muerte).
Se había prendido la Feria de las Flores y esa noche en el Estadio estaban las casetas con sus orquestas y pistas de Baile. Vamos pa’ el estadio. Alisten puñales. Nunca nos hemos podido explicar cómo en una de las fiestas más sangrientas de Medellín (se prohibió la feria por varios años), no nos pasó nada ni a nadie por nuestra culpa. No sería la primera ni la última salvada.


Un Disparo En la Sombra
"… Poniendo una letra detrás de otra,… es la única manera que se ha inventado de escribir”
García Márquez.


Luz Mila era la doméstica que laboraba en la casa de los Gaviria, trabajando desde que empezaba a clarear la mañana. Desde el desayuno Luchi por aquí, Luchi por allá. Margarita desde el baño Luchi, Luchi. Doña Aura Luchi, todos los retoños Gaviria Luchi!!
Luchi, mamada con los requerimientos de semejante tropa de buenas vidas, tan enamorados de sus piyamas que querían vivir con esa vestimenta siempre, sin lavarlas y sin asolearlas. A media noche. Toc. Toc. Toc. Luchita-Luchita, hagamos cochita! Bernardo Gaviria Carecrímen, aún imberbe buscando cambiar el sabor lácteo de la leche materna, por otro sabor más generoso de un pezón moreno penetrante de pachulí.
Ya habíamos notado a Carecrímen más carechupado que nunca y más lerdo, dormido, echado, lento e incumplido que siempre. Los más atrevidos como Juaco Alzate y su lenguaje de alcantarilla manifestaba que seguro estaba mojando mecha.
El sábado por la tarde Bernardo me invitó a su casa. Estaba toda la familia en una finca y Luchita estaba cuidando la casa. Temblor, emoción. La mente a mil. Fue la primera vez que filmé, en la mente, mi primera película por si gráfica. Un escenario único, la pieza del servicio de los Gaviria, personaje-estrella Luz Mila-no sé-qué- Personaje invitado por primera vez al programa, Kol-Kana y su patrocinador. Qué desgaste!
Luz Mila se emputeció y trancó la pieza con una varilla de hierro y amenazó desde adentro con darnos un garrotazo a cada uno par de maricones. Debajo de la almohada de
Don Jaime Gaviria había un bello revólver Colt Caballo 38, corto. Y yo me enamoré de él. Fue amor a primera vista y como no existía tanto pudor, ni era arisco, lo tomé muerto del susto y me lo embolsillé. Inicié entonces otra película en mi imaginación, iba a ejecutar un homicidio, para hacerme respetar y quedar bien con las chicas que no me alzaban a ver.
Nos gustaban los licores de sabores raros. Aparecía dinero mágicamente y crema de café, o crema de menta, o vino, o sabajón, o ginebra, o vodka, o champagne. Entre ese combo de sedientos, nos tocaba de a gotas y bueno, pásmese. Y cigarrillos, uno para todos y no tosás, no jodás. No falta el degenerado en potencia, con ideas descabelladas; Hermano, una copa de aguardiente con sal y lo emborracha a uno de una.
Eso hice. Pero no uno, sino varios ensalados. Heladería 5 y 6, más o menos ocho de la noche. Llena de parejas de coca-colos. Carecrímen me agarra, saco el revólver, le apunto a Joaco y le pego a Machaquito. Oh, oh no, escándalo en la familia. Tomá el aparato Bernardo que me pierdo.
Llegan los amigos “más sanos” de la Barra y donde Doña Juanita, liderados por el Gordo H.P Rincón y Raúl Saldarriaga, a contar el desastre. Juanita los trasquiló diciéndoles que uno no tenía obligación sino de morirse. Y yo, debajo de la cama.
Ese tiro, o esos tiros, disparos en la noche bulliciosa fueron un bautizo de fuego para esa patota improvisada, que solo hacía bulla, se auto-denunciaba a la policía y era dichosa burlándose mutuamente unos a otros. Era violenta de gruñidos y puñales escurridizos y que la manera más dramática de luchar era La Lucha libre vista en el coliseo cubierto y ejercida en la manga de la chéfora o en el parquecito de los Villegas.
Adquirió fama la barra peligrosa, Kol-Kana de pistolero, Carecrímen de lo que parecía y Machaquito de sobreviviente de un ajuste de cuentas. Creamos fama y nos sentamos en ella. Si Kol Kana intentaba sacar un corta uñas, se cerraba la Heladería, se ajustaban puertas y ventanas, repiqueteaban las campanas de la capilla y Rosales quedaba en toque de queda.
Había pues que sostener la caña, entonces se citó a un bonche abierto a la Barra de Los Almendros Lugar, bazar Parroquia Jesús de la Buena Esperanza. Hora 3 de la tarde, día domingo. A ver hijueputas saquen su gallo!

Belén y el Teatro Mariscal "El órgano con que yo he comprendido es el ojo” Goethe.


Belén en los años sesenta era todo un pueblo, rodeado de fincas y mangas con ganado vacuno y caballar pastando indiferentes al progreso que se avecinaba. Veíanse aquellas casas con sus abrevaderos, sus corrales, sus gallineros y su olor a leche recién ordeñada. Esos fragmentos pueblerinos se conservarían algún tiempo hasta la llegada irresponsable de los urbanizadores que pusieron el valor de estas tierras por las nubes, constituyéndose en uno de los negocios más espectaculares de esa década en el sector de la finca raíz.

Casonas solariegas de corredores abiertos a la calle, jardines esplendorosos, tiendas y cafetines de mostradores lustrosos y mesas de hierro forjadas al estilo colonial.
El parque, como siempre, ha sido el principal patrimonio urbanístico junto a la Iglesia de Nuestra señora de Belén, con su estilo románico y sus habituales palomas residentes en sus palomares.
La casona más visible y más antigua era –y es- donde funciona la escuela Rosalía Suarez, donde han estudiado casi todas las generaciones de Belemitas.
Casi en la calle treinta 30A con la setenta y seis 76 funcionó el popular teatro Mariscal. Una obra arquitectónica de estilo francés, con una elegante entrada a Luneta y a Palco (con su silletería acolchonada). En la mitad hacia el fondo estaba ubicada galería o el famoso gallinero, dotado de bancas largas de color café, un intenso olor a desinfectante flotaba en el ambiente que era muy soportable media hora antes de la función, por su extraordinaria música ambiental que luego procederíamos a conseguirla. Música italiana, francesa, rapsodias húngaras, Frank Pourcel, Paul Mauriat. Así mismo La Tijuana Brass, Bert Kaempefert…
Antes de describir algunos hechos anecdóticos vamos a dejar constancia de algo fundamental en nuestra vivencia cinematográfica: ¡No existía censura! Siendo la mayoría de edad los 21 años para las películas de adultos-perdón adultas, nosotros aun imberbes ingresábamos por galería y abra bien la boca y ojos que empieza lo bueno.
A mí no me atraía mamar clase para ir a algún lado o a cine, me sentía muy mal y culpado y no gozaba la plenitud de este rato encantador que lo hacía a uno volar con su imaginación.
También sabíamos que había funciones de lunes a domingo en vespertina, matiné y noche. Los lunes era tradicional el doble de películas mexicanas y los miércoles y viernes exhibían ciclos de películas italianas y francesas- la mayoría para mayores de 21 años- y alguna novedad de otros países. No me he podido explicar cómo llegaba cine tan interesante, que no era exhibido en los teatros tradicionales del centro o pasaban por allí esporádicamente.
Fue una oportunidad única que algunos aprovechábamos al máximo. Así fue como aprendimos a educarnos de manera visual y argumenta, reconociendo el valor de un filme o si éste era una desvergonzada lata.
Con los años en tertulias posteriores, intentamos recopilar información acerca de nuestros impactos cinéfilos y cómo nos marcó tal o cual película, ciertos actores-actrices, directores y sus temas musicales.
Hay algo inexplicable, pero ciertos filmes pasajeros, sin gracia alguna y hasta aburridores nos dejaron su huella imperecedera, como si acaso hoy, después de más de cuarenta años, se estuviera proyectando en el teatro Mariscal en este instante de la narración: (en desorden)
→Rocco y sus hermanos con la espectacular Claudia Cardinale, Dir Visconti-Blanco y Negro.
→La Muchacha de la Valija, Visconti. Claudia Cardinale B y N.
→Veracruz: Gary Cooper.
→El Circo: Tony Curtis / Burt Lancaster.
→El Circo: Charles Chaplin
→Abajo el telón: Cantinflas.
→Zabriskie Point: Antonioni.
→El bebé de Rosmary: Polanski
→El Padrino: Coppola / Nino Rota.
→Lo que el viento se llevó: Clark Gable / Vivien Leigth
→Taras Bulba : Jules Brayner.
• Películas de Jean Gabin – Alain Delon – Charles Bronson.
• El Mundo está Loco-loco-loco.
• Películas de Tintan, Resortes, Pedro Infante y Jorge Negrete.
• La Fiesta Inolvidable – Pantera Rosa: Peter Sellers.
• Carmen de la Ronda: Sarita Montiel
• Películas de Gardel.
• La Dulce Vita: Sofía Loren.
• El Extranjero: Camus – Mastroniani.
• Psicosis / vértigo / la ventana Indiscreta Hitchcock.

Un vistazo memorístico que no cubriría toda la filmografía de tantos años en una muestra desordenada no más para dar a entender de qué manera nos conectamos con el 7° arte.
El sector del teatro llamada galería era en ciertos días, como el lunes y en los estrenos espectaculares, un antro de desorden y abierta vocinglería, en donde se fumaba con tanta intensidad que parecía como si la pantalla flotara en una especie de nube gris y sofocante. Los olores era fétidos y se lanzaban colillas, frutas de mango y mamoncillo a diestra y siniestra sin perdonar pinta.
El perfume penetrante de la marihuana se filtraba por los asientos y transmitía ciertos efectos trastornadores que obnubilaban la mente y sensibilizaban ojos y oídos. Si por si acaso la película era erótica, no faltaba el depravado al acecho junto o detrás de la banca o con los ojos desorbitados en los orinales cerca al telón.
Gritar y gritar duro era una especial cualidad para reclamar ante un tijeretazo a la película, una parada intempestiva del rodaje o una descarada flatulencia en un momento sublime iluminado sobre el telón. Era necesario protestar, no pagábamos pues por eso!
Los De La torre, Lorenzo y Andrés cogieron fama y la sostuvieron con su voz de pecho al estilo de los mejores barítonos y tenores operáticos, Octavio hijueputa soltalo. Refiriéndose al irascible Don Octavio el eternísimo administrador del teatro. ¡Ladrones hijueputas, devolvenos la plata!
Los que sueñan de día son conscientes de muchas cosas que escapan a los que sueñan solo de noche”
Edgar Allan Poe.


Tato Vásquez:

El indomable Tato tenía el rostro impenetrable de un marino solitario con faz tallada por la brisa salina del mar, con una mirada que parecía estar insultando a todo el mundo. Era ya un verdadero proyecto vivo de un camaján, de camiseta sin cuello y mocasines-apaches-sin medias.
Básicamente era tahúr y futbolista de armas tomar, gritón, peleador y enemigo de los árbitros. Le daba muy duro al balón y a los jugadores contrarios. Se ufanaba ante el público cuando metía un gol, desafiando a la hinchada del otro equipo. Jugaba también póker todos los días por la tarde siendo experto en la magia del azar camuflado de cartas ocultas. Siempre pelaba a todo el mundo, añadiéndole la consabida ofensa y burla a los según marranos del turno.
No lo hacía mal en el billar haciendo malabares con el taco y las bolas para ganar chico tras chico y salir triunfante.
Tato tenía puños de acero y por lo tanto era el voluntario número uno para enfrentarse a cualquier otra patota. Empezaba el bonche y orientaba los ataques, rápidos, certeros, con estrategias calculadas para retirarse a tiempo.
Estaba en el sanedrín por derecho propio, quién se iba a atrever a no dejarlo entrar, si él era metido por naturaleza, criticón y con un carisma de matón. Por eso y por lo ya descrito le temíamos y evitábamos confrontarnos con su habitual agresividad y sus sátiras verbales. No era de Rosales, era de esas extrañas importaciones proletarias del barrio Granada debido a su conexión con el fútbol y los juegos de azar.



Javier
La marca de El Fantasma
Fue sin duda alguna, Tato Vásquez quien en un juego pactado de póker en el parquecito de los Villegas, cuando en un momento culminante ya tensos ante la posibilidad de perder sus pasajes, el mecato del día, la mesada del fin de semana y hasta la cuota del club de Flamingo, se detalló en el semblante cadavérico y sudoroso de Javier Pérez y exclamó, Te ves como una calavera y rompiéndose el hechizo del juego, se liaron a golpes mientras las cartas volaban por el aire como mariposas de colores.
Jamás Javier se quitaría ese apodo de care esquelético, ayudado por sus facciones de flacura extrema y sus ojos ocultos dentro de sus órbitas. En su vida, al contrario, no sería jamás ni hijo calavera, ni ciudadano calavera.
Hermano de Alonso-Chupa, el polo opuesto, eran fruto de una familia venida a menos alejada de la fortuna paterna de mejores tiempos y estaba emparentada con los Pérez de Rosales.
Aspirante al Sanedrín por sus méritos de criticón y engreído, sería un punto aparte desde que iniciara un eterno noviazgo con una de las Villas , de las familias de más estirpe rancia de un barrio con pretensiones aristocráticas.
Su destino, mucho tiempo exitoso, culminaría con la ironía más trágica de su vida: Que de verdad era una calavera.

Los Gladiadores

Primero fue en cine, en el teatro Mariscal, en los dobles mejicanos de los lunes vespertina y noche. Las series estremecedoras de El Santo, el Enmascarado de Plata. Que luchaba dentro y fuera del ring como adalid de la Justicia.
Algunos adversarios en el ring también usaban máscaras totales de cabeza y rostro, de la cual eran despojados cuando eran vencidos, era el caso de El Águila Negra, Frankestein, La Momia, The Blue Demon, La Araña, El Payaso, en fin una hilera de héroes y malvados que hacían estremecer a los espectadores, que como en las corridas de toros, van ocultando su sed de violencia y de sangre.
Luego olfateando la creciente afición por la lucha libre, se montó un campeonato en el Coliseo cubierto y se disparó la moda con máscaras y todo, trayendo como consecuencia el aumento en la demanda de atención ortopédica, oftalmológica, neurológica, odontológica y urológica.
La fiebre alcanzó con mayor efervescencia al Liceo San Rafael que contaba coincidenciamente con gladiadores propios en sexto bachillerato. Gigantones que aprovecharon su dotación física innata para montar sus propios espectáculos, surgiendo imitadores decididos como Carecrimen, Kol-Kana y el Gorila Arango.
De la noche a la mañana el parquecito de los Villegas fue convertido en un coliseo al aire y noche libre, armando verdaderos combates, innovando llaves maestras, golpes bajos, torcidas de cabeza, apretón de testículos a traición, mordeduras salvajes en las nalgas, apagamientos de ojos, sofocos por estrangulamientos, esguinces y patadas de despedida.
Famoso fue en esos improvisados torneos la patada voladora del Gorila Arango, que casi deja trompón a Kol-Kana de por vida, produciéndole un hematoma sanguinolento como el hígado de un marrano con hepatitis.
No recordamos si la moda de los Gladiadores continuó, el caso es que KolKana pasó su incapacidad en Aranjuez. Se dedicaría a otro tipo de lucha, pero con trompadas morales.

Fair Play Y GRAN ESCAPE

Si no dejamos la lucha, la lucha libre acabaría con nosotros para satisfacción de las cabezas visibles del conglomerado Rosalindo. Ya mejorado de las lesiones en todo el cuerpo y con los yesos de brazos y piernas llenos de firmas y con una costra de mugre superior al grosor primario del yeso, nos dedicamos a leer las revistas de Vea Deportes para enterarnos del ambiente candente que vivía el fútbol, ante la llegada de jugadores extraordinarios de otros países, en especial de la Argentina para los conjuntos del Medellín y del Nacional.
Como el campeonato estaba color de hormiga, todos al estadio, todos al estadio. No escuchastes. Todos al estadio. Nos convertimos en hinchas furibundos y cada uno compró un balón. Empezaría la goma más ardiente y desesperante, pero una medicina eficaz contra el virus de la lobería y un antídoto formidable para la paz.
Se jugaba en todas partes:
En el parquecito abajo donde Gafitas, en el de los Villegas, en la manga Chéfora, en la manga El Maracaná de La Alameda, en la Unidad Deportiva, en el Estadio, en la calle, en el garaje, en la mente y en los juegos de futbolín.
Se fueron pactando desafíos inocentes, partiditos sin árbitro y sin reglas, con piedras como porterías, sin tiempo límite, solo goles –a los veinte terminamos-, hágale pues. Hacíamos picaditos desde la mañana hasta que la noche oscurecía rostros y porterías.
Teniendo un interés común, fueron llegando foráneos a exhibir sus destrezas belonpedicas, a intercambiar opiniones, revistas, láminas y posibles marcadores del fútbol rentado. Sin darnos casi cuenta los jugadores comenzaron a visitarnos más asiduamente, ya sin balones y sin pantalonetas, pero con una expresión en el rostro ya muy afín a nosotros, además de futbolistas, eran… ¡lobos!
Fue entonces cuando…

¡¡Llegas a los Villegas!!
In memoriam de Omar Orestes Corbatta
Don Daniel Villegas tenía su estudio en el segundo piso de su casa, desde donde ejercía su profesión de contador y asesor financiero de importantes empresas de la ciudad. Su escritorio era un precioso mueble antiguo de pura caoba. Enorme y cómodo con libros y documentos colocados organizadamente, cada papel u objeto en su lugar. A lado derecho, en su extremo, se destacaba una estatuilla del líder del conservatismo más controvertido de toda la historia: Laureano Gómez. Vaciado en bronce y en un tono oscuro, inspiraba tanto temor como si fuese del tamaño de toda la oficina.
Don Daniel era un godo fanático y recalcitrante, amante del azul de su estilógrafo, de su corbata de tono índigo, del cielo azuloso, de la sangre azul monárquica y del azul íntegro del Directorio Conservador de Antioquia.
Muy cerca a sus inmensos libros de contabilidad, mantenía una agenda-Diario, donde anotaba las ocurrencias del diario vivir y los sucesos más trascendentales del Barrio Rosales en el que él creía que lideraba desde su aposento, extendiendo su dedo índice y su lengua, tan larga, que comulgaba desde allí y no siempre en ayunas.
En ese libraco-anecdotario tenía escrita una lista con su firma y precisa letra de contador, detallando con nombres propios y sus respectivos milagros a los apaches que alteraban la convivencia Rosaleña. La lista empezaba con los de La Torre y culminaba con Kol Kana.
Si alguien, por esos días, le hubiese murmurado al oído a la chitacallando que próximamente el negrito maluco de Kol Kana sería casi parte de su familia, habría padecido una trombosis grado seis, es decir, habría muerto congestionado y de color azulado.Nada de esto ocurrió, por una razón profundamente deportiva: el negrito José alias Kol-Kana era hincha del Deportivo Independiente Medellín y era amigo-según decía o cañaba él- de Omar Orestes Corbatta, de Perfecto Rodríguez y de José María Ramaciotti. Coleccionista de tangos, cuenta chistes y en el parquecito comenzó a jugar con sus hijos –las niñas de sus ojos- Memo y Beto. ¡Hasta simpático el negrito! ¡Invítelo a comer!


Primero fue el caos…Huellas anarquistas

Tedio, eso era lo que se sentía ya atardeciendo o en algunas noches brumosas y oscuras, sin ganas de hablar, y los bolsillos vacíos. Masticando briznas de hierba, pateando algún tarro y rumiando todo lo soez que se pudiera pronunciar.
Ningún baile para dañar. Ninguna familia intentaba alguna fiesta porque se exponía a que les movieran los carros a los invitados, les chuzaran las llantas o les rayaran la carrocería, si estaban de buenas, porque si tenían mala suerte el carro podía aparecer en la manga Chéfora o en la canalización de la quebrada La Picacha. No era esto suficiente, Bernardo Carecrímen era experto en colocar voladores debajo de la puerta o pedos químicos que aromatizaban por algunos días varias cuadras alrededor.
Tan delicada era la situación que la Barra de San Joaquín que tenía hasta uniforme caqui y se robó un show en el radio noticiero Clarín por sus desmanes, fue invitada adrede a un baile en Rosales. Veremos que pasó:
En la casa de las Pérez, otras Pérez, ¡hombre! Se realizaría un baile de graduación. La noche estaba sumida en un silencio sospechoso y no se veía, como dicen, un alma, ni un fantasma desocupado. El celador con un ayudante vigilaban carros, motos y motonetas.
Se escuchaba como desde muy lejos la música de los Golden Boys, los Teen Agers, César Costa, Enrique Guzmán y de unos mechudos que llamaban las escobas que cantan y que descrestaban oídos y corazones, se auto nominaban, The Beatles.
Se fue la luz.
Como siempre tan confiados, no aparecieron linternas y velas.
Se rieron, se tropezaron, se rieron nuevamente. Primero se sintió un intenso olor a amoniaco, luego fueron sintiendo escozor en los ojos acompañado de un lagrimeo incontenible. Algún avispado experimentado se caló que algo raro estaba sucediendo y gritó alarmado que mojaran con agua los pañuelos (tan solo había dos baños, para más de treinta personas), y se formó un pandemonio de sálvese quien pueda. En ese instante fue cuando estallaron los totes y ay sí, cundió el terror.
Adentro todo era oscuridad, llanto obligado, confusión y… sofoco en medio de una misteriosa neblina que los hacía toser y blasfemar. Sin remedio tenían que salir al aire fresco. Ya estaban prevenidos y muy convencidos de que algunos atacantes estaban camuflados en la oscuridad y que habían hecho estallar gases lacrimógenos en el mismo instante del apagón.
Los más templados de San Joaquín salieron y exploraron con linternas alrededor y nada. No se percibía ningún peligro inminente, ni ninguna amenaza cercana. Ante esta situación llamaron a la gente, invitándola a que estuvieran afuera y se liberaran de los molestos efectos lacrimógenos al aire libre.
No habían transcurrido diez minutos cuando empezó una lluvia de algo que les golpeaba, sin herir, pero que causaba algo raro en el rostro, en el pelo y en las elegantes ropas de las damas: Era boñiga.
Ya no había terror, ni confusión, solo una rabia infinita y acabándose los buenos modales todo el mundo gritó al unísono. Son los hijueputas de la barra de Rosales. Sintiendo que a diez metros de allí huían un par de sombras muertas de la risa, salieron tras de ellas.


Jairo el estratega

Jairo Arango fue un loco soportable desde niño, un verdadero animal superior, de una inteligencia desconcertante. Bajo de estatura, atlético, rubio de ojos verdes, pero con facciones bruscas como
de un campesino ruso. Simpático y gozón con sus amigos, con sus enemigos se convertía en un León furioso dispuesto a devorarlos huesito por huesito. Para no olvidarnos, era un entusiasta del Jazz y un estratega natural, tanto que haría historia en los motines del Liceo Antioqueño y de la Universidad de Antioquia. Era un anarquista por vocación y devoción y un centro delantero demoledor dentro y fuera de la cancha.
Él y su tutor Poe Mejía prepararon el golpe que hemos estado describiendo, con detalles minuciosos, que iban desde vestirse de negro y pintarse la cara con betún, conseguir los gases lacrimógenos con un soldado sin cinco, suspender la luz eléctrica dañando un transformador con ácido, comprar una libra de totes y armar el ataque final en una operación que se llamó “la batalla de Palo Negro”
Continuemos la historieta…
La luz no llegaba. Tampoco la Postobón. Es un chiste viejo, adaptando el nombre de la Lux, la otra marca de gaseosas. Ya había transcurrido más de un rato y no aparecían ni perseguidores, ni perseguidos. Ya todos los otrora felices festejantes se mostraban acongojados. Pasaban simultáneamente de la tristeza a la rabia, de la rabia a la desesperación, de la desesperación a la angustia, no encontraban solución alguna, solo esperaban que llegara la luz y tomar las de Villadiego.
Llamaron a la Policía, les describieron los hechos y les respondieron que ya estaban cansados de atender llamadas de emergencia de Rosales para luego ir y a pasar por pendejos. Ya sabemos cómo son esos mariquitas y algún día los vamos a coger para llevarlos al preventorio. Culicagaos, jódanse ya les habíamos advertido que no más fiestas en Rosales.
Otros tres veteranos del grupo juvenil visitante tomaron sus linternas y salieron a averiguar qué había sido de sus compañeros. Como en la calle no vislumbraron nada, fueron al parquecito de donde Jaime Gafitas, escucharon unos gemidos y vieron entonces los cuerpos encostalados de sus amigos y un letrero: ¡la próxima vez los capamos!


El circo Maltica

La Manga Chéfora era un rezago de finca con sus correspondientes vacas Holstein y el reguero de boñiga esparcido entre el pastizal. Era un lugar obligado, para elevar cometas, lanzar jabalinas, jugar escondidijo o guerra, luchar cuerpo a cuerpo, machacar enemigos, tirar piedras de noche a la Heladería Los Alcázares, jugar torneos relámpagos de fútbol, hacer groserías de pipi cogido y hacer comelonas en medio de fogatas veraniegas
Allí se instaló el famoso circo Maltica patrocinado por Cervunión), tenía un atractivo: te daban una maltica o una clarita- cerveza pequeña- por boleta.
Fuimos varias veces la patota completa para degustar las claritas y para extasiarnos con una trapecista que nos ponía a babearnos y a sentir corrientazos en el sentadero. La moda era la lucha libre y el circo no era ajeno a ello.
Masámbula se enfrentaría a Blue Demon y prometía quitarle su máscara azul en menos que canta un gallo. El ambiente era tenso en demasía y no se veía la hora de este enfrentamiento, no parándole bolas a trapecistas, malabaristas, perros amaestrados, contorsionistas, magos y payasos.
Lo más selecto de la infancia, pre-adolescencia y adolescencia estaba presente en las graderías. Soltó Blue Demon al improvisado ring y fue recibido con una estruendosa ovación por chicos y chicas.
Redoblaron los tambores, se apagó la luz, chillidos y gritería y se prendieron los reflectores de luces de colores y surgió en medio de una espesa neblina, el aterrador Masámbula. Un morenazo gigantesco y corpulento, melenudo, con la cara pintada como un indígena guerrero. Sin respetar árbitro, ni esperar la presentación protocolaria de esta esquina tal… y en la otra pascual, se le abalanzó al desprevenido Blue, lo levantó en el aire y lo lanzó a luneta.
Antes que Blue Demon se recobrara de la sorpresa, Masámbula sacó una bolsita donde tenía un limón partido y sal y se dedicó como un salvaje oftalmólogo, a curarle una pretendida conjuntivitis en los ojos de Blue.
Estremecidos por el horror de este salvajismo, Kol Kana, Care crímen y el Gorila Arango, que estaban a metro y medio de la escena sádica, levantaron sus sillas y arremetieron contra Masámbula. Se prendieron las luces, aumentó la gritería, entró la policía y se armó una descomunal bronca en donde intervinieron hasta los payasos y la mujer barbuda.
Ignorábamos en ese entonces que habíamos dañado la engañosa comedia de los tradicionales farsantes de la Lucha libre. A los días Masámbula saldría en la página roja del periódico Sucesos Sensacionales, por haber sido detenido en un escándalo prostibulario en el sector El Fundungo de la zona de la tolerancia de Lovaina ahí mismito cerquita al cementerio de San Pedro.
A las 1:38 minutos de esa tarde el mundo se conmovió: Había sido asesinado en Dallas (Texas) John F. Kennedy el carismático presidente de EE.UU. No se sabría si por luchador o qué.
Volvamos a los rastros de otros rostros…


¡¡El Aficionado a Todo!!
Rodrigo Díaz de Vivar.
El Cid Campeador- de la manga Chéfora pues- del Ducado Rosaleño.

Merece un capítulo aparte.
Súper sano, de costumbres ostrogodas. Casi camandulero. Atlético con un rostro bien esculpido por sus genes hispánicos, seguramente de estirpe vasca. Alegre, transparente y aficionado a todo. Fue el líder indiscutible en las gomas de las tradicionales temporadas lúdicas.
Aunque con la mano izquierda semi-deforme de fragmentos de dedos mal curados, que parecía haber sido mutilados por una máquina de moler maíz, tenía una fantástica motricidad fina para diseñar, hacer, rehacer y poner en funcionamiento todo tipo de artificios, juguetes y artefactos funcionales para entretener ocios vacacionales o sostener competencias creativas y gimnásticas.
Parecía estar alcanzado de tiempo a toda hora, por eso, no caminaba: trotaba, lento o a toda. Que yo sepa nunca caminó como todo el mundo, casi desfilando en pasarela, sino con una carrerita corta como tal vez caminaban los incas.
No fue de ninguna barra. Compartía con quieres era necesario intercambiar alguna experiencia constructiva para obtener mutuos beneficios en lo recreativo y personal.
Su gran ventaja, además de sus habilidades artesanales, era su brillante dotación física y mental para el fútbol, que lo practicaba con sin igual fantasía, expresando un perfil propio de un crack. Sin mermar su talento, se manifestaba de igual manera para otros deportes, incluyendo el cerebral ajedrez.
Pirinola, trompos, cometas, bolas de cristal, globos, patinetas artesanales, carritos de rodillos y, en fin, todo lo que sirviera para recrearse, era fabricado o utilizado por este émulo del legendario héroe español el Cid Campeador.
Cuando se convirtió en un mito de niños y jóvenes la serie de T.V Guillermo Tell, Rodrigo diseñó una original ballesta que funcionaba a la perfección, imitando al arma del personaje de la pantalla chica.
Música y cultura se respiraba en su casa. Para empezar, las paredes del garaje estaban totalmente pintadas con vistosas copias de murales egipcios.
Kol Kana le ayudó para hacerse a una cabeza de tigre que él disecó con maestría para ser exhibida junto a su extraña colección de objetos y su curiosa disposición de todo tipo de rarezas indígenas y restos arqueológicos, animales e insectos disecados y originales utensilios y juguetes artesanales.
Los fines de semana, en las escalas de su casa, se sentaban su hermana Beatriz, algunos amigos y él, para cantar y tocar con destreza la guitarra y el acordeón Honer de tamaño profesional. Memorables fueron esas tertulias por ser un maravilloso ejemplo del buen vivir.
El fue pues un héroe lúdico de un barrio de anti-héroes: nosotros. Jamás pudimos entender que ser normales y disciplinados como Rodrigo Díaz, significaba más que salud física y mental, una admirable disposición espiritual para aprovechar con gratitud el talento que Dios le había obsequiado sin esperar recompensas.
Rodrigo merecerá un Busto en el ombligo de Rosales: El parquecito de los Villegas.
“Un buen retrato es una biografía pintada”
Anatole France.


DESES-PEREZ de los PEREZ

A Ernesto le quedaba muy grande su cachaco Everfit, precisamente porque no era un vestido de los que diseñaban en Everfit y vendían por cuotas tipo club en Almacenes Flamingo. Éste, confeccionado con los mismos paños indulana de Everfit, para Ernesto Machaquito Pérez, era muy elegante, oscuro de rayas rojas y un exquisito chaleco tipo inglés.
Solo había una diferencia notable: El vestido que se estaba midiendo estaba relleno hasta los botones, de la mejor marihuana de la Sierra Nevada de Santa Marta, tan prensada que se confundía con el paño.
La musaraña de los Pérez había comenzado como un negocio más, dándose cuenta que se obtenían más dólares con la hierba en una semana, que en un año comerciando con joyería.

Otros lares con y con solares

Alameda es un bello nombre que evoca paisajes bucólicos, agrestes, verdosos y extensos, poblados de álamos y de otros árboles floridos dentro de un marcocampestre pleno de efluvios naturales, al lado cantarino de arroyuelos y en compañía de olores diáfanos de tierra y yerbales húmedos. Una alameda sin pájaros no es una Alameda, es un paisaje sordo de musicalidad. Así que la alameda cobra vida por los trinos gozosos de decenas de variedades de pajarillos posados en las frondosas ramas de los árboles y arbustos asentados en el entorno paisajístico.
La Manga de la Alameda era quizás la más extensa de las zonas aledañas a Belén y conservaba casi en el centro una vieja casona campesina, habitada por labriegos y expertos vaqueros, que ignorando el mal llamado progreso, laboraban de tal manera, que estaban estancados en la década de principios de siglo XX
Pescar renacuajos nos apasionaba en esos primeros años, cuando alrededor de Rosales, se extendían vastos semi-bosques, con laberintos de follajes, cañaduzales, arroyuelos, senderos y curiosos insectos y animales, ya temerosos instintivamente del futuro que les esperaba.
Sorprendía, a cualquier visitante que recorría la avenida Bolivariana, el gigantesco y añejoso árbol de algarrobo que se divisaba a lo lejos junto a una inmensa casa de techos café-verduscos, con sus corrales repletos de vacas, terneros y cerdos.
Hacía allí nos íbamos lo más temprano que pudiéramos, para sentir el disfrute de la leche con quesito y panela negra. Había mucho que ver y degustar, pero nosotros nos íbamos a la quebrada del algarrobo a pescar renacuajos. Eso lo sabríamos después, porque estábamos convencidos de que eran pintorescas truchas. Llenábamos los baldes y nos encaminábamos a la casa con nuestra muestra de flora acuática. A los tres días no había un solo renacuajo vivo.
Una mañana en medio de un ruido ensordecedor llegaron las máquinas. Empezaba la urbanización de La Alameda.
¡Vea y así que no hay plata en este pueblo!!
Con justificada razón.
La urbanización Alameda es un conjunto de residencias y edificios de apartamentos construidos con todo el lujo y el refinamiento posible. Su diseño consideró con gran sentido estético las zonas verdes y fue –y es- muy digno representante de su nombre.
Barrio sin granero no es barrio, más si el barrio es popular. Si es en una zona residencial, debe asumirse el estilo de vida de sus moradores y sus consumos ocasionales, creando un ambiente acogedor tal, en donde se compre y se sienta bien. Hasta ofreciendo una sutil y deliciosa degustación o el tinto que nunca hace mal ¿No es cierto?
Así surgió La Rotonda. No granero, no. Una charcutería-Heladería-revueltería y Cueva de refugio de una manada de lobos que venía en las noches de luna llena a aullar lastimeramente y a olfatearse entre ellos mismos para protegerse del frío que produce la soledad. No era una casa. Era una esquina. No era una cueva, era el salón mercantil de la LA ROTONDAN’S CLUB. ¡¡Visitémosla!
Don Jesús era fiel a la tradición de los tenderos, que se resume en muchas máximas y aforismos populares: si tienes tienda, que el dueño la atienda. Si tienes mal genio no te metas a tendero. Agregaríamos, si no sabes aritmética y calcular a mil mentalmente con porcentajes para todo, no te metas a tendero y, mucho menos, a un barrio de estrato medio burgués. Porque nada hay más intrigante que la tacañería en minucias de quienes han escalado y escaldado sus rodillas, subiendo las escaleras del edificio social. Nadie más cositero y más mala paga. Está comprobado: se vende más y se mueve mucho mejor la cartera morosa en un barrio popular que en una charcutería en Laureles, Rosales o en… la Alameda.
Entonces Don Jesús tuvo muy bien merecido su remoquete de la Máquina Usurera, basada en un principio de la filosofía bancaria Antioqueña: No pongás tu interés en el dinero, pero pon tu dinero a interés.


Incursiones y Confusiones.
Bernardo- MALO:
Juntos pero no revueltos estos Bernardos de Rosales. Éste tildado de MALO, obedecía a su temperamento alevoso cruel y libidinoso.
Le conocimos cuando era casi un niño. Con unos cejones que parecían gusanos negros y peludos repasando en su frente abovedada, como dando sombra a unos ojillos irritados y maliciosos. No crecería mucho, tal vez lo suficiente para sujetar un físico grueso y altanero. Le encantaba estar untado de grasa y reparando un carro, una moto o una bicicleta. Jamás de los jamases un artefacto doméstico.
Socialmente es inexplicable que una familia casi aristocrática y rezandera por sumisión, haya engendrado un ser dueño de tantos defectos de carácter, que no es que lo avergonzaban, sino que le producían un jocoso placer. Ya crecidito el muchacho y consecuente del prestigio de la barra a la cual iba a pertenecer, tomó el teléfono público de la misma Rotonda, marcó y casi desde el frente del mostrador, saludó por la bocina ¿Don Jesús? Sí ¿Qué desea? Nada… ¡viejo hijueputa!
Fue su bautizo de ingreso y la simbólica y telefónica inauguración de LA ROTONDAN’S CLUB.
No estaría solo en su vileza. Llegarían algunos cómplices para explotar ese anti-talento perverso y darle la bomba para mejorar su autoestima maleva.
De pronto había un plan tan gracioso que se revolcaban en el pradito manguita del club. Nadie se percataba de qué diablos pasaba ahí.
Un sábado por la tarde, con mucho agite socio-comercial en el negocio-club, fueron sucediendo una serie de hechos inexplicables:
- Llegaron varios ramos de Floristería Kennedy.
- Tres carros de tax Belén.
- Dos avisos funerarios y una carroza fúnebre.
- Domicilios de cuatro farmacias.
- Una patrulla, una ambulancia y un carro del anfiteatro para levantar un supuesto cadáver.
- El padre Valencia para una misa de aniversario.
- Del aeropuerto por una encomienda.
En coro: ¿Usted es Don Jesús? Sí, pero yo no llamé a nadie. Entonces qué vamos a hacer, Jódanse y coman mierda.
Autor: Bernardo MALO.
Compinches: luego los citaremos.
Bernardo gozaba, no seamos injustos, de una cualidad muy apreciada y justificada en la barra: odiaba a las mujeres. Con toda la intensidad y se derretía por un Efebo gracioso, lampiño, de culito rosado recién despañalizado y con olor a talco Johnson. Esos gustos tan especiales lo convertirían en un cucarra de respeto. Porque era seductor pero bravo. Más ordinario que un olor a pecueca en una noche de bodas.
Legendarios fueron los tropeles, enredos, malos negocios y pasiones turbulentas. El tiempo cobraría caro.


PERFIL DEL AUTOR:
José Libardo Betancur Pérez-josébetancourth
Medellín 1950
Licenciado Facultad de Educación U de M. Estudios: Literatura – Francés – Periodismo U de A y U P B. Realiza actualmente cursos de extensión en Psicoanálisis en la Facultad de Ciencias Humanas de la
U de A, departamento de Psicoanálisis.
Experiencia docente y directivo-docente en la Universidad Pontificia Bolivariana, Seminario Salvatoriano, Escuela Rémington de Comercio ( Vicer-rector), Universidad San Buenaventura (Facultad de Educación)y en el Colegio Santa Bertilla Boscardín como Rector.
En espera de mecenas e inversionistas con ideales o algún espontáneo patrocinador de proyectos originales e innovadores de la cultura, se hallan en el tintero pre-editorial:

· Folleto Didáctico de inducción al Desarrollo del pensamiento Creativo..
· Huellas: Ensayo Autobiográfico o Memorias amnésicas.
· Confieso Que He Bebido, vivido y… resucitado. Crónicas reflexivas.
· Episodios De la Primera Dimensión: Historia novelada de la trágica epopeya urbana de la Familia Betancur Pérez: Narración multibiográfica.
· Encuentros Cercanos De cualquier Tipo: La otra Historia- Crónicas Autobiográficas de la tristemente célebre Barra del Barrio- Belén-Rosales, en las alucinantes décadas de los años 60 y 70, episodios que estremecieron la cultura urbana de la Bella Villa.
· El Padrino de Guayaco: Relato surrealista de revelaciones truculentas y mágicas de submundo paisa.
· La Cosa Nostra, Pues. Novela basada en el aprestamiento delincuencial en el Kinder Cartel barrial de norte a sur, durante la escolaridad hampesca de las décadas de las décadas de los 60 y 70.
· Yo, Educastrador, me confieso. ( 7 volúmenes) Crónicas y ensayos críticos, basados en las vivencias tragicómicas como discípulo y pedagogo dentro del absurdo y surreal sistema educativo colombiano.
· Ensayo sobre la lucidez… del $alario mínimo estelar…e ilegal colombiano. Crónica paranormal de vigencia muy, pero muy hiperreal.
· Colección de relatos y crónicas sobre la ciudad de Medellín y artículos críticos sobre las amargas contradicciones sociales.
· Crónicas Pedagógicas. La melancólica visión de un maestro jubilado auto desplazado del tétrico mundillo académico...
· FM Abril AM. La Bailarina de las zapatillas de cristal. Homenaje a las discípulas que aprendieron a defender su fantasía a pesar de la mediocridad de un aprendizaje impuesto.
· Amada amante. La otra historia tras los prostíbulos de Medallo.
· Comentarios literarios en la página Web Lecturalia.
· Diseño de Guías de apoyo didáctico para video conversatorios: Con base en películas con trascendencia socio humanística y psicológica.